jueves, 11 de abril de 2013

Si el tiempo no pasara


Si el tiempo no pasara, es decir, si nos hubiéramos quedado anclados a aquellos días que vinieron después de nuestro después, tal vez yo seguiría odiando el odio, retando a la vida a que me viniera a buscar a la salida para pegarme con ella. Pero el tiempo pasa, cada vez más rápido, cada vez sin hacer menos pausas, sin vacaciones ni fines de semana largos. El tiempo ha cogido la inercia de la gran bola de nieve ladera abajo que nos engulle y nos arrastra.

Y ya te había olvidado. No puedo decir que haya sido fácil porque coincidieron varias cosas al mismo tiempo, mi vida se llenó de problemas, de esos a los que la gran bola de nieve no se lleva lejos, traté de volver a ser otro y traté de reinventarme, y confié mi suerte a eso que te molestaba tanto de mí: mi fantasía. A base de imaginación conseguí salir poco a poco adelante, bueno, a ratos. Pero adelante.

Y volvió la musa, casi robándome las palabras, dejándome mudo a veces, dejándome exhausto hasta altas horas de la madrugada, la musa se convirtió en una forma sólida de sombra y consiguió que casi volviera a creer en el ser humano, me dejó ocupar un lugar en el que no hubiera imaginado volver a hacerlo. Y supongo que he crecido, que he madurado, que me he vuelto menos sensible y más fuerte. Siempre supimos que yo era, en verdad, el fuerte. 

Ya había dejado de pensar en ti, pero ayer ocurrió algo inesperado y me vi pensando en ti de otra forma distinta a como lo había hecho hasta ahora. Y sentí vergüenza de haberme creído con derecho a todos esos reproches antiguos que con la distancia suenan huecos y rotos. Y por la noche, de vuelta a casa, no pude pensar en ti aunque quisiera, traté de rescatar recuerdos como si echara un cubo en un pozo seco, sólo pude oír el rechinar de la polea oxidada y sentir en mis manos la soga polvorienta. 

Esta mañana conseguí recuperar algunos recuerdos, no muchos, algunos rincones de tu casa, alguna vez que nos emborrachamos, alguna noche juntos, dos o tres viajes en metro, dos fiestas de cumpleaños, un jardín, a tu madre y aquella sensación de que pensaba que yo no era suficiente para ti porque no tengo un porvenir (y qué razón tenía y qué equivocada estaba al mismo tiempo).

Así que hoy se han recolocado cosas en su sitio, de alguna forma que no entiendo aún, he soltado lastre y me he dado cuenta de la importancia que tiene soltarlo, dejar volar la idea de lo que pudo haber sido y centrarse en lo que uno quiere que le suceda. 

Y creo que he aprendido que el rencor pasa factura con retraso, que sólo se puede odiar a quien se ama y por tanto, cuando el tiempo no importa ambas cosas son sólo una y no es ninguna de las dos, sino otra cosa distinta. 

No iba a escribir esto, pero espero que te vaya bien, de veras, al fin y al cabo yo no soy de desearle mal a nadie, era sólo rencor por impotencia, no por maldad. Espero que a partir de ahora nos vaya bien a los dos, lejos, en la distancia. Yo sé que mi camino no va a ser fácil, pero al menos espero que el tuyo sea aquello que siempre quisiste que fuera.

Conocerte me hizo mejor persona (con retraso), supongo que al fin y al cabo es a lo que le doy importancia de veras. Y con mejor no quiero decir más buena, sino más fuerte, más convencido de mis valores, de aquello que lo que soy, porque cuando uno te dice que no eres suficiente para él, sólo te queda el camino que te lleva a reafirmarte en lo que eres. 

Si en cada despedida dejo algo de mí es que dejo un hueco a algo nuevo. Y lo nuevo que he conocido, lo nuevo que he creado, el esfuerzo que me ha costado, las personas que he conocido... pude hacerlo gracias a no anclarme a ese tiempo inmóvil en el que se convirtió mi vida después de ti hasta que se volvió a poner en marcha.

Y a todo eso lo doy por bueno. En cierta forma (aunque no voy a hacerlo) debería darte las gracias.



martes, 9 de abril de 2013

Tu parte de mi vida

Yo sé que crees que ya no me acuerdo de ti, que acordarse tiene que tener necesariamente algo relacionado con cuerdas y que las cuerdas solo sirven para atar, de una forma u otra, cosas a cosas, personas a cosas, personas a personas; pero yo no sé si recordar tiene que ver con todo eso. Bueno, el caso es que me acuerdo de ti y, aunque no lo diga en voz alta, a veces (pocas, cada vez menos) me llegas desde lejos, como  esa molestia en mi lesión en la rodilla, que sólo se manifiesta cuando va a cambiar el tiempo, cuando llega el frío.



No sabría decir el porqué de todo este tiempo de silencio, de veras que no lo sé, de repente me quedé mudo, sin nada qué explicar, el mundo me invadió con sus lúgubres y efímeras conquistas, con sus ilusionantes ilusiones, su neón y su futuro lleno de posibilidades. Reconozco que soy un apostador nato, siempre apuesto por la vida, me quedo en un rincón tratando de atrapar el mundo en unas pocas partidas de póker, pero casi siempre pierdo lo justo para poder seguir apostando. Sé que tarde o temprano llegará una buena mano y me retiraré para siempre, pero por ahora no acaba de llegar... y el tiempo pasa.

El tiempo pasa, me hago viejo, me salen achaques, gano experiencia en cosas que no se van a repetir y sigo siendo un aprendiz de las que van apareciendo, por lo que parece que no aprendo, pero sí, si lo hago, cada día mi capacidad de asombro mejora como el vino, no es mayor ni menor, simplemente se hace más selecta,  me sorprenden pocas cosas pero siempre me hacen sonreír o decir "lo había imaginado".

Quizá por eso hoy me acordé de ti, porque cada vez que gano o pierdo algo me ata, y esto que me ata a ti tiene mucho de selva y de locura y de cordura, y de distancia y de tiempo que ya no es tiempo, porque yo empiezo a recuperar mi capacidad de ser el que soy y entre todo eso que soy hay un mundo que, de una forma que no entiendo del todo, no puedo dejar de amar de una forma cálida y sencilla.

Hoy sé que voy a escribir esa novela, no que voy a reescribir un texto que se quedó a medias, ni una historia que no me salga desde el alma.

Y que tú vas a estar a mi lado.

En la distancia o en esta pantalla que estás leyendo.

Pero vas a estar porque ya hace mucho tiempo que estás aquí, entre todas estas palabras que se hilvanan casi solas y que buscan, de una forma u otra, emocionarte hasta la médula.

martes, 26 de marzo de 2013

Lo peor de lo mejor que me ha pasado



Anoche, mientras esperaba que el sueño viniera (hace días que no soy capaz de dormir inmediatamente después de irme a la cama) se me ocurrió una historia que escribir. Aunque parezca mentira (después de tener abierto un blog durante más de cinco años)  hacía mucho tiempo que no se me ocurría una idea para un texto largo, más allá de una escena. Bueno, en realidad se me ocurrió una escena y luego vino el resto: la sutil y elaborada venganza del protagonista hacia el perpetrador de una injusticia. Con otra injusticia.

Creo que el proceso deshumanizador de la venganza es un aspecto clave para entender la deriva de la Humanidad, en este siglo y en el pasado. Quizá también tuvo que ver con que viera "La bandera de nuestros padres" de Clint Eastwood. El caso es que me pareció que el ser humano es capaz de creerse cualquier cosa mientras está inmerso en algo más grande que él y sólo cuando sale de la vorágine y es capaz de verse con cierta perspectiva, es cuando sale realmente su naturaleza humana. Soy de los que creo que el ser humano es solidario y que la sociedad es un "a ver quién la hace más gorda".

Solidario. Los grupos humanos no pudieron sobrevivir en un medio hostil si no hubiera sido por sus vínculos sociales: cazar en grupo, proteger a los pequeños, defenderse de otros animales... la solidaridad está en nuestros genes, sólo que el mundo se ha hecho demasiado grande y defenderse de otros grupos (otros países, otras razas, otras religiones...) en un mundo tan global, cuesta ubicarse y reconocerse. Ahí tenemos ejemplos de solidaridad entre comunidades y violencia extrema contra lo que es diferente. La gente viste de forma similar para reconocerse entre ellos, para saber que piensan igual. Ahora mismo se me están ocurriendo los judíos ortodoxos, por ejemplo, con sus tirabuzones y sus sombreros negros, los tuareg, con sus túnicas y turbantes azules, los adoradores del dinero con sus trajes y corbatas...

Pero bueno, el caso es que se me ocurrió una historia y me di cuenta de que el personaje tramaba una venganza por un hecho aparentemente poco importante y consagraba su vida a hacerla realidad, involucrando a gente inocente, deshaciéndole la vida por completo, hasta que al final todo se le escapa de las manos, incluso sus sentimientos, y se convierte en el catalizador de algo que va más allá de cualquier cosa que podamos programar: la búsqueda de la felicidad. Porque el deseo de estar mejor siempre es lo que cambia las cosas. Al final nosotros decidimos.

Supongo que, al no tener tiempo, no la escribiré, pero eso no quita que me quedara sorprendido de recuperar la capacidad de "inventarme" una nueva historia. Creía que me había secado por dentro, pero no es cierto. Uno no se seca nunca del todo. 

Pero eso ya es otra historia.



domingo, 17 de marzo de 2013

Noche de deseo



La musa se estremece cuando le digo que no voy a dejar que le pase nada. Si lo pienso bien, tiene cierta gracia que alguien como yo pueda prometer algo así; pero a veces uno sabe que la persona que tiene en frente sólo quiere tener la certeza de que no está sola en el mundo, de que entre tanta gente desconocida hay alguien que se preocupa por ella lo suficiente como para cogerla por los hombros, mirarla a los ojos y prometerle que vas a hacer de su vida un lugar del todo seguro. Todos necesitamos creer en algo, lo que sea, algo que con sólo pronunciarlo te caliente los huesos como si te echaran una manta por encima.

No sabría decir por qué prometo cosas que no sé si voy a saber cómo cumplirlas, quizá lo haga porque soy consciente de que es precisamente no estar solo lo que hace el mundo más seguro, que la presencia del otro es indispensable para que no te quedes en medio de la nada y no tengas a quien acudir. Quizá lo que sea una paradoja es que cuantos más somos encima de este planeta, más peligroso resulta y más solos estamos.

La abrazo hasta que entra en calor, sus huesos son fríos y frágiles; su cuerpo se vuelve tibio y acogedor a mi contacto, tal vez la seguridad sea esto: la tibieza cuando estás helado, una cabaña en medio del bosque donde nadie va a venir a buscarte, alguien que escuche lo que tienes que decir y una voz y una presencia que   te recuerde que puedes compartir aquello que tienes, los deseos, los gustos, las mentiras y las verdades, los silencios... a veces se necesitan silencios para saber que también hay veces que no hay nada que decir.

Nos vamos a la cama, esa misma cama que desprendía una humedad fría y que ha ido calentándose poco a poco hasta hacerse acogedora, la abrazo mientras llega el sueño, pero ninguno de los dos es capaz de dormir, la caminata por el bosque, de noche, nos ha activado todo el cuerpo. No pienso en la llamada de teléfono que he ido a hacer al pueblo, aunque decirlo sin que venga a cuento, me delata. No suelo mentir, a veces soy contradictorio, sólo eso, digo que no pienso en algo cuando debería decir que no quiero pensar en ello. Hago de la llamada una cometa y la suelto hasta que se ha ido lejos, muy lejos, sólo sostengo el hilo invisible que la ata, desaparece.

La agarro con fuerza, pienso que este año volveré a escribir o a acabar la novela, que la musa ha llegado para arrancarme palabras hasta que vuelvan a fluir desde donde están atrancadas. Pienso en ello mientras la tengo cogida por la cintura, y siento que si la aprieto más fuerte conseguiré que no se vaya nunca, pero cuando voy a hacerlo se da la vuelta y me mira fijamente a los ojos, como si esos segundos de vacilación fueran silencio, el silencio que se tienen dos cuerpos que se buscan pero no se entregan a las palabras que desgarran la carne ni se ahogan en la boca del otro, húmedas y calientes, suciamente bonitas, despiadadamente sinceras, palabras que no son palabras porque el deseo tiene un lenguaje hecho de caricias  y de manos que buscan a tientas acabar de una vez con la tentación, como su cuerpo lo es para mí, como mi cuerpo lo es para ella.

Porque todo lo que decimos y pensamos es una simple traducción para que nos entretengamos en no escuchar el verdadero sonido que hace nuestra alma cuando se juntan dos cuerpos que se quieren, porque todo en la vida se reduce a eso: el deseo.

jueves, 14 de marzo de 2013

El diablo reclama mi alma y la consigue.



La primera vez que vi al diablo pensé "es igual que ella, es lo mismo, el mismo afán, sus palabras dibujan en el aire las mismas piruetas", pero el diablo me ofreció una oportunidad única y yo la cacé al vuelo, firmé en un papel lo que en un papel puede escribirse.

 El diablo sabe más por seductor que por viejo, sabe más por lo que habla que por lo que calla, pero al diablo le pierde algo que ni el mismo sabe: la avaricia.

El diablo necesita ganar almas para que su alma tenga sentido, necesita ser el diablo y poder decirle a todo el mundo que comprar almas es lo mejor del mundo, y que él siempre gana por mucho que corran o se escondan. Al diablo le pierde la lengua, todas las que sabe, todo lo que con ellas puede decirse, todo lo que con ellas puede callarse.

Al diablo se le escapan almas, de vez en cuando alguien tiene en cuenta que su avaricia es mayor que la precaución de todas las cláusulas, que todo está tan abierto o cerrado como una coma indique. Y yo, ese día, el día en el que me puso delante la hoja para que firmara, antes de que se diera cuenta de que las cosas iban a ser distintas a su promesa, antes de que él supiera que tarde o temprano se iba a aburrir de mi y entonces no vendría a perseguirme, antes de que eso sucediera, yo escribí una coma en un lugar casi inocente...

... en ese instante pensé que todos somos el diablo, que todos somos seres capaces de acaparar almas de otros, de seducir con cantos de sirena a otras sirenas que cantan para seducirnos.

Hoy el diablo me llamó a su despacho y me dijo que no iba a cumplir sus promesas pero que mi alma sí le pertenecía. Y yo sonreí por dentro; porque yo iba muy por delante de él, porque yo ya sabía que llegaría este día y ya lo había previsto, y también supe que el diablo nunca me había tomado en serio, que el diablo no sabía que yo también soy el diablo.

Pero este diablo no tiene un plan B.

martes, 12 de marzo de 2013

Ablaye Cissoko and Volker Goetez - Amanke Dionti




Yo sé que peco de ingenuo, que el mundo es muchísimo más complicado de lo que vemos sólo con los ojos, que la justicia es algo etéreo e inasible, que la razón no pertenece a nadie, ni siquiera al que razona. Quizá por eso las cosas son como son y cambiarlas cuesta tanto, no porque puedan o no cambiarse sino porque es difícil tener la certeza que hacia donde lo hacemos, supondrá una mejora.

El viernes esta canción apareció de repente, siempre me gustó el sonido de la cora y pensé que lograba una bonita combinación con la trompeta, que dibujaban una bonita música, y que si vamos a cambiar el mundo deberíamos cambiarlo desde el corazón, desde la colaboración entre todos los mundos que contiene el nuestro.

La musa me dice que la cora es un instrumento triste, y pienso que algunas personas también sólo pueden generar "músicas" tristes, como si el alma fuera un metal delicado al que no se pude golpear con demasiada frecuencia ni fuerza, y necesitara músicas afines, lugares de paz, mañanas de luz.

Y puede que sea ingenuo y que esto me lleve a cometer errores por confiar demasiado, pero si de algo estoy seguro es de que el viaje va a merecer el esfuerzo, y que al final, es mejor perder (una pequeña batalla) que no haber ganado un amigo y que el amor (todo lo que cabe en esa palabra hueca como el cascarón de huevo de dinosaurio) es, en realidad, suficiente excusa como para abrir el corazón a distintas músicas, distintas voces, toda clase de colaboraciones.

Por tanto, colaboremos, estemos abiertos... pues al fin y al cabo, cada día que pasa estamos más cerca de ser sólo una humanidad.

Y hoy el sol juega a esconderse entre las nubes, dice el hombre del tiempo que éstas acabarán ganando y lloverá; lloverá mucho, lloverá hasta que se haga barro todo lo que huela a tierra, todo lo que pueda contener una semilla.

Cada día que pasa estoy más cerca de lograr estabilizar el proyecto del agua, cada día que pasa me llegan más y más proyectos a los que no puedo dejar de ver como oportunidades. Me gustaría tener la capacidad de priorizar, pero ¿cómo hacerlo?

Escucho a Ablaye Cissoko y me calmo, me calmo y la musa se calma conmigo, el bicho descansa, pero yo sé que su descanso le da nuevas fuerzas, fuerzas que utilizará cuando más débil esté yo. Sé que nada va a ser fácil, pero siento el reto como un viento al que hay que dar la cara para que no te arrastre, porque estamos hechos para caminar hacia adelante, porque somos nómadas, porque somos la continuación de miles de la saga que, siendo un animal débil, conquistaron su entorno para que, ahora, consciente, pueda devolverlo intacto a la Naturaleza.

... pero el bicho sigue ahí, agazapado.

... y me llama con su voz de selva.

miércoles, 27 de febrero de 2013

El precio de la pasión




Llevo días escuchando esta melodía de Monarchy dentro de mi cabeza, es decir, oigo el sonido grave y machacón que hace temblar la canción desde un fondo invisible, donde el silencio es otro sonido más, un silencio que es como el ruido sordo que hace la cuerda de un arco cuando se tensa para disparar. Y yo no tengo claro si soy la mano, la flecha o el objetivo.

Últimamente mi vida es una locura, no puedo detenerme a pensar ni un sólo instante. Llego a casa sólo para dormir, me levanto y la abandono sin vivir allí, mi cuerpo arde, mi vida se ha convertido en un lugar que seguiría yendo rápido incluso si ni yo mismo estuviera ahí para vivirla.

Reconozco que yo me lo he buscado y que he deseado esto durante mucho tiempo, pero echo de menos esos momentos en los que sólo me dedicaba a existir sin más, y me dejaba llevar por la tranquila desidia, y hacía planes para cuando llegara esto; este esto que debería tener una fecha de caducidad, un período de vacaciones, un punto y aparte, un pie de página que sirva para dejar de correr hacia todos lados.

Cada vez tengo más claro de qué está hecha mi alma. Mi alma es sólo deseo, el bicho se ha apoderado de ella. Aunque por fuera no lo parezca vivo entregado a algo que no sabría describir, a una especie de culto a la intensidad, a la fuerza, y esa vida me pide horas, me pide insomnio, me pide que no tenga descanso, que sienta las cosas como si fuera la última vez que las voy a vivir. Me da la paz dentro de la guerra. Me cansa y me da vida, me hace ser alguien vivo, alguien ajeno a la indiferencia.

Llevo varios proyectos al mismo tiempo, tiempo que se consume como si lo hubiera rociado con gasolina y luego le hubiera prendido fuego, y siento que esto es la vida, lo siento como si lo otro, la calma, la tranquilidad, fueran enfermedades infecciosas que sólo sirven para recuperar el tono y volver al torrente de la acción en cuanto se pueda.

Y no me gusta. O por lo menos no me gusta que me guste. Porque en el fondo de mí sigo siendo ese otro que se detenía delante del ordenador para escribirte cosas que ni siquiera sabías que eran para ti, me gustaría creer que en cualquier momento puedo volver a recuperar la vida en ese punto en que la dejé. En ese punto en el que sólo planeaba salir del atolladero, en ese punto en el que yo no era nada más que un idealista que soñaba con dejar atrás la impotencia de no poder hacer nada por mí mismo.

Quizá sea que nunca llueve a gusto de todos, o quizá que uno siempre desea lo que no tiene y añora el pasado fuera como fuera éste.

El caso es que esta canción me va deshilachando el alma y Dita Von Teese y su hipersensualidad me arrastran al lugar al que pertenezco, al lugar desde donde el bicho gobierna mi vida sin que yo pueda ponerle remedio, donde desearte es mi primer, segundo, tercer y cuarto mandamiento.


jueves, 14 de febrero de 2013

Un nuevo comienzo, un nuevo lugar, no sé si sabré vivir la calma


Llevo días queriendo escribir una entrada pero el bicho está en calma y con la calma las palabras no llegan, es decir, llegan a la orilla de mis dedos como olas sin fuerza, creo que cuanto más ruge el bicho y más agitado está el mar de donde nacen lo que necesito escribir, más prolífico. Escucho canciones nuevas, busco vídeos que colgar cuando llegue esa entrada.

Me ordeno escribir, salga lo que salga, me ordeno desempolvar la voz que escucho cuando me dedico a escarbar en lo innombrable, en eso que tengo dentro y que hubiera podido estallar en cualquier momento, pero que nunca lo hizo. Y no sé si me alegro, no sé si me he convertido en otra persona de la que quería ser. Supongo que sí, que todos en un momento u otro descubrimos que somos otra cosa distinta a lo que queríamos ser, que nos vemos arrastrados por ese otro que somos y que no podemos controlar y que nos pide calma, nos pide que no nos pongamos en peligro, nos dice que no arriesguemos, nos susurra al oído que el mundo es un lugar repleto de lobos.

Y yo solía ser otro, y quería llegar a otro lugar, y puede que sólo me haya detenido al borde del camino a tomar fuerzas, a respirar un aire limpio antes de seguir hacia adelante. Puede que sólo sea eso, puede que hoy sólo sea un día tranquilo después de la vorágine de los últimos días, un día en el que dormir ocho horas, en el que echarte de menos, un día vacío por el mero hecho de estar en medio de muchas cosas, uno de esos días en calma, uno de esos días en los que antes me desesperaba.

Reconozco que los últimos días están siendo emocionantes, días en los que me dejo arrastrar por una corriente benévola y terríblemente viva, días que han dejado de pertenecerme sólo a mí, que se convierten en ganas de tocar a la musa con mis dedos, quitarle la ropa lentamente, de leer lo que me cuentan sus historias, de escucharla cantar una y otra vez como una sirena que me llama con vocación de océano esa canción en la que reconozco su voz cuando, al final, ríe.

Por eso me obligo a escribir. Para recordar quien soy, para que te acuerdes de mí cuando leas que he vuelto a publicar un post y entres y me leas.

Porque en el fondo sí soy el que quería ser, aunque sea un personaje de blog, aunque en el fondo mi vida transcurra por otros lugares por los que quería ir, voy en la dirección en la que sí intuía que podría llegar a sentirme bien. Y me siento bien acompañado, y pienso en que el futuro es un lugar al que quiero llegar pronto, que el camino va a ser interesante y que va a estar plagado de buenos momentos.

Y que me gusta haber haber hecho lo posible para poder estar aquí ahora.

Que me gusta haberte conocido, lo poco que te conozco, que me estés leyendo en estos momentos.

Sé que siempre seré inconformista. Sé que siempre me acompañará esta tristeza de fondo.

Pero dejar de ser eso sería dejar de ser yo, sería dejar de poder escribir con esta voz que ambos, tú y yo, estamos escuchando dentro nuestro mientras tú me lees y mientras yo te escribo.

jueves, 31 de enero de 2013

Gano el premio Deloitte al proyecto con mayor impacto social dentro del Forum d´Inversors d´ACC10



Quizá os hayáis preguntado sobre mi ausencia durante los últimos días. Confluyen varias razones, la primera es que estaba preparando la presentación para el concurso de proyectos dentro del Forum d´inversors d´ACC10 (departamento de innovación e internacionalización de la Generalitat de Catalunya). Se presentaron 104 proyectos, de los que sólo 21 pasaban a la final. (El mío, entre ellos) y me he centrado en no hacer el ridículo, puesto que el nivel era alto y a mí me aterra hablar en público y el aforo del auditorio era para echarse a temblar.

El segundo factor es que se me ha estropeado el teclado del ordenador (la barra del espacio) y no puedo escribir sin que se me salgan sapos por la boca y maldiga el maldito qwerty del portátil.

Y el tercero es que la musa me envolvió con su gabardina de charol negro y se me llevó al bosque de sus besos, y paso el tiempo con ella, me aferro a sus pechos con las manos y la boca desbocadas, en un nirvana de noches de insomnio, alejándome de ella cuando llega la noche como un licántropo lo haría de la gente que ama para no robarle toda la energía.

Los tres factores unidos han coincidido con el premio del concurso. Y he ganado el premio al proyecto de mayor impacto social que otorgaba la consultora Deloitte. El otro premio, el que otorgaban los inversores, fue para HallSt. y es el ganador real del Forum.

Increíble, los demás proyectos eran buenísimos, algunos con un alto impacto social, desde curas para ciertos tipos de cáncer, hasta para resolver enfermedades genéticas... y hoy, dos días después siento que tantos años de tirar esto hacia adelante empieza a dar sus frutos.

En el último momento me dio serenidad un poema de Ruyard Kipling "Si" que está en este blog y que ha sido mi soporte cuando lo veía todo perdido, porque los que seguís este blog sabéis hasta qué punto he estado al borde del abismo.

Cada día está más cerca el día en el que podamos llevar agua potable allí donde más falta hace. Y en ello confío. Sigo haciendo pruebas, sigo en marcha.

Porque otro mundo es posible, otro mucho mejor, porque el futuro lo podemos modificar si queremos, si somos solidarios unos con otros. Sólo hay que ver el mundo como una gran oportunidad, la vida como un viaje sin retorno del que ninguno de nosotros va a salir vivo.

Sigo en marcha, cada vez con más fuerza.

Gracias a los que os atrevisteis a escribirme en privado para ser mis amigos, gracias a los que escribisteis comentarios, a los que me leísteis, a todos los que he conocido a través de este blog y a todos los que os conozco de tanto leeros las líneas de la mano en forma de frases, gracias a los que nunca más dieron señales.

Y gracias a la musa por haber regresado en forma de tierra firme en la que pisar fuerte. Y en forma del viento del norte que me lleve a soñar...



Para Alina, para la musa

domingo, 20 de enero de 2013

El día en que te conocí (Gossos, diners i noies)



El día en que te conocí estabas helada por los cuatro costados y bajo la manta sonaba de fondo música antigua, tan antigua que los instrumentos estaban hechos con huesos de dinosaurios; te recorrí la columna vertebral con la yemas de mi alma y, también recuerdo que, a medianoche, se detuvo la lluvia tras los cristales y cogió aire para llover más fuerte.

Se me hicieron añicos los años, se me agrietó la piel de serpiente, se convirtió el deseo en algo tan palpable que me cabía en el hueco de la mano y en el filo de tu boca, en el cielo de tu boca, en la boca de tu boca.

El día en que te conocí hubiera subido al escenario si me lo hubieras pedido y hubiera hecho reír al público como un payaso, aunque sólo fuera para verte reír a ti, en el fondo del auditorio, sólo se te veía a ti y a tu jersey azul tormenta.

Ese día yo estaba en la parada de metro, y te seguí en cuanto emergiste, pensé que la suerte era demasiada suerte y debía aprovecharla, que el amor es un juego de azar y en esas circunstancias no me quedaba otra  que salir arruinado a saltar la banca. Quizá sin esa inconsciencia no me hubiera acercado a ti, ni te hubiera dicho, sin signos de interrogación "me puedo sentar a tu lado".

Aunque de eso haga mil años

viernes, 18 de enero de 2013

Mientras tenga cabeza, seré un cabezota convencido



Llevo días preparando la presentación en el Foro d´Inversors d´ACC10, el punto donde puede que empiece todo, el día en el que mi patente tome un gran impulso, la verdad es que se está encallando demasiado, demasiado tiempo esperando y los últimos flecos se están retrasando más de lo que esperaba.

La presentación dura un minuto. Poco tiempo.

Si me eligen para pasar ronda, la presentación duraría cinco minutos. Demasiado tiempo.

No me gusta hablar en público, me aterra. Hace unos meses me quedé completamente en blanco durante quince segundos. Me encallé delante de cien personas, de cien inversores...

... supongo que tiene que ver con la seguridad en uno mismo y al escucharme en grabaciones y al verme delante del espejo, me he dado cuenta de quien soy, he visto lo que vosotros veis cuando me leéis. Y me he dado cuenta de lo mucho que me cuesta vivir en sociedad.

He inventado algo extraordinario que puede salvar miles de vidas, y en lo personal ha hecho que no vuelva a pasar estrecheces económicas, debería estar orgulloso de mí mismo. Sin embargo estoy muerto de miedo, sigo ante una muralla muy alta.

Me pregunto cuándo y dónde se fragua la seguridad en uno mismo, si se puede reconstruir mediante alguna técnica quirúrgica del alma...

Supongo que vivir se trata de tratar de modificar lo que no nos gusta o de aceptar que nunca vas a ser el que  querías ser. Soy de los cabezotas que no aceptan que hay cosas que no se pueden.

martes, 8 de enero de 2013

Nada es lo que parece.



Llegamos a la cabaña del bosque después de atravesar la espesura. Ella iba delante con la linterna señalando el camino y, a veces, nos golpeábamos con las ramas bajas que no llegábamos a ver y que nos provocaban pequeñas contusiones y arañazos. La vereda era impracticable y supuse que no tenía miedo a perderse porque había hecho aquel trayecto miles de veces, que lo llevaba impregnado como un segundo olor corporal y supuse también que si fuera necesario lo podría recorrer hasta con los ojos vendados.

Al llegar al claro donde estaba la cabaña, la luz de una luna menguante y tal vez que me había acostumbrado a la oscuridad después de casi un cuarto de hora sólo viento la huella de la linterna, recortó la figura de la casita, me pareció más pequeña y fría, como una piedra volcánica hueca y ligera en medio de un campo yermo.

Entramos haciendo crujir las maderas del suelo del porche y un calor agradable nos acarició la cara. Habíamos dejado la chimenea ahogándose en sus propias brasas, pero contrariamente a lo que habíamos pensado, éstas habían aguantado más de lo que era de esperar y habían mantenido la temperatura de la estancia principal; fue como si nos hubiera salido a recibir un perro que ha pasado demasiado tiempo solo y se alegra de que vuelvas a casa, meneando el rabo.

No se podía decir lo mismo del dormitorio, que estaba totalmente helado. La musa encendió una lámpara en la mesita de noche y sonrió al verme en la puerta sin atreverme a entrar. Salió de la habitación y fue hasta la cocina, sacó un cazo y lo llenó de agua después de haberla dejado correr durante unos segundos. La acercó a la chimenea y la puso sobre las brasas después de haberlas atizado hasta sacar apenas unos puntos rojos de luz entre las cenizas. "Algo hará, pero si queremos no pasar demasiado frío tendremos que dormir juntitos", dijo haciéndome un guiño y volviendo a la habitación. Era la primera frase que pronunciaba desde que entramos en la vereda que atravesaba el bosque hasta la casa, pero no me había molestado para nada el silencio, es más, diría que habías sido un acto natural, como si los dos supiéramos qué debíamos hacer y hacia dónde dirigirnos siempre y cuando no nos distrajéramos con asuntos banales.

Sacó una bolsa para el agua caliente de goma, de esas antiguas que ponían las abuelas dentro de las sábanas para calentarse los pies en invierno. "¿A que tú no tienes una cómo ésta?" pregunto mostrádomela como quien exhibe un pez que acaba de pescar. "No, mis padres tenían, pero yo nunca he utilizado una de esas" dije.
"Normal, ya tienes los pies calientes de forma natural. Eres odioso. Nadie tiene los pies calientes por las noches, yo los tengo siempre hechos un cubito y daría lo que fuera para que tenerlos como tú.  Es por eso que te he traído conmigo. No te creas. Es la única razón" dijo sin mirarme y sin que yo apreciara un mínimo tono de ironía, algo que me llevó a dudar si decía la verdad y me indujo a preguntarme cuál sería la verdadera razón por la que me había llevado consigo.

Estaba claro que había estado muchas veces en aquella cabaña y que ir sola a cualquier parte no le resultaba un problema, así que pensé que después del golpe que le había dado al gigante hasta derribarlo había pensado que quizá, en algún momento de su huida, me necesitaría. Aunque, a decir verdad, yo guardaba la secreta esperanza de que los días que habíamos pasado antes del incidente había generado en ella un vínculo de solidaridad hacia mí, una suerte de compañerismo y de incipiente amistad, pero también recordé que apenas la conocía, y que lo poco que sabía era que su forma de vivir era poco dada a mantener este tipo de relaciones. Me dije a mí mismo que debía ser cauto y que, a pesar de que me caía bien, debía mantenerme alerta y prepararme para cualquier circunstancia, como por ejemplo, quedarme en medio de las montañas, solo y sin recursos.

Se puso un pijama de felpa que llevaba en la bolsa que hizo cuando salimos huyendo y me dio otro a mí. Me venía grande, demasiado grande, y de repente apareció, invisible, el fantasma de otro hombre en su vida, el que cabía sin holguras en ese pijama, y me asaltaron mil preguntas que, si bien ya me había hecho, no había considerado oportuno aclarar, quizá porque hacerlo suponía preguntarle a ella por sus circunstancias y, con ello, de alguna forma, sentía que rompía un pacto no escrito, algo que habíamos cerrado al cruzarnos las miradas en la calle incluso antes de que nos habláramos por primera vez, cuando ella era única y exclusivamente mi musa, un hada madrina punk de gabardina de charol negro, cuando sólo éramos dos desconocidos que se tienen vistos del barrio, en un presente continuo, ese algo que casi forma parte del mobiliario urbano y que echas de menos si un día no está o no hace lo que esperas que haga. Pero todos los pactos son revisables, todos tienen una fecha en el que no sirven para lo que se esperaba de ellos, y ese día, quizá había llegado. Al fin y al cabo ella sabía de la existencia de Elena y yo no sabía nada absolutamente de ella, quizá por eso era mi musa, porque podía ser cualquier cosa que yo deseara que fuera, pero en ese instante me enfrenté a la posibilidad de que hubiera un hombre en su vida, aparte del taxista que nos había llevado a la estación de autobuses y que no podía ser el dueño del pijama porque estaba casi tan delgado como yo y también le hubiera venido grande.

Entró con la bolsa de agua caliente en la mano y sonrió al verme enfundado en aquella especie de disparate hecho de tela. "Te va un poco grande" rió. "Era de mi hermano, ahora vive en Canadá" y sonrió pícara, como si supiera todo lo que me había estado preguntando mientras me enfrentaba al pijama. Lo dijo con demasiada naturalidad, tanta, que cabía la posibilidad de que fuera cierto o de que tuviera a ese hermano ausente como excusa para todo y estuviera acostumbrada a hacerlo presente para sortear esta clase de situaciones.