lunes, 7 de noviembre de 2011

Sushi envenenado


El tiempo es una máquina imprecisa, últimamente funciona a saltos, el tiempo se detiene y, de repente, avanza unos meses de golpe, sin previo aviso. Lo que ocurre es que ahora soy más vulnerable a los golpes del tiempo, entre otras cosas porque me he ido convirtiendo en un oráculo demasiado experto en leer los posos de las intenciones de los que me rodean. Hoy el muelle se ha soltado empujando meses de fortuna hacia el abismo, crónica de una traición anunciada, las voces de los muertos y los vivos ya me lo advirtieron, la codicia pesa más que la lealtad, en un plan premeditado el destino ha sido, otra vez, un maestro del disfraz conmigo.

Me vuelvo a preguntar lo mismo: ¿Qué he hecho yo para merecer esto? Y a veces encuentro la respuesta pero luego, tengo la estúpida idea de que el ser humano es bueno y alguien se ha empeñado en demostrarme todo lo contrario, que el hombre es un lobo para el hombre, y además siempre está hambriento. Esto varía mis perspectivas futuras, mucho. Las varía todas, las etiqueta, las embolsa, las encaja, las entierra. Lo que no ha hecho la crisis lo ha hecho mi confianza. Y es un hecho: todo lo que sale por la boca deja de pertenecerle a uno y pasa, como por arte de magia, a pertenecer a quien se lo quiera apropiar. Por eso, y para que no quede en una tierra de lobos se creó la propiedad intelectual, pero... me queda algo más qué decir... ¿cómo puedes confiar en alguien en quien sabes que no debes confiar? ¿Qué nos lleva a creer que somos tan especiales que con nosotros tendrán la lealtad que con otros no tuvieron?

Me la han clavado con el timo de "o ahora o nunca", es decir, "me tengo que ir de viaje y tengo que llevarme información para que podamos dar a conocer la tecnología" y ¡zas! la historia de siempre... La codicia, la basura humana, quien dice ser espiritual como cebo, la máscara, la sombra donde habitan el miedo y el rencor, luces interiores que alumbran una incapacidad para desear algo bueno para los demás. Leía el otro día que hemos perdido nuestra animalidad como especie. Todos hemos visto a un perro jugándose la vida por sacar a otro perro herido del medio de una autopista, a una mamá cochina amamantar a otro animal junto a sus gorrinos, a una leona que no puede tener cachorros adoptar a un bebé antílope, hemos visto cosas que difieren de la ley de la selva. Pero nosotros ni siquiera estamos en la selva, ni tan siquiera vivimos en la escasez.

Soy un idiota que nunca aprende. En serio, un tonto Simón. Así que yo a lo mío, sigo siendo consciente de que lo que tengo entre manos es algo muy bueno y que es, en definitiva, mi granito de arena, mi aportación al mundo. Y el precio que tengo que pagar es el que es, pero también recibo algo a cambio: el día que aparezca alguien en quien de veras pueda confiar, lo valoraré como un tesoro, una piedra preciosa, agua en medio del desierto.

Como a la musa en la infame soledad de otra noche de insomnio.

jueves, 3 de noviembre de 2011

La gravedad que afecta a eso que ni tú ni yo somos



No sé quién eres, ni de dónde has salido para esconderte de nuevo, sólo sé que dejas miguitas de pan para que te siga. Pero de un tiempo a esta parte sólo soy capaz de verlas a mi alrededor sin orden, como si hubieran llovido sobre mí, como si estuvieras dentro y me dijeras que ya me perteneces, que ya te pertenezco. Sé que las cosas van mal y que no quedan demasiados lugares a los que huir, que tu voz ya no es del todo tu voz, que han pasado demasiadas cosas, que me lees a escondidas a la luz de una linterna por las noches, que esa noche se quiebra en miles de grietas por donde se cuela una veces el cielo estrellado y otras la infame dictadura de la lluvia, pero sé que me lees con los ojos redondos y la boca redonda, con las manos blancas y el corazón negro, con la última pregunta aún en el aire, con las despedidas que nunca cometimos apuntadas en tarjetas blancas o en un powerpoint de flores y hierba, niños riendo, hombres haciendo hazañas, amables ancianos de dentaduras tan perfectas como postizas, anotado tu adiós con la esperanza de un hasta luego; abriendo una lata de conservas en donde guardas toda esta innecesaria ruina pactada y estos cascotes de lo que algún día fuimos... pero ahora recuerdo que no sé quién eres, que ni siquiera sé de dónde has salido para esconderte de nuevo. Contemplo la idea de que estuvieras hecha de pan y te hayas desmigajado hasta desprenderte de la última esperanza, la esperanza de que fuera recogiendo todos los pedacitos paras así poder reconstruirte.

La otra opción no me cabe en la cabeza. Y es que no existas y te haya convertido yo en un ser de ficción, en un fantasma, en un ángel. Pero esa opción no me cabe en la cabeza porque entonces hubiera sido yo el que invisible hubiera pasado la noche a los pies de tu cama, envuelto en un abrigo negro, escuchando moverse tu cuerpo entre las sábanas, velando tu vigilia, haciendo un fortín de tus sueños... nunca ocurre al revés, siempre soy yo el que se desvanece por las mañanas al primer albor, cuando la persiana aún no distingue la llegada del día de la fría luz de la luna. Pero yo no dejo pedazos de mí para que me recompongas porque en realidad yo no he estado allí, sólo he dormido despierto encogido en un rincón, o llenándolo todo, no has soñado conmigo ni he podido saber qué sueñas. Sólo me he dejado llevar por el vaho que tiñen los ventanas de rocío... y con el primer rumor del radiador al encenderse de forma automática la caldera el último átomo que alguna vez ha formado parte de mí se ha desvanecido en un sueño cuántico e imposible.

Quizá por eso sin saber el porqué he empezado a escribir este post, porque la necesidad de saber de ti es más fuerte que la evidencia de que no estás, que el deseo de que me leas es más urgente que mis ganas de salir corriendo, que no hay un lugar en el mundo que huela más a ti que esta aséptica pantalla sin manos que la toquen. Quizá me llames mañana, de tanto silencio, las palabras me parecerán ladrillos, de tanto querer saber de ti me dolerán las nuevas articulaciones que ahora unen mis huesos, porque has de saber que después de ti, antes de ti, yo sólo era alguien en construcción, y sin ti ahora sé que seré lo que estoy destinado a ser.

Ya ves, tengo la certeza de que estás entre toda esta confusión, en este remolino de palabras que se pierden el rastro unas a otras. Y en la confusión intuyo, todo al mismo tiempo, que ya has llegado, ya has vuelto, nunca te alcanzaré, ya formas parte de mí.

Porque estamos hechos de palabras, que no existen hasta que existe el deseo de pronunciarlas y ser escuchadas, que sólo somos algo muy pequeño hecho de cosas más pequeñas aún, que en estos momentos, mientras me lees, como por arte de magia, hay electrones alrededor tuyo que ya me pertenecen, que cuando te preguntes quién soy o intentes recordarme, átomos míos ya te pertenecen y gravitan, como planetas alrededor de soles diminutos, en la órbita irrevocable de dos cuerpos que sin pertenecerse encuentran un pedacito de eternidad.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

El eco en el fin del mundo


Hoy volví a saber de ti. Tu nombre nombrado por una tercera persona, que ni tan siquiera me preguntaba, que si hubiera sido un dibujo sería uno de esos que hacen los niños pequeños, con hombres hechos de alambre, montañas, río, casa con tejado rojo y por supuesto, chimenea con humo.

Tu nombre en su voz, en palabras invisibles que se han desecho al contacto con el aire como los vampiros al sol. El alma de las palabras viajando descompuesta, inerte hasta mi oído, porque las palabras no existen desde que alguien las dice hasta que alguien las escucha, palabras que nunca dicen lo que quieren decir si no vestidas de mil matices, el verdadero significado de las palabras está en el silencio, como lo está hecho el universo, que es ese 99% de la nada que hay entre los planetas, las estrellas, las galaxias, pero donde actúa la fuerza gravitacional de infinitos cuerpos que buscan o el equilibrio estático o el precipitarse hasta fundirse con el cuerpo celeste que lo atrae y al que no puede resistirse.

Tu nombre en su boca, atraído por mí hasta la médula de mis huesos por una fuerza irresistible que debería repeler todas las sílabas de tu cuerpo-palabra, pero no sucedió así: tu nombre se estrelló contra mí como un asteroide contra un planeta pacífico que estaba hablando innecesariamente con esa tercera en discordia, que ni tan siquiera preguntó por ti, sólo afirmó algo, algo de ahora.

Casi inmediatamente supe que habías sido tú la que querías que supiera de ti, que habías abandonado la táctica de la llamada directa y habías decidido el ataque balístico intercontinental (es decir, desde tu casa, sin riesgos, a distancia) y supe también que no te importaba tanto el resultado como bombardearme. He de decir que no me lo esperaba, y que por eso, tal vez, no erraste el blanco. Estuve toda la tarde inquieto, distraído, diría que incluso confuso, puede que hasta tuviera ganas de llamarte, de preguntarte el porqué te comportabas así.

Pero luego se me ocurrió todo eso de los planetas, de las palabras, de la voz, y pensé que todo se debía a unas leyes universales. Que tú quisieras que yo supiera de ti y que a mí me doliera.

Y entonces salí a caminar y casi se me acaban los caminos. Mis pies pisaron, diminutos, la corteza de un minúsculo grano de arena en medio de un gran vacío, releí algun post antiguo y me perdí entre la nostalgia y la catástrofe. No supe (o no quise) ir más allá. Mientras, el universo giraba con una falsa lentitud. Cuando llegue, cerré la puerta tras de mí y me convertí casi por ensalmo a una nueva religión de cosas sencillas y escasas. Me pregunté si soportaría el tsunami que se acercaba a mi vida y si sobreviviría a él. Algo me decía que no casi al tiempo que me decía que aún no estaba decidido.

Las cosas cambian y se acercan al límite crítico y tú juegas a tirar bolas de papel desde la tercera fila. Me gustaría poder odiarte pero ya no me quedan fuerzas ni para eso.

lunes, 31 de octubre de 2011

Valor


Sin saber qué decir. La lluvia me enmudece, me recluye, empapa de horas muertas las paredes de mi casa, he enterrado la luz como si fuera un tesoro y he hecho un mapa para cuando llegue la primavera sacarla de nuevo. Aunque sé que no será el año que viene, que volveré a dejar pasar dos años, resulta extraño pero mi vida es cíclica pero bianual. Es como si de cada dos años viviera intensamente seis meses y el resto sólo existiera para dar paso a una destrucción masiva. Ya no leo, este invierno va a ser de los más tristes, lo intuyo.

No debería escribir cuando llueve, o cuando esta oscura luz se hace dentro de mí, no debería decir que "no debería" y ya está, dejarlo ahí sin intentar recuperar una parte de la alegría que solía tener, pero es que ya no sé dónde buscarla, el tiempo tiene las esquinas rotas, ya no importa que las cosas se hayan precipitado hasta llegar a este punto. Hace tiempo que no le echo la culpa a nadie de lo que pasa porque la culpa es el escudo de los cobardes, las cosas ocurren y para que ocurran alguien las tiene que ejecutar, eso es todo.

Me arrepiento de algunas de las cosas que hecho. Básicamente me arrepiento de una sola: de haber sido demasiado crédulo, demasiado naive, de haber creído que existe algo que nos une como personas, en el yo gano tu ganas, en haber creído todas las promesas incumplidas, en todos los proyectos a medias, en el "yo estaré a tu lado", si miro hacia atrás y pienso en todo el tiempo que he perdido por creer en que otras personas me duele el pecho. Prefiero mil veces una palabra de ánimo que una promesa. Las promesas se desvanecen como el vaho en los cristales cuando miras por la ventana. Y cuando ya no están vuelves a ver de nuevo claro. De pequeño me ponía en la ventana y jugaba a dibujar en los cristales los días de lluvia, los días oscuros como hoy. Me pregunto qué extraña tela de araña conectarán mis emociones a mis recuerdos y si, en realidad, no somos todos marionetas de la luz, los olores, las temperaturas, la ropa cuando desencadenan recuerdos que ni siquiera somos conscientes de que los teníamos.

Ahora lo veo todo más claro. No me gusta la idea de que las cosas se deben hacer solo, de que hay gente que sólo se acuerda de ti cuando puede sacar algo de ti, no me gusta la sensación de inseguridad, la oportunidad, el tú arriesga que yo te sigo, las horas trabajando en algo para que otro ponga la pieza que falta (la única, joder) y que no llegue.

En unos días cambiará mi suerte. Se editará un artículo científico mío en una revista que llegará a quienes es necesario que llegue. A partir de ahí todo cambiará y encontraré el camino. Han sido muchos meses de promesas, de plazos incumplidos, de decepciones, de traiciones, de mentiras, de mezquindad. Antes de que acabe el año habré encauzado un futuro, distinto al que yo creía que iba a ser, más realista eso sí, menos humano... porque yo nunca he sido un empresario, sólo soy un idealista y me ha costado aceptarlo porque me cuesta, a mis cuarenta años, asumir que hay cosas para las que no sirvo, y yo no sirvo para según que vías de negocio... entre otras cosas porque no sé vender, ni tan siquiera sé venderme a mí.

Tengo cuarenta años y me repatea el hígado tener que convencer a alguien de algo, de que llevo algo mejor que los demás, de que soy mejor que otro, que la lealtad vale más que un escenario.

Asumir no es resignarse. Es empezar por reconocer los puntos fuertes y no darse contra un muro una y otra vez tratando de hacer o ser lo que no se es. Con el tiempo las cosas van encajando... pero yo soy cabezota, y aunque no lo parezca he estado demasiado seguro de unas habilidades que no siempre he tenido.

Ahora ha llegado el momento de tragarme el orgullo y buscar la fórmula que sea la mejor dentro de las posibilidades que tengo. He jugado cartas y tengo una buena mano, creo que al final podré salir de ésta si confío en mí.

En cuanto al hombre que soy, creo que he mantenido mis principios a pesar de lo que otros han tratado de difamarme o hundirme haciendo insinuaciones, me he tragado palabras que debía haber dicho, he intentado dejar pasar el temporal porque soy de los que piensan que, al final, todo se descubre y que nada es blanco o negreo, que está bien que las personas que no te quieren deben pasar como las nubes rumbo a otra parte. De todas formas hay algo que no me perdono. Y es haberme privado de la posibilidad del cariño, de haber cerrado fronteras, de castigarme con esta soledad de piso, internet, gatos y lamentos.

El tiempo nos dará la razón o nos la quitará, nos llevará por caminos fáciles o tortuosos, caminaremos solos o acompañados, libres o con ganas de salir corriendo, pero de lo que sí estoy seguro es que merecerá la pena intentarlo y creer, equivocadamente o no, en que a pesar de que la vida a veces es un absurdo, uno siempre tiene la oportunidad de transformar las circunstancias de esa vida. Eso requiere valentía. El valor es lo que nos convierte en dignos de vivirla.

lunes, 24 de octubre de 2011

Siempre


No comprendo cómo siempre los días de lluvia vienen a buscarme, como esas máquinas de ganchos que te dan una oportunidad para llevarte el regalo que quieras pero que nunca consigues. La lluvia es un conseguidor experto, un jodido y habilidoso crack, la voz que lleva su voz en el silencio de los pájaros, o en el frío que cuela por las rendijas que dejo para que se airee la casa.

Hoy es un día cualquiera pero un cualquiera con lluvia, las cosas siguen su ritmo y a mí me duele una costilla, esperando el golpe definitivo, dejando a un lado las cosas sin las que ya nada importa. Desciendo lentamente por una pendiente indeformable, dejando atrás todo lo que he podido ser, clavando tablones sobre tablones por encima de un abismo, en un suicidio transformado en huida hacia adelante, preguntándome si las alas que me construyo me sostendrán en el aire cuando se desmorone el destino, si en algún momento tendré aunque sea una sola oportunidad y si, al final me golpeará la certeza de que lo lógico era lo menos lógico, que debía haberme dejado coger prisionero antes que emboscarme en las entrañas del monte, preguntándome si esta vez es, verdaderamente, el final.

No sé cuánto tiempo voy a poder aguantar más estos altibajos, no sé hasta cuándo seguiré escuchando el imperceptible sonido que hace la vía láctea cuando gira sobre sí misma, si no sería mejor dejar la patente en manos de otro que sepa qué hacer con ella y con su vida.

Hoy algo dentro de mí ha muerto. No sé el qué ni por qué. Pero lo sé.

Cristal oscuro


Me llama por teléfono. No entiendo el porqué, si de algo estoy seguro es que no me echa de menos. Descuelgo el teléfono con el estómago encogido y llamándome estúpido por no dejar que suene hasta casi el límite, porque en el límite el último tono podría caer al otro lado del silencio. Descolgar tarde, cuando ya no suena, hubiera sido el sucedáneo de esa dignidad que ya no me queda.

_ Hola_ me dice en un tono más agudo del que recordaba que tuviera su voz.

_ Hola_ le digo sin saber si debiera simular llevarme una sorpresa, dar a entender que borré su número y ya no lo recordaba cuando la realidad es que aunque lo borrara me seguiría acordando de él.

_ ¿Cómo estás?_ me dice con interés, el interés que tienen los que conviven con otro, tienen su rutina cubierta, su fin de semana feliz y movido, los hijos, los amigos, el coche, las facturas pagadas, la seguridad durante los próximos años programada, eso que al fin y al cabo, es la tierra, la semilla y el abono de la felicidad, eso de lo que yo carecía, porque sólo fui agua.

_ Bien_ le miento_ ahora estoy bien_ me arrepiento enseguida de ese "ahora" porque eso le indica que antes no fue así. Y sé que no se alegra de que antes me fueran mal las cosas, simplemente observaba aquello sin ninguna emoción, sólo esperando a que cambiaran mis finanzas para decidirse a que cultiváramos juntos la maldita felicidad.

_ Muy bien lo de la patente_ me dice. Ha tardado casi dos años en volverme a llamar y lo ha hecho en cuanto ha sabido que las cosas me pueden ir bien. Ser pobre es como un insulto, la gente se ofende porque les muestras algo que no quieren ver, y tú... tú te conviertes en un estúpido o un inútil porque encontrar trabajo es fácil, porque ganar un sueldo es fácil, tener dinero es fácil si te esfuerzas, y parece que ser pobre es no esforzarse lo suficiente. Es rendirte. Es ser débil. Que haya desarrollado la patente es como volver a ingresar en el club de la gente normal que hace cosas normales.

_ ¿Quién te lo ha dicho?_ le pregunto. Sé quién lo ha hecho y cómo ha llegado esa información. Me gustaría que me diera igual pero yo no quería que supiera nada de mí. Como ella no quiso que supiera nada de ella.

_ Sólo hay una persona que puede decírmelo ¿no crees?_ dice manteniendo ese tono desenfadado_ Ahora sí que vas a ganar mucho dinero ¿eh? Se te acabarán todos los problemas, ¡estarás contento!_ Sigo sin saber a qué viene la llamada, quizá intente dar a entender que es la llamada de un amigo a otro alegrándose de que le haya pasado algo trascendente, quizá intente desde ahora retomar una amistad que nunca existió, hacerme creer que el pasado es el pasado que a ella le conviene, como si el tiempo hubiera me hubiera borrado el recuerdo y, como a un amnésico, se le pudiera reescribir de nuevo la vida sobre la página en blanco de su olvido.

_ Aún no se comercializa_ le digo para que no corra tanto, para darle a entender que no hay dinero, que sigo siendo el mismo paria al que dio la patada, al que a espaldas suyas dijo a quien quiso oírla que tenía miedo a mi situación financiera. Sigo siendo pobre, tan pobre que tendré que vender la patente, compartirla, hacer de tripas corazón, dejarla en manos de otras manos. En ese momento la odio. Odio todo su dinero y su mezquindad, odio que me quisiera y todo lo que sucedió luego, odio mi silencio y me odio a mí mismo por haber caído en su trampa, me odio por no haber sido el hombre que ella quería que fuese y por el huraño y despiadado resentido en el que me convirtió saber que uno vale lo que tiene, me odié por abrir los ojos tarde, cuando las cosas ya no tenían remedio.

_ Pero es algo que está muy bien, seguro que te irá bien_ me dice como queriéndome dar los ánimos que nunca me dio cuando estuvimos juntos, cuando nunca confió en que me saliera nada bien de lo que planeaba. Claro, que nada me salió bien entonces, eso es cierto. Fue un doble fracaso: no salir de donde estaba y defraudarla a ella.

_¿Por qué me llamas después de tanto tiempo?_ le suelto.

_ Muchas veces pienso en ti. Echo de menos nuestras risas, nos reíamos mucho_ me dice. No me creo que me diga eso. Es demasiado cruel o estúpido o simple_ No debí haber salido contigo, tendríamos que haber sido sólo amigos_ añade, que es como decir que le gustaba mi compañía pero que no era suficiente. Entonces me doy cuenta de que no ha llamado para saber cómo estoy, que en realidad me ha llamado para decirme algo, algo que me va a doler, algo que amortiguará el hecho de que ahora, dentro de su escala personal de la felicidad, soy inmensamente feliz porque voy a ganar mucho dinero.

Recuerdo el día en que la llamé por primera vez. Como recuerdo el primer día que la vi. Daría lo que fuera para volver atrás en el tiempo y que no hubiéramos coincidido nunca, y al mismo tiempo, daría todo lo que fuera por haberla conocido y que mis circunstancias hubieran sido otras.
_ Esta conversación no tiene sentido_ le digo.

_ ¿Por qué?_ pregunta.

_ Porque tú pretendes que seamos amigos porque ya pasado el tiempo. Pero eso es imposible porque nunca hemos sido amigos.

_ Pero sí lo somos.

_ No, te equivocas, es lo que tú quieres que seamos. La amistad no es una limosna, no es el cambio que te sobra después de comprar el amor y no está bien tratar a quien te quiso tanto con esa indiferencia. De pedirle irse a vivir con alguien a pedirle una vez al mes para tomar un café mientras vives con otro hay un abismo.

_ Todo te lo tomas a la tremenda. Las cosas son más fáciles.

_ No me llames nunca más_ es la frase que más duele porque además es una frase que no quieres decir, lo que quieres es que no hayan pasado tres años, lo que quieres es que puedas ir hacia atrás hasta el momento justo en el que pudiste cambiarlo todo. Pero tu boca se convierte en un arma cargada, un arma que al disparar esa frase mata todo lo que hubo, lo asesina con ensañamiento, mata la querencia entre dos personas que se quieren pero con un amor menos fuerte que el miedo.

Sé que ella se queda entre enfadada y triste cuando cuelga. La imagino en su habitación con el inalámbrico, yendo a dejarlo en su base en el comedor, en los ventanales, en su casa completamente cambiada por la convivencia. Y en que cinco minutos después ya no se acordará de mí porque hay personas que son capaces de llenar su vida para que no quepa nada más.

Yo escribo esto, o tal vez, escribo algo que nunca sucedió, o que ocurrió hace tanto tiempo que todo está cambiado, las palabras, los pensamientos, las intenciones. Y miro el cielo gris y me entra una desesperanza monstruosa. Y hago crujir la espalda, y enciendo la estufa eléctrica y se me cae la oficina encima. Porque todo es una invención, todo en mi vida es querer que pasen cosas que nunca pasan, esforzarme una y otra vez para que al final todo se pierda.

jueves, 20 de octubre de 2011

la soledad de la gota que cae del grifo hacia la multitud del océano



Mañana tendré la patente, tendré aproximadamente un año para desarrollar el negocio y comercializarlos equipos, y las otras patentes que podré registrar, antes de que tenga que decidir en qué países quiero, debo protegerla.

He confeccionado un puzzle con los retazos de mis fracasos, cada vez que algo me salió mal aprendí algo, cada vez que busqué una salida desesperada y tras abrir la puerta me encontraba una pared de ladrillos encontraba, sin saberlo, una pieza.

Cada persona que conocí, cada amistad que fragüé, cada día que aparentemente perdí, cada euro que necesitándolo gasté en seguir buscando, cada silencio que encontré al otro lado del teléfono, cada amor que perdí porque no creyó en mí, lo doy (a veces con dolor) por bueno.

Por bueno. Porque en el momento que dejé de creer en promesas (las palabras son transparente, están hechas de aire, se disuelven en el viento) empecé a prometerme a mí mismo que saldría adelante yo sólo, porque de tanto buscar para demostrar a otros que era posible técnicamente lo que yo creía acabé haciéndolo posible, porque todas las noches que me he despertado solo con el cuaderno de notas (y Ulises y Penélope) he ganado al sueño mi Sueño, porque mi historia comienza con las obras completas de Julio Verne que la editorial Bruguera editó cuando yo era un niño cuando descubrí que me gustaba que me contaran historias, porque cuando fui a la fundación Vicente Ferrer me pregunté (y pregunté) cómo podía depurarse el agua en un lugar donde no había energía eléctrica y aprendí.

Por bueno. Porque siempre tuve claro el porqué me dedicaba a la ingeniería sin gustarme las matemáticas, porque nunca he visto un negocio (ya se encargan otros de verlo) en cubrir las necesidades (necesidades de verdad) de los que no tienen con qué pagárselas, porque pienso demasiado en los demás y eso es un grave defecto pero es como una cojera que viene de nacimiento. Porque por fin (ahora sí) dejo algo a los que vendrán detrás de mí, porque yo que no quería tener hijos para no ayudar a superpoblar este planeta he creado algo que bien distribuido puede salvar cientos de miles de vidas...

Por todo eso estoy satisfecho (que no orgulloso)

Porque hay promesas que duran meses y años y no van a ninguna parte... a los que se rieron de mi, a los que me dijeron que eso del agua no era lo mío, que lo mío era escribir (yo no creo que tenga ego para eso), a los que pedí ayuda para el proyecto (no para mí) y me dieron con la puerta en las narices y luego alardeaban de restaurantes, viajes, vacaciones y viviendas, sabiendo que lo que yo les propondría salvaría a mucha gente en muchas partes.

A los que no han creído en mí ni en mi proyecto, a los que se han cebado con mi sensibilidad hasta explotarla, a los que han querido asesinar al soñador que llevo dentro y reemplazarlo por un trabaja-paga-ahorra-no-pienses-en-tonterías, a los que pensaron que iba a poner mi creatividad al servicio de su codicia, a quien me ninguneó porque los pájaros en la cabeza no cotizan en bolsa, a quien me hizo tirar la toalla, a quien no quiso compartir el fracaso del que nace el éxito de la misma forma que cualquier planta necesita que sus semillas germinen en la sucia tierra (y no puede ser de otra forma porque además es quien provee de sustento), a los que siguen mirándose el ombligo y poniendo el grito en el cielo desde sus cómodo aburguesamiento y claman al cielo por el déficit fiscal, lo que el gobierno debe a su comunidad autónoma, cuando no sólo no ven un puto céntimo sino que se entretienen en tareas donde unos excluyen a otros, donde la riqueza es un derecho aunque condene a la pobreza a otros (a los que giran la espalda y lo justifican con estupideces que ni ellos mismos creen), a todos ellos... gracias.

Gracias porque me han hecho creer en la humanidad, en la humanidad de los que sí son solidarios, de los que no tienen nada que perder porque no tienen nada, gracias al sinsentido, a la avaricia y a la codicia, a tanto ver anuncios de bancos con gente amable, sonriente, "te ayudamos a conseguir tus sueños" a cambio de crear dinero de la nada que no beneficia a nadie excepto en paraísos fiscales, porque de tanto abrir los ojos de perplejidad ante la barbarie disfrazada de civilización, de ver a la mafia como si fuera una ONG "velamos por ti para que no te pase nada" he comprendido que mi futuro pasaba por realizarme en lo que creo justo y eso es algo por lo que, embarrancado en finanzas, ha valido la pena luchar hasta llegar a este punto.

Porque el beneficio que espero conseguir es algo más que dinero y equivale a la verdadera riqueza, por eso intentaré controlar el uso que se haga de ella hasta, para que así llegue a quienes mueren por enfermedades infecciosas que transmite el agua.

Hoy es mi verdadero día mundial del agua. Hoy más que nunca el acceso al agua potable como derecho fundamental del hombre tiene sentido. A veces un sólo hombre, en un lugar remoto y con conocimientos que no son ni de largo mayores que los de otros que tienen más recursos y mejor acceso a planes de investigación, puede, sólo con sus manos, imaginación y grandes dosis de insomnio, cambiar el mundo.

Así que no te rindas, puedes cambiar muchas cosas, tantas... que ni te imaginas.

Pan recién hecho


Ella trabajaba en la panadería de sus tíos los sábados por la mañana, de esa forma se sacaba un dinerillo para sus gastos del fin de semana mientras estudiaba. A mí me gustaba el olor a pan que desprendía su cuerpo cuando salía a mediodía rumbo a casa. Me acostumbré a esperarla y acompañarla hasta su puerta donde nunca pasaba nada; luego nos veíamos por la tarde, salíamos con un grupo de amigos en los que ninguno éramos del todo amigos, sino más bien una amalgama de caracteres inmiscibles, extraños entre los que lo difícil era confiar en el de al lado. Pero desde el primer día ella y yo dimos el uno con otro, como si nos hubiéramos reencontrado al cabo de mucho tiempo, sólo que no nos conocíamos, a veces lo decíamos "es extraño que nos hayamos cogido confianza tan así, de repente", y el otro asentía. A mí me gustaba la paz que desprendía, sus ojos verdes de fuego verde, sus manos grandes y sinceras, su tono de voz que hacía que me sintiera a salvo, y todas esas cosas que, además, sólo sabe un cuerpo cuando la ropa deja de ser piel por unas horas y las palabras no saben ser palabras.

"Me gustan tus ojos de selva" me decía, nunca supe qué otra cosa le gustaba de mí y a veces eso me atormentaba, porque yo quería tener mucho más que ojos de bosque, más que ese tolerancia a que fuera a buscarla a la salida de la panadería de sus tíos o ese acceso a su entretela del sábado noche en el ambigú sin cortinas de mi seat ibiza.

Creo que fue la primera vez que sentí que estaba con alguien más adulto que yo. Tenía un año y medio menos que yo pero era más madura, no porque tuviera las cosas claras, sino porque con sólo mirarla sabías que tarde o temprano las tendría, que había en ella una predisposición a hacer las cosas que debían hacerse en cada momento. Nunca le vi tener miedo el futuro, ni criticar a nadie, cuando hacía una locura, tenía las consecuencias calculadas de antemano. Estaba seguro de que sería una buena madre, que no perdería los nervios, que trabajaría sus ocho horas y que alcanzaría lo que se propusiera al final de la jornada, que no le perdería la ambición ni la desesperanza. A veces me preguntaba qué hacía ella junto a un soñador como yo, aparte de reírse con mis tonterías.

Escogí ingeniería por ella (y por mi pasión por Julio Verne) y hasta hoy no me he dado cuenta de que no éramos tan diferentes. En segundo de carrera (ella hizo derecho) conoció a un niño pijo de la zona alta y empezaron los equívocos conmigo. Era una estupidez mentirnos porque desde el primer día nos hablábamos casi sin palabras. Lo supe enseguida, lo supe desde el primer día que me habló de él y me lo describió como un idiota. Y el día en el que empezó a llamarle con toda naturalidad "Manel" refiriéndose a él, entendí que él ocupaba ese espacio de fascinación que todos tenemos. Muy pronto empezó a aborrecerme y antes de que acabara el curso, poco después de mi cumpleaños, cortó conmigo con la promesa de que no había una tercera persona.

Aquel verano fue uno de los más desoladores que recuerdo, lo pasó junto a él en su casa de la playa, haciendo que aquella "amistad" acabara en romance sin que ninguno de los dos se lo hubiera imaginado (nótese aquí cierto sarcasmo).

Esta tarde, cuando iba a casa de mi hermana, al pasar por delante de la panadería que hace esquina en su calle, me he cruzado con una mujer que, al salir, arrastraba tras de sí un aroma a pan que me ha transportado a aquellos sábados de principios de los noventa. Y me ha entristecido porque el tiempo borra las huellas sólo parcialmente, el tiempo es un mal sepulturero y me he preguntado qué habrá sido de ella. Y me ha dolido llegar a la conclusión de que las cosas que nos pudieron haber pasado poco o nada importan, que durante todos estos años me he sentido fascinado por mujeres que no tenían nada que ver con ella pero con las que se ha repetido, curiosamente, patrones similares.

Y es que no estamos nunca a salvo en esta Las Vegas de los sentimientos, donde mientras esperamos el Jackpot nos vamos convirtiendo lentamente en ludópatas de sentimientos, arriesgando y arruinándonos con cada amor que aparece, como una mano de cartas, creyendo que si otros ganan también ganaremos algún día el premio de la felicidad con mayúsculas y ya no tendremos que temer nada.

Y puede que el amor no excesivamente sucio exista, y puede que algún día paremos de apostar en esa huida hacia adelante en el que nos jugamos en cada encuentro el resto, o puede que no, que en realidad estemos haciendo lo correcto, no desfallecer nunca, buscar nuestro destino, tener la esperanza de que alguna vez se dará el caso de que por fin dejaremos de ser mercancía emocional a bordo de un tren sin destino.

Da qué pensar qué me ha aportado el olor a pan de esta tarde, y cómo ha saltado el resorte. A veces, una vida se resume en algo fortuito y que significó en el pasado algo más grande de lo que creímos en aquel momento.

Porque inmediatemente después mis manos sintieron el tacto de las suyas y aunque no pude acordarme de su voz sí supe que me daba paz...

... y es que uno está construido con ladrillos invisibles, uno es más cristal de lo que parece.

lunes, 17 de octubre de 2011

Two door cinema club



Me gusta la sencillez de la canción, el vídeo, cada día que pasa me atrapa más y más que las cosas sean como un azucarillo que se deshace en la boca, a mí, que siempre me había parecido que las cosas por las que uno no se se esfuerza no valen la pena.

Lentamente me voy conociendo, y ahora sé que no soy nada en concreto, que me asemejo a una especie de mosaico de piezas que no encajan, un tetris al azar, un hombre demasiado sencillo en un mundo complejo, una vela izada en el medio del océano, con demasiadas cartas de navegación, con demasiados lugares a dónde ir.

Debo elegir uno sólo destino, o una ruta por etapas. Ahora empieza el camino, me encomiendo a las fuerzas de la naturaleza para que me libre de corazones piratas, de los monstruos marinos codiciosos, de leyendas de El dorado que me desvíen de mi rumbo.

Abandoné tu puerto, me devolviste al mar, a mi suerte. Me hubiera hecho artesano, hubiera enriquecido a tus hijos con todo lo que sé, hubiera sido tu mejor embajador en el mundo que conozco, hubiéramos descubierto juntos filosofías y ciencias.

Pero me devolviste al mar donde me encontraste por miedo a que te contagiara mi locura, cuando la única locura que existe es no creer en quien te quiere.

jueves, 13 de octubre de 2011

Blik



¿Quién fue vuestro amor imposible perdido? ¿Sabéis qué fue de él?

martes, 11 de octubre de 2011

Si supieras


Me colgué de ti, me suspendí en el aire, me acostumbré a perder el tiempo contigo, y poco a poco me fui alejando de las cosas que quiero hacer, necesito hacer, quiero vivir. A veces me siento como un perro que persigue coches por la calle, ladrándoles hasta que los pierde de vista. A veces sólo soy eso, te lo juro, un podenco persiguiendo un coche negro y brillante. Me pregunto qué harían los perros si de verdad alcanzaran al coche, si sueñan con subirse en el asiento de atrás y que los lleven muy lejos. Yo quería que fuéramos muy lejos.

Me colgué de ti, me perdí cien veces contigo pero tú siempre sabías el camino de vuelta a tu casa. Yo, en cambio, tenía la sensación de que siempre que te ibas me dejabas solo y a oscuras en medio de un bosque. Ahora eso ya no importa, ahora eso ya es algo que veo ahora, ahora entiendo que para perderse con alguien o en cualquier lugar es necesario no saber hacia dónde se va.

Hace años, cuando leía a Paul Auster, me metía en la piel de los personajes que se abandonaban a una suerte incierta, y me dejaba llevar por esa primera persona del singular o un narrador omnisciente, y pensaba que a veces las cosas son así. Sigo siendo el mismo idealista que entonces. Vivo en un mundo de ideas, en una nube de sentimientos, en una irrealidad surrealista, vivo entre la concreción que necesita un ingeniero y el sueño del que busca algo intangible, que no sabe a dónde va... es extraño vivir dentro de mí, donde los deseos y los métodos no encajan, donde las prioridades brotan como géisers, donde el caos es tan usual que casi es una norma (prohibido el orden) y donde necesito empujes constantes, caídas desde muy arriba, fuerzas de atracción y repulsión gigantescas, a veces me siento como un bote dentro de una tormenta perfecta.

Pero hay días en los que la realidad traza sus propios planes y asumo que me colgué de ti, y que necesito estar solo para contenerme dentro de mi cuerpo, no querer ser el tuyo, no vivir esa vida compleja que pudimos haber vivido juntos y en la que yo hubiera acabado por pertenecerte como un náufrago agradecido. Y hoy he llegado a la conclusión de que es mejor así, es mejor que no quisieras saber nada de mí, que hicieras lo posible para que yo no quisiera saber nada de ti, porque a los náufragos hay que evitarlos a toda costa porque pueden acabar hundiéndote a ti.

Y a todo esto, aprendí a nadar, al menos a mantenerme a flote mientras sigo soñando, mientras tengo la capacidad de sentir, a ratos, esta fiera royéndome por dentro, el bicho aguardando que llegue el día en el que escapar y destruir también esto que estoy construyendo en tu ausencia.

Y sí, te echo de menos, pero eso es algo a lo que me voy acostumbrando día tras día, como a esta extensión de verano a mediados de octubre, sabiendo que tarde o temprano acabará por caer, un día de éstos, la realidad del otoño sobre nosotros, que en realidad, nadie se rinde, que al final sólo era una tregua, un tiempo ganado o perdido, una pompa de jabón a merced del tiempo.

lunes, 10 de octubre de 2011

Te buscaré en Groenlandia



Dicen que Tesa Arranz, la chica que hacía los coros en Los Zombies, fue la verdadera musa de la movida madrileña, mucho más que Alaska, y yo no sé qué pensar porque a mí, en el año 1980, me interesaba más el Osito Misha y la televisión en color que llegó a mi casa sin ton ni son. Puede. El caso es que hasta he entrado en su facebook porque siguen gustándome las cosas de aquella época, y porque (y esto es verdad) vi el vídeo el otro día por la tele y me dije "yo tengo que saber más de esta mujer". Porque hay algo animal que se intuye en alguien con sólo mirarlo, porque hay movimientos que sabes que son totalmente distintos, voces, almas, que hablan un lenguaje hipnótico. Tal vez todo se resuma en que yo soy alguien raro, que me gustan los cocodrilos hasta que me muerden, siempre doy a algo que me atrae el halo de misterio cuando debería sentir curiosidad por lo que ya es misterioso.

Lo que le gusta a uno lo define. Y después de conocer quiénes fueron Los Zombies me llevé una decepción y al mismo tiempo nació dentro de mi cabeza una leyenda. Porque yo soy muy de historias personales, soy muy de diablesas, de correr detrás de alguien sin querer atraparlo, de salir corriendo de nadie. De desear que seas feliz y de no poder soportar que de verdad lo seas, de volver a estas tinieblas, de saber compartir lo que ni tengo, de soñar siempre con que estarás en Groenlandia, de ganar siempre cuando apuesto a perdedor cuando lo normal sería perder cuando se apuesta a ganador.

Y en esta última frase se concentra todo.

Ya sabía yo que esta entrada acabaría en alguna parte. Siempre que no tengo nada qué decir acabo descubriendo algo, siempre que alguien aparece en mi imaginario llega para decirme algo. ¿Crees en la magia? ¿en el destino? ¿en que nada es casual?

¿No? Pues deberías...