viernes, 29 de julio de 2011

Diez


Anoche soñé con el personaje de la novela. En realidad soñé que yo era él y me daba cuenta de una cosa que no hubiera imaginado que pudiera ser así. Soñé que pensaba que el bicho no estaba dentro del mí, que en realidad el bicho era yo y el que habitaba dentro de mí era como una especie de guardián de las formas. El bicho sale muy pocas veces pero es el que manda en mi vida. El que destruye lo que he tardado mucho en crear, el que sabotea, el que se ríe todo. No es el tiempo que sale a la luz sino todo lo que hace. Soñé que el bicho era yo y llegar a esa conclusión hizo que fuera un sueño feliz.

Supe que las palabras que son como el papel de lija son mías y no de algo que aparece de las profunidades de mi nada, que las ideas suicidas son mías y no la consecuencia de los gritos del bicho, supe que el odio es es mío y que el odio hacia mí por odiar también es mío, que no hay dos personajes disociados, sólo hay un duermevela, un terrorismo de baja intensidad durante todo el día. El bicho se alimenta de todo lo que destruye y yo soy su ejecutor, su cuerpo físico, su mente, el que duda, soy como un programa de software que evita que él se destruya. El bicho es (soy) el que maneja y tensa la correa. Quizá por eso sólo haya una salida.

Es raro que recuerde un sueño de una forma tan nítida, por lo general, nunca recuerdo nada y si por la mañana evoco un sueño, suelen ser escenas inconexas, sensaciones, nunca pensamientos. Pero esta noche ha sido distinta, no sabría decir qué ha ocurrido. La voz era tranquila, me hablaba como un padre le habla a un hijo que empieza a comprender las cosas. Me dijo "estás metido en esto hasta el cuello, porque yo soy tú y que estés escuchándote a ti mismo sólo puede significar una cosa: te has vuelto loco. Pero no importa, tú ya lo estabas, ahora tienes que decidir hasta dónde estás dispuesto a llegar en esta autodestrucción. Se acerca Agosto, todo se volverá más feo y sucio. Agosto es nuestro mes maldito, tu mes maldito".

El bicho y yo la misma persona, es decir, el bicho yo y todo lo otro un decorado trasnochado y ajeno a todo lo que siento.

En el sueño extendía un mapa sobre una mesa y el mapa era mi vida y por donde fui y por dónde pude haber ido, y siempre eligió él, en cada uno de los punto críticos fue él quien tomó las decisiones, nunca pude hacer nada porque yo no estaba porque yo era él.

En este país en guerra que soy yo, en esta tensión infame que me pega los músculos a los huesos, yo sólo soy la trinchera, el agujero en el suelo donde esconderse, sólo soy la voz que reza para que nos pase nada ni a mí ni a los míos. En este mapa nunca se cartografiaron sueños sin señuelos, trampas, lugares que no existían, cordilleras de arena, mapas dentro de mapas que no llevaban a ninguna parte.

Lo que hace atractivo a un personaje: sus conflictos, es precisamente lo que me hunde cada vez más en arenas movedizas. Ayer cerré un acuerdo muy bueno para la representación de dos marcas internacionales muy potentes en aguas y medioambiente. Pero no tengo ánimos para seguir adelante, si estoy solo y sin un duro (ellos no lo saben). He hecho un esfuerzo considerable y sin embargo mi pregunta es ¿para qué? Cuando más cerca estoy del final más intuyo que el final no es lo que yo esperaba. Es como si a un diabético le hubiera tocado en la lotería una pastelería completa. Y luego, por la noche soñé lo del bicho.

Nueve. Nueve entradas para que todo acabe.

jueves, 28 de julio de 2011

Nada es para siempre


Se cierra el telón, hoy la es de azul celeste, el recuerdo es un mal consejero, mucho menos para mí, que nunca escucho los consejos. Me pregunto qué hubiera pasado, me pregunto en qué punto estaría mi vida si no hubiera estado en el momento equivocado en el lugar equivocado. No puedo saberlo. Después de pensarlo durante un buen rato, llego a la conclusión de que el destino es tan sabio que alguien tan tonto como yo no puede comprenderlo.

Acabo apostando por la mejor opción: ésta. Y acabo por dejar de echar de menos a quien no me echa de menos a mí. Reconozco que no estaría en esta posición si hubiera escuchado consejos y hubiera tenido éxito en el pasado. Reconozco que en un país en quiebra hay dos opciones: salir a la calle a protestar o ir todos a una para salir de donde se encuentra. Supongo que yo he hecho ambas cosas y me quedo con la segunda. Ante todo, lo que cuenta es la actitud.

Cuando estás hundido en la mierda sólo ves mierda, cuando estás hundido hasta el cuello nadie quiere acercarse a ti. He experimentado eso de que sólo quedan los amigos de verdad. Así que lo doy por bueno, han quedado pocos, la verdad es nítida, lúcida. Supongo que he aprendido a desconfiar de los demás. El hombre es un lobo para el hombre... y siempre tiene hambre.

Reconozco también que no me gusta en absoluto en lo que me he convertido, me gustaba más cuando el primer impulso cuando conocía a alguien que parecía buena gente era el de confiar en ella. Ahora lo primero que hago es marcar unas distancias infranqueables. Me va mal y sé que me siguirá yendo mal, pero no me importa, lo único que quiero es seguir lo más estable posible, dejarme de intrigas, de conversaciones de más de cinco minutos. Me cuesta hablar, me cuesta vivir ese cuerpo a cuerpo con los demás. Antes no era así. Me gustaría volver a ser como antes.

Supongo que acabé cumpliendo lo que prometía el blog. Así que cuando lo cierre también acabaré yo, como el que escribe y como el personaje que escribe. No sabría decir a ciencia cierta hasta qué punto las cosas pudieron cambiar. Sólo sé que deseo y al mismo tiempo temo que llegue ese día. No sé qué habrá después, ya sólo quedan diez entradas. Diez entradas y todo acabará.

Espero poder curarme este odio que siento, pero lo dudo.

¿Sabes? Antes era como tú. Nunca antes había odiado a nadie, y ni siquiera comprendía que alguie pudiera sentir odio hacia alguien. Simplemente, no podía imaginar qué podía llevar a un alma a sentir una animadversión tal que desencadenara esa inquina. Ahora sí lo sé. Por eso tú y yo somos diferentes. Por eso tú y yo no podemos mezclarnos, porque yo soy irrecuperable. Desearle a alguien lo peor es lo peor que te puede pasar, te sientes una mierda por odiar a la persona que te ha tratado como una mierda. Es de locos. Y no te mereces nada.

El otro día en una película rara de la 2 alguien dijo que había dos clases de personas: las que se creen que son buenas personas y los que no. Yo dejé de ser de las primeras... es como caerte desde un árbol y darte un buen golpe contra el suelo, es sentirte sucio desde que te levantas hasta que te vas a dormir, es sentirte culpable de todo lo que te pasa. Y es, sobre todo, seguir odiando ya no por lo que te hicieran, es seguir odiando por buscar un culpable de ese sentirte culpable de sentir odio. Y es, también, ya no ser nunca más el que eras y es perder la esperanza de volver a ser la persona alegre y confiada que eras, el amigo de tus amigos, la persona en quien se puede confiar.

Así que hasta aquí llego. No mucho más lejos. Diez entradas.

Y todo se habrá acabado.

Y aunque parezca que es algo triste no lo es. Sé que si todavía tengo una oportunidad es yéndome de aquí.

lunes, 25 de julio de 2011

Maldita maldita lluvia


La luz es una grieta en la pared oscura. Esta noche duermo a ratos, de vez en cuando escucho canciones antiguas, repaso el blog y no lo entiendo. No entiendo varias cosas, otras las acabo comprendiendo después de todos estos años.

Pierdo el sentido, se me va de las manos la incesante vida. Me gustaría pararla durante un gran período de tiempo. Parar y decidir qué hacer. Pararlo todo, los pájaros suspendidos en el cielo, el agua quieta cayendo por una cascada, el polvo preso de los haces de sol que entran por la persiana.

Y deshacerme como un terruño de tierra en polvo, esparcirme por el espacio tan distante un átomo de otro que ya nunca puedan volver a reunirse y quizá ser estrellas fugaces apedreando la atomósfera de mil planetas, arder a la velocidad de la luz con el sonido del trueno.

Mejor que la semana que me espera. Mucho mejor que los días que están por venir.

Supongo que, tarde o temprano, acabará llegando el día.

Ulises y Penélope duermen en su lado del universo. No sé qué sueñan pero se agitan de vez en cuando. Recuerdo cuando Ulises era pequeño y se dormía encima del teclado o perseguía el puntero por la pantalla.

Les dejo la puerta de la terraza abierta para que persigan estrellas por el tejado. Hoy ha refrescado.

No consigo pensar en nada más allá de las próximas dos semanas (y me pregunto el porqué).

domingo, 24 de julio de 2011

Todo lo que parece que puede acabar mal, acabará mal


El primer vídeo que colgué en este blog fue "you know i´m no good" the Amy Winehouse. Fue el 27 de febrero de 2008 y aquel día también escribí esto:

"Tal vez, en un lugar que aún no conozco, exista la posibilidad de dejar de perder, de levantar cabeza de una vez por todas; de poder mirarme y sentir que soy alguien normal; dejar a un lado al bicho, no estar enganchado a ella, mirar a los demás con algo distinto al odio o a la indiferencia, un lugar como el parque al que llevaba a Cris cuando era un renacuajo, me cogía de la mano y me llamaba por mi nombre, un lugar en el que no exisistieran las apariencias ni los prejuicios. Debería haber un lugar en el que no fuera necesario esconderse. Debería haber un lugar en el que la muerte no fuera la felicidad."

Aquella canción resumía la novela que estaba escribiendo, radiografiaba a "ella" de Moriría por ella con pasmosa exactitud. No la había escuchado antes y me sorprendió que encajara como un guante en la historia. Durante las siguientes doscientas páginas el protagonista, se debatía entre tratar de olvidarla y la esperanza de que ella volviera con él para siempre. Porque a veces uno cree que comprendiendo al otro encontrará la clave para que todo funcione, que en algún lugar escondido de la otra persona uno puede llegar a la herida y curarla.

Pero no se puede. Nadie cambia si no quiere cambiar. Y si quiere cambiar y cambia, uno, por el simple hecho de haber estado ahí pertenece a ese pasado al que ata una piedra y lanza desde un puente al fondo del río. Empezar de cero requiere sacrificios humanos, y en realidad "mueres por ella" cuando ella decide que empieza de nuevo mientras aún tú la quieres.

Si un gato tiene siete vidas ¿cuántas tiene el corazón? ¿Dónde está la frontera entre la esperanza y la estupidez? Y sobre todo ¿Por qué llegué tan lejos con personas que tenían un pasado tan problemático y un futuro tan entre ceja y ceja en el que yo no cabía?

Dadas las circunstancias y en vista de la experiencia entiendo que querer a alguien es una estupidez y confiar es un suicidio y es por eso que este blog se acerca a su fin. Entre el suicidio y hacer algo me propuse capitalizar mi experiencia en el tratamiento del agua. A ello me dedicaré hasta que, tarde o temprano, me encuentre con mi destino. El destino está escrito por todas partes, y se crea a la más mínima, cuando Amy decidió ser Winehouse convocó, probablemente, sin saberlo, ese alcoholismo. Donde ella apostó por su vino, yo apostaré por mi agua.

En cuanto al blog, siento que las cosas hayan sido así y siento las veces que me he podido mostrar brusco o desagradable, y todo el tiempo que me he escondido, que no he contestado, que no he querido dar el paso de conocernos en persona. O de seguir viéndonos si ya nos conocíamos. No quería jugar o contagiar a nadie esta misantropía, esto en lo que me he ido convirtiendo.

A pesar de ello creo que, como en los videojuegos, aún me queda una vida. La gastaré pero no aquí.

Os deseo tanta suerte como tristeza y rabia yo siento. Eso significa que seréis muy afortunados.

sábado, 23 de julio de 2011

Todas las gotas saladas del mar


A todo esto mi vida transcurre entre proyectos que llegan y olvidos varios, entre sorpresas no tan increíbles como yo creía; tratando de encontrar una salida, la salida me encontró a mí buscándola con su luz de emergencia encendida encima de la puerta, y yo que creía que todo esto iba a ser otro paso hacia la nada y mira, pues nada, que sigo caminando aun por encima del aire. Y anoche la calma. Y tú no sé dónde.

Y a veces me da por pensar y se me ocurren ideas extrañas. Y viajo hacia ninguna parte y hacia todas al mismo tiempo. Y yo aquí escribiendo cosas que no van a ninguna parte porque claro, lo que va a alguna parte no lo muestro, vive entre las páginas de la novela seria, porque la otra, la cómica sólo me sale de vez en cuando, y no sé ni hasta dónde ni hasta cuándo voy a vivir en esta tierra de nadie ni con estas estrellas por cobijo, ni si habrá una entrega pactada o moriré a bocajarro de la última consecuencia de tus labios.

Tu voz se me resiste. Creo que una vez estuve a punto de hacerla mía, pero entonces algo ocurrió y nos despegamos, como dos polos magnéticos del mismo signo volvimos cada uno a su guarida. No sé por qué pienso esto ahora, será que es sábado, la luz del sol golpeará la terraza con su martillo de rayos, quizá alguna nube novata llueva, yo estaré deshojando palabras de agua sobre el teclado.

Anoche me fui a dormir a las 3:30 h, he traducido la web al inglés (mi inglés es como el de tarzán... engawa= vámonos, simba=león, yuyu=peligro... por ejemplo, frases cortas: engawa jane! en mi inglés de Hosfor significa algo así como "venga, va, quítate la ropa") Pues eso que ayer me fui a dormir a las tantas por tener web en inglés y hoy escribiré a un industrial extranjero para que crea que podemos trabajar juntos. El plan es bueno y además, me he ido moviendo tanto que ya está a punto de cuajar todo. El 1 de septiembre estará todo listo. Palabra. Tengo tanto que aportar...

Equipo de depuración de aguas... dios, está aquí mismo. Lo tengo en la palma de la mano. El diseño... todo! las pruebas están dando muy buenos resultados... pero yo sigo ahí, si tuviera un mínimo de cash para empezar a homologar los equipos...

Creo que estoy frente a algo muy grande, que va a ayudar a mucha gente pero antes... antes debo poner las bases para que continúe en el tiempo.

Si alguien conoce a alguien que maneje inversiones y quiera que ésta no sólo sea un negocio si no que el proyecto pueda ayudar a mucha gente (sin ser una ONG), esto es lo mejor que va a encontrar.

web: www.acpsl.com

(si alguien sabe cómo centrar la página para pantallas grandes, es lo que tiene hacerse la página uno mismo sin saber nada y con el Microsoft Publisher, le agradecería me lo dijera).


No sé cómo pero vamos a hacer un mundo mejor, un mundo donde el agua llegue a todas partes en condiciones. Palabra.

jueves, 21 de julio de 2011

La paradoja vs. la fuerza del destino


El Universo es una paradoja. A veces te da una patada tras otra y otras te da una bolsa de caramelos. Y entonces uno piensa "¿Por qué quien te da patadas luego te da caramelos?" y claro, uno desconfía y mira la bolsa de dulces y se pregunta, y se detiene, y examina uno a uno todos los colores e incluso hace radiografías o fotocopias, acude a expertos en caramelos y en patadas y saca conclusiones...

Ayer me ofrecieron una bolsa de caramelos. Una gran bolsa de caramelos. Porque de donde me dieron patadas supe y quise quedarme con lo bueno. Y no es cuestión de nadar y guardar la ropa. Se trata de seguir con el sueño del agua, se trata de aceptar que al final la vida es una sucesión de patadas y caramelos y, sinceramente, aunque sepa que las cosas pueden salir de mil formas distintas, siempre tendré claro dónde está ese lugar en el mundo al que quiero llegar.

Luego está lo de las casualidades y las personas con las que te encuentras, las coincidencias, las palabras y sus inaudibles nudos, la fuerza del destino que sólo premia a los osados, los sacrificios humanos, los adioses, las lágrimas, el insomnio, la incomprensión, las patadas en el culo... los abrazos, las miradas, algunos silencios, la calma, los caramelos de limón, de mandarina, de naranja...


... de anís.

martes, 19 de julio de 2011

Apocalípsis total



Si vuestra sensibilidad os gobierna ruego desistáis de seguir leyendo esta crónica de cómo yo, Antonio de las Cuevas, conquisté Jerusalem con un sólo hombre y desde la Condal villa de Barcelona. Tendré a bien si son cautos al conocer los hechos y entenderé que no los crean de alguien como yo porque ¿qué son las crónicas sino un relato infame en las que el protagonista ejerce algún poder sobre el cronista? Es una pregunta retórica. En fin, paso a relatar los hechos como de verdad sucedieron.

Estaba yo visitando la Condal villa de Barcelona, era primavera y gozaba la ciudad del encanto de las avenidas abaldosadas de tullidos y limosneros para asegurar la salvación de los barceloneses; dios, en su infinita sabiduría había derramado gracias divinas por los barrios de pescadores en forma de brasileñas en tanga y argentinos e italianos con gafas de sol a la última. Se respiraba paz y la brisa movía las hojas de los plataneros de la Gran Vía de les Corts Catalanes acariciando con su rumor la piel dura como la de un rinoceronte de una Barcelona que, ensimismada y mirándose el ombligo, horadaba los bolsillos de turistas achancletadamente felices de vivir Gaudí pon un módico precio.

Ocurrió que acudí a una fonda regentada por infieles. ¡Ah, si lo hubiera sabido! A alguien cristiano como yo, que se mantiene puro y lleva diez meses alejado del contacto con el agua o el jabón, era de esperar que aquellos hijos de la noche le tuvieran preparada una trampa y, acechados tras su ladina sonrisa me ofrecieron una comida no cristiana a base de verduras, cuando es bien sabido que es nociva para la fortaleza de espíritu, la fe y todo eso.

Bebí el mejunge llamado Gazpacho, probablemente hipnotizado y repetí como veinte veces ya que su porfía no tenía límites. Bufett libre lo llamaban. Yo bufé nada más salir del establecimiento y sonando por Passeig de Gracia como una calabaza llena de agua me dirigí al suburbano y metropolitano transporte ferroviario. Cuando sin venir a cuento y de entre las sombras (raro porque eran la hora tercia de la tarde), un hijo de Barrabás me abrazó por la espalda a la altura del ombligo al grito de "ya te tengo". Confirmé que la autoridad estuviera cerca de mí para elevar una protesta urbana pero resultó que quien me tenía asín cogido era su representante más distinguido: el ex-alcalde.

_ Caballero, confundióse _ le dije mientras decía para mis adentros_ este gañán quiere facerme doncella.
_ No, no confundíme _ me dijo.
_ Noble señor, soltáme_ le dije sudando.
_ No soltallo quiero_ respondió apretando más fuerte._ Vos sois quien apedrea el buen nombre de esta ciudad.

Quizá fuera verdad pero eso no importaba en ese instante. La presión de su abrazo despertó al demonio que se había introducido en mí a través del Gazpacho y el bicho gritó como loco y se puso a buscar una salida de mí pues se había dado cuenta de que habitaba un cuerpo virtuoso y puro. Y el demonio abandonó mi cuerpo con gran estruendo de exorcismo, varios ángeles se asomaron desde las nubes para ver tal grandeza, algún diablo asomó levantando la tapa de alguna alcantarilla, vibraron los vidrios, se partió y precipitó alguna gárgola de la catedral, descarriló el metro, despertó de su sueño el funcionario de la estación de detección de terremotos de Tokio.

El demonio quedó atrapado entre el ex-alcaide y yo, y con gran fuerza luchó por desprenderse del contacto con nuestros cristianos cuerpos. Al virtuoso buenhombre se le resbalaron las manos agarradas a los antebrazos opuestos. La deflagración se oyó a dos días de camino en burro (unos sesenta kilómetros) y el ex-alcaide salió disparado hacia atrás con gran ímpetu, agitando brazos y piernas, volando a treinta centímetros del suelo por las Ramblas rumbo al puerto. A la altura del Gran Teatre del Liceu rompió la barrera del sonido y al acabársele la tierra firme prosiguió su camino rebotantdo sobre el mar como una piedra plana sobre la superficie de un río, alejándose mar adentro, despidiéndose como un mártir frente a un destino incierto (blafemando a grito pelao), se cruzó de brazos y piernas y siguió rebotando sobre sus posaderas hasta que se le perdió de vista.

Chamuscado y aturdido, con las hojas de los árboles lloviendo sobre los asombrados turistas (y en ese mismo momento desprendidos de sus bolsas repletas de denarios por silenciosos y amables carteristas), me dirigí al puesto de socorro más cercano y les relaté los hechos causando gran interés y alborozo, hasta que el gran archiduque de Bomberos llegó y dijo "ya basta de cachondeo. Y usted, vístase y a su casa". Acabaría aquí la crónica si no fuera por dos hechos aparentemente aislados que de aislados tienen lo que yo de cuerdo.

Uno. Varias horas después del suceso, el galeón "Los Chunguitos III" de bandera de conveniencia boliviana y que transportaba incienso y mirra hundióse rápidamente. Interrogada la tripulación, un marinero relató que vió acercarse una piedra gigantesca rebotando sobre el agua y que venía diciendo "apartarsus", colisionó contra el casco del galeón por estribor y salió por el otro lado susurrando "vaya hostia me he dao" siguiendo con su rebote sobre las aguas.

Dos. Dos días después del suceso, en Jerusalem, un extraño vendabal asoló la explanada del templo y algo se incrustó en el muro que queda del palacio del Salomón. Desde dentro del cráter se oían lamentos. Los allí presentes empezaron a orar frente al muro de las lamentaciones, tradición que aún se conserva.

Ruego aprecien esta rigurosa (y algo escatológica) crónica y liguen cabos, apreciando la buena cosa que es ser un buen cristiano. Espero que después de este relato no me entreguen a las autoridades.

En sus manos quedo.

A D L C


PS: DEdicado a mi musa Monica Bellucci, a quien siempre llevo en mi pensamiento (y en un dispositivo atado a mi tobillo que pitaría como un salvaje si me acercara a menos de quinientos metros de ella.)

lunes, 18 de julio de 2011

Beso


Abriremos el mar con un cuchillo y le sacaremos los secretos uno a uno, todos los naufragios con sus tesoros, toda su sal grano a grano, las escamas que le brillan debajo de la mojada piel al sol cuando atardece, le sacaremos esqueletos de dinosaurios marinos, la canción que cantan las sirenas, los susurros con los que le cuenta el viento qué hay en tierra firme. Abriremos el mar cuando nos abramos el uno al otro las bocas y se mezclen nuestros océanos de manos con las dunas desérticas de nuestros cuerpos.

Y entonces... cobrará sentido esta lluvia, que nos entristece, que se lleva la luz cuando cerramos los ojos, que nos moja piel adentro, por eso añoramos la lluvia gris plomiza, por eso nos huele tan bien las primeras gotas cuando se suicidan contra el suelo. Tendrá sentido este bochorno que hace de mil palabras una sola, que te desnuda a primera hora de la tarde, que no conoce nuestros nombres y aun así nos nombra, que me empuja a abrirte la blusa y sentir como te vuelves vulnerable a las yemas de mis dedos, a la voz de mi voz más canalla.

Abriremos el mar para cerrarlo luego, dejaremos intactos sus corales y sus peces, el mapa tectónico de sus cicatrices quedará de nuevo en secreto, devolveremos sus naufragios y sus tesoros, a todos sus dinosaurios, haremos oídos sordos a todo eso que pudimos escucharle al viento. Porque nada queda, todo se seca y se deshace como un sueño, todo lo que pudo haber sido pertenece al fondo del mar y todo, al mismo tiempo, cabe en un solo beso.

sábado, 16 de julio de 2011

Mariposas amarillas


Vivía colgado de algo intangible que emanaba de ella, algo etéreo y consistente al mismo tiempo, vivía entre mr. Hide y el Dr. Jeckill, en el vapor de agua que se condesaba algunas mañanas al salir de su boca, en la línea con la que los niños dibujan el horizonte cuando pintan una puesta de sol, es decir, vivía en la nada, en una promesa implícita pero nunca formulada, respirando el aire contenido en una burbuja a punto de estallar. Sobrevivía ahí, como los habitantes de San Francisco, a sabiendas que sin avisar, un buen día, algo arrasaría mi vida. Seguro que, de sobrevivir, no volvería jamás a ser un hombre sedentario. "Lo sabías, te lo dije". "Lo sabías, lo viste en las cartas". Pero soy de esa clase de hombres que creen que van a poder con todo hasta que un buen día ese todo resulta que es demasiado.

Aprendí a escribir a escondidas, en el país de los números las letras no valen nada, me senté delante de un montón de papeles viejos y destilé un líquido amargo y negro con el que rellenar el cuenquito donde dar forma a lealtades efímeras. Las letras si no son convertibles apenas valen nada, los sueños son un árbol de miles de ramas que no dan frutos. Uno aprende cada día, con cada palabra, a cada imagen que es soñada las estrellas la preñan de destinos, un día no es nada, pero uno tras otro lo son todo, y como ya dije, un día ese todo, es mayor que la suma de sus partes.

Durante estos tres años escondí muy poco, he abierto la puerta (o la ventana) de lo que soy, ahora que se acerca el final, ya empiezo a añorar algunos momentos de los que ya formas parte. Me has leído con el filo afilado con que me disecciona y piensa, eso de ti que elucubra y me juzga. Aunque ahora ya no importe, si hubiera tenido la capacidad de querer, te hubiera querido pero de verdad que no he podido. Quizá fue la distancia o que te quería demasiado para poder quererte, que yo estaba seco o que pensé que te iba a ir mucho mejor sin mi.

Sin mi es mejor.

Y aunque no lo sepas, de ti aprendí cosas muy sencillas que ahora me son imprescindibles, fotografías que hacías, esa manía tuya de escribir desde el centro disperso de tus anhelos. Esa vez que me llamaste y yo no estaba, esa vez que te llamé y no estabas tú.

Duende


Nunca oiré su risa, ni le escribiré cuentos ni se los leeré por la noche junto a su cama, no me cogerá la mano para cruzar la calle, ni esperaré despierto hasta que se duerma, no oiré mi nombre en su voz ni en mi voz sonará el suyo. Se perderá el destino en el limbo a donde van las relaciones que nunca supieron ser. Pero de algún modo que no puedo explicar sé que nuestras vidas estarán ligadas para siempre por una línea discontínua de los "pudo haber sido" y soñaré sin recordar los sueños y enfermaré cuando enferme, me entristeceré cuando esté triste, me alegaré cuando ría.

jueves, 14 de julio de 2011

La felicidad interior (in-felicidad)


Al principio creí que la felicidad era un trayecto, luego pensé que quizá era una estación de metro, acabé conformándome con soñarte y mientras tanto, se hizo de día, me miré en el espejo y me vi cien años más viejo, nunca quise hacer caso a los espejos, siempre fueron como esos pasillos a oscuras que hay que atravesar con la idea de que alguien puede venir por detrás y acabas corriendo. Correr. No se puede huir de los espejos, no hay dónde esconderse de ellos. Están por todas partes. Están dentro de mi cabeza, observándome continuamente.

Al principio creí que esto iba a ser más fácil pero no contaba con que yo siempre fui alguien difícil, un erizo de mar en un saliente, una concha en el mar de los sargazos. Todo el mundo cree saber quién es uno pero, a veces ni siquiera uno sabe ni quién es él mismo, el bicho es más listo, el bicho sabe del porqué de este no querer saber nada de nadie, de esta soledad autoimpuesta.

Hoy está nublado, amenaza lluvia, hoy sería un buen día para aprovechar la inercia y acabar con esas cosas con las que no puedo ver, oír, sentir, pensar. Hoy es un día en el que el gris debería teñir de gris la vida que tendré a partir de unos días. El proyecto del agua sigue pero a menor ritmo. Si mi familia, mis amigos, fueran Europa, yo sería Grecia o Irlanda: la vida es así, estos tiempos son así. Me siento y pienso, y hago proyectos que me pagan mal y tarde, todos los días son para mí un reto, ya casi no echo de menos a nadie.

Levantarse era esto, en unas entradas desaparecerá todo, será como si nunca hubiera existido. A veces es mejor así. A veces me gustaría cerrerlo antes de tiempo. Pero no sé (o no puedo).

Y ahora sale el sol por una rendija entre las nubes, lentas como las frases de un borracho, sale el sol pero yo ya no estoy aquí. Quizá este blog nunca debió llamarse como se llama, quizá hubiera debido llamarse algo que tuviera que ver con flores amarillas.

miércoles, 13 de julio de 2011

Iniciando la inmersión


Devoro entradas como quien come palomitas en el cine, casi sin querer y esperando a que se acaben o que no se acaben todavía. Supongo que no puedo dejar de escribir y al mismo tiempo sé que debo dejarlo de una vez por todas, que esto se ha convertido en un hábito casi dañino, una suerte de palabras, unas detrás de otras, sin sentido.

Cada día que ha pasado he sido un día perdido, cada entrada una oportunidad perdida para lograr conmoverte, a veces me siento como un náufrago que hubiera ido talando todos los árboles de la isla para encender hogueras por las noches. Solo que yo sólo quemé palabras, las palabras arden bien y hacen humo. Pero no pudo ser. La vida es más fuerte que las palabras y tú tienes eso que a mi me falta.

Quizá algún día, tarde ya, pienses en mí y en todos los vanos intentos de susurrarte estrellas, reconozco que con voz casi inaudible como el crujir del universo por las noches, como un papel que se arruga lentamente. Quizá algún día te detengas y leas esto y te preguntes que para quién escribí todo esto sin saber que lo escribí para ti, para ese preciso instante en el que entraras y te preguntaras ese por quién.

No sabrás que dejé mi correo electrónico para que me escribieras, ni que exploré toda clase de estilos, no sabrás ni hacia dónde ni hasta cuándo, ni cómo ni por qué, estiré las letras o soñé despierto bajo la luz del sol o sobre el cemento de las abaldosadas aceras de subnomadías inventadas, tránsito de mis pies y mi cabeza, por las veredas que dejan las huellas invisibles.

En cualquier caso, siempre estuvo ahí esa maldita distancia, decirte adiós se me hace incomprensible en esta lejanía, en esta asincronía nuestra que ni coincidir sabe o quiere.

Nunca tendremos nada en común.

Cuando me vaya ¿dónde estarás tú, haciendo qué y con quién?

Y aunque no lo entiendas, y puede que hasta no llegues a leer esto nunca, me voy porque empiezo a no soportar el peso de mi piel sobre los huesos del tiempo, porque esperar es una fractura que necesita soldarse.