sábado, 30 de octubre de 2010

Me lo paso tan bien a tu lado...


Supongo que no tengo nada qué decir, que no quiero exprimir más el pasado, que no me arrepiento de nada de lo que he hecho, de nada de cómo soy ni de cómo me he comportado, que si tuviera delante de mí al niño que fui sólo le pediría perdón por esta mala elección, por no dar con la gente correcta, por enamorarme de quien no debía. No me arrepiento de nada más.

Soy quien quiero ser.

Soy quien quise siempre ser.

Nadie puede reprocharme que no lo diera todo, en todo caso que me olvidara de mí mismo, que me quedara a medias en el trayecto de lograr lo que todo el mundo dice que debería lograr sólo con el talento.

Hace tiempo le dije a alguien que perdía ella mucho más que yo. Puede parecer soberbia. Pero no lo es. Creo que empiezo a saber qué clase de hombre soy y no me cambio por nadie del mundo. Sé quien soy por dentro, qué es lo que me mueve... y todo lo que veo es noble. Lo haré mejor o peor pero... ¿sabes? Se lo debo al niño y adolescente que fui, que supo leer el mundo y no quiso aceptar que tenía que ser como los demás. Sí, soy distinto, busqué (y sigo buscando) el camino para dar cabida a la creatividad, apuesto por tratar de hacer reír a mis amigos...

No lo dudes. Busca a quien te haga reír. La mediocridad necestia poner cara de malas pulgas para disimular, el que se ríe de sí mismo no necesita esconder que es lo que es.

Lo extraordinario en el ser humano es la risa, el humor; la inteligencia se demuestra con la risa.

La risa de dará alas. Y aunque siempre habrá alguien que te las quiera cortar, siempre tendrás la posibilidad de salir volando antes.

Y perdonad si alguna vez los tres (el niño, el adolescente y el hombre que soy) estamos tristes. Ninguno, afortunadamente, somos indiferentes a la decepción.


domingo, 24 de octubre de 2010

Las olas del tiempo


Esta vez no. Esta vez no voy a caer. No voy a caer para tener que levantarme dentro de dos o tres meses. No. Esta vez no. Esta vez no.


A veces siento que voy a desmoronarme, que me voy a deshacer como un castillo de arena, pero entonces recuerdo que no todo fue culpa mía o que lo fue todo tanto que no merece la pena pensar en que pude arreglarlo. A veces me doy la vuelta y regreso a los días en los que tuve la sensación de que fui feliz pero la felicidad es una cronista de pena, siempre fue ella la protagonista, el pasado siempre fue mejor y el presente sólo un instante, un instante que la calumnia sin fundamento.


Mi presente es éste. Domingo por la tarde, estudiando para el examen del viernes, solo. Demasiado tiempo solo, demasiado tiempo sabiendo que la compañía de los demás es un bien demasiado preciado. Oscurece pronto, se hace de noche y la noche me trae recuerdos, cada día menos, cada día más difusos. En otro tiempo me desharía y me diluiría en las olas del tiempo pero ahora ya no. Ahora voy empezando a asimilar todos los golpes que los últimos meses. Me pregunto cómo pude aguantar, cómo pude seguir cuerdo y al mismo tiempo buscar una salida. Una salida que a día de hoy me permite seguir sobreviviendo.


A veces pienso que soy débil y otras veces pienso que soy increíblemente fuerte: que soy débil porque a veces me puede el miedo, la desesperación, me bloqueo... y fuerte porque siempre acabo encontrando una salida, un plan, una fuente de recursos, y casi siempre solo, demasiado solo.


La gente va y viene. La gente vamos y venimos. Nadie se queda. No importa, supongo que así es la vida.


viernes, 22 de octubre de 2010

Viernes hueco


No sabría qué decir.

Hoy el día es hueco. No sé cómo explicarlo de otro modo. No está vacío. No es lo mismo vacío que hueco. Un vaso está vacío pero no hueco. Hueco está lo que parece sólido pero no tiene nada dentro, en apariencia es algo totalmente cerrado. Pues eso.

Esta mañana he ido a visitar a un cliente, hasta me he reído un poco, pero la verdad es que creo que estoy animado a base de cafeína. Mmm... cafeína: buena. El caso es que saber que hoy no hablaré con Ana (ayer no lo sabía, lo fuí sabiendo a medida que el teléfono no acababa de mostrar su nombre en la pantalla) me distrae. Que me distraiga en horario de trabajo no es demasiado habitual, esta semana quizá lo he hecho más porque ni mi jefe ni mi compañero están. Trabajar solo muchos días seguidos es un poco una mierda. No sé cómo he podido aguantar casi dos años así y sobrevivir.

En dos meses más o menos tendré acabada la primera novela. Puede que para abril o mayo tenga ya la segunda. La verdad es que me cuesta creer que esté dando un impulso tan grande a algo que me costaba tanto. Es cierto que pierdo horas de sueño y que no tengo tanta vida social como quisiera pero creo que es mejor así. Es algo que hasta ahora tenía pendiente y ahora lo que quiero es ponerme de verdad, sumergirme en la historia, estoy escribiendo mucho más de lo que había hecho antes, incluso en el blog puedo abrirme un poco más.

Imagino que todo forma parte de un proceso. Creo que el hecho de ponerme en marcha de nuevo después del verano tan frustrante que pasé, después de darme cuenta que me relegaban a un papel testimonial en la empresa que yo había ideado y ayudado a fundar y después de tener que decidir decir adiós a E, y que ambas cosas pasaran al unísono, me hundió hasta extremos que ni yo mismo sospecho.

No sé si alguien se da cuenta de lo duro que resulta decidir decir adiós a alguien a quien quieres mucho. Si te dicen adiós te jode porque eres tú el dejado, el despreciado pero ser el dejado y encima tener que ser tú quien además tenga que tomar la decisión de cortar toda comunicación es muy jodido. Me sentí muy culpable por hacerlo porque es como decir "no quiero saber más de ti" pero no podía soportar más mentiras y silencios.

Saber de E. a través de terceras personas no me ayudó demasiado. Pero ahora creo que por fin he encontrado ese oasis en el que me siento a salvo y lo empiezo a ver como algo un poco más lejano y mi vida transcurre entre el trabajo, las novelas, cursos, proyectos y largas caminatas.

Saber que en su presente probablemente me habrá olvidado del todo, que en su pensamiento quizá ocuparé 0,001% cuando hable con algún conocido que tenemos en común, me duele, pero me duele sobre todo que yo fuese parte de su infelicidad y que cambiara esa realidad por otra y me lo hicera saber de una forma tan, cómo diría... presencial.

Ahora voy a seguir trabajando, quería pasar cinco minutos y casi me he ido a los diez.

jueves, 21 de octubre de 2010

Inevitable


Me he cortado el pelo muy corto. Me paso la mano por la cabeza y noto los cabellos duros y en punta, cercenados como el bambú a ras de suelo, como el papel de lija con el que alisé las paredes de su casa.

Ana y Albert han vuelto. Lo sabía ya esta tarde cuando sonó el teléfono. Ninguno de los dos nos habíamos llamado durante el día, un día que se me hizo silencioso y lento, pesado y sediento, largo, muy largo, un día de más de cien horas.

Cuando llamó yo ya sabía qué me diría y ella sabía que yo lo sabía, que su silencio era el amigo enemigo chivato con el que uno nunca cuenta durante los días locuaces. Me lo dijo con tristeza, como si se le hubiese muerto el gato después de una larga agonía, como si estuviese haciéndome algo malo, como si hubiésemos hecho un pacto de sangre y no pudiera cumplirlo.

Le dije que estaba bien dar oportunidades a quienes se arriesgan a pedirlas, que si lo hace es porque cree que esta vez va a salir bien, que Albert esta vez olvidará sus celos hacia ella y dejará de enviarse mensajitos con desconocidas. La gente cambia, le digo. La gente madura.

Sé que no la veré en una buena temporada, que ella no me llamará y yo la llamaré exactamente cada quince días, el lunes a las siete de la tarde, nuestros lunes al sol telefónicos, los lunes deshechos como un muñeco de plástico en el microondas.

Podría haberme puesto triste. Pero esta vez decidí que no, esta vez pensé que vería la parte positiva, que había pasado unos días bonitos, riéndome a carcajadas, llenándome los bolsillos de optimismo como un niño invisible en una tienda de chucherías. Y pudiendo pensar que qué mierda pensé que qué días tan grandes he pasado, en lugar de pensar que la echaré de menos me obligué a pensar que esos días no me los podrá quitar ya nadie.

Porque el pasado no puede cambiarse ni para bien ni para mal. Y en mi sala de montaje yo elijo las escenas, y elaboro guiones y corto fotogramas... y me miento, sobre todo me miento porque si de algo sé es de mentiras.






miércoles, 20 de octubre de 2010

Comida con I.

Este mediodía he comido con I. Me llamó a eso de la una y me dijo que estaba cerca de donde yo trabajo. Fuimos a un restaurante que ella conoce. "Te invito yo" me dijo a sabiendas que iba a poner reparos en ir precisamente a ese antro de lujo y modernidad.

Hace cuatro años que no nos vemos. "Estás más delgado" me dice nada más verme. "Yo te recuerdo igual" le digo pensándolo de verdad. Está igual que siempre, cuando pienso que esta mujer de mirada serena quiso que yo fuera el único hombre de su vida no puedo hacer otra cosa que estremecerme, supongo que fui un estúpido o tal vez pensé que ella estaba confundida, que yo no era el hombre que ella pensaba que era. Pero si lo pienso fríamente creo que I. ha sido la única persona en el mundo que me aceptaba como era. No quise hacerle daño. No, no quise. Lo juro. No pensaba que me quisiera, sólo creí que le gustaba como escribía, que en realidad se había enamorado de mis palabras.

"Antes de nada.Toma, tu novela. Acábala. Es original, tú sabes que es original y que es buena" me dice dejando ciento sesenta folios encima de la mesa. "Tu gran error es creer que cualqueira puede escribir algo así, y puede que sea cierto pero resulta que lo has escrito tú y no hay nada que se le parezca. Admite de una vez que los demás tenemos razón y eres tú el que está equivocado". Me gusta su tono de voz. "Enfadarte siempre te sentó bien, I. Me gustaría que te enfadaras así conmigo más a menudo" le digo con sorna. "Enfarse contigo es como enfadarse con un cachorro que se ha meado en la alfombra. No sirve de nada, al final piensas que al fin y al cabo es una misma quien lo ha metido en casa" me dice.

Hablamos, recordamos, le pregunto por su vida. No quiere hablar de ella. Le hablo de A. y sonríe. Le gusta A. y a A. le gusta I. Siempre fue así, como una hermandad de gente sin ganas de que los entendieran, con ganas de hablar con franqueza, como si al no tener una idea clara de lo que queríamos huyéramos de los que tenían las cosas claras y encontráramos refugio en los de nuestra misma especie.

De pronto dice "Tú nunca creíste que tu me gustaras. Pensabas que eras un capricho ¿verdad?". No sé qué contestarle, ahora, con la perspectiva del tiempo diría que sé que no fui un capricho, pero entonces quizá sí lo pensé aunque sintiera que no.

"¿Sabes qué me gustó de tí? Nadie se me había sentado al lado, toni, nadie se había dado cuenta antes de lo sola que me sentía ni me había entendido. Estaba acostumbrada a que los hombres trtaran de comprarme, a conquistarme, desde los trece años. Y apareces tú y me cuentas lo mismo que yo siento, y no quieres nada de mí y yo... mi piel se erizaba nada más la tocabas, eras dulce conmigo, nunca he sentido nada tan sagrado como la primera vez que tú y yo nos metimos en mi cama. Y sé que nunca sentiré nada igual. Por eso no pude perdonarte que te fueras. Eras la esperanza de que el mundo fuera algo distinto a lo que estaba acostumbrada. Me daba igual que fueras un técnico del tres al cuarto" "Mujer, tampoco hay que..." interrumpí yo. "Sí, escribes bien pero como ingeniero eres como para no darte un proyecto, hijo".

"¿Sabes toni? Durante mucho tiempo pensé que me habías condenado a haber conocido aquello y perderlo para siempre. Y no era justo. No pude odiarte, sólo añorarte. Y eso es una mierda. Añorar es una tortura".

"Lo siento de veras, quizá no te entendí lo suficiente" dije mirándole a los ojos. "Sí lo hiciste, pero pasa como cuando escribes, lo que para tí es algo natural para otros es extraordinario". Empiezo a cansarme un poco de que la gente me diga que escribo bien. "Te digo que lo siento, probablemente ahora sí me daría cuenta, no sé, las cosas al final tomaron su rumbo, tú te casaste con C..." "Me importa una mierda C." me interrumpe "nunca quise a C., y siempre he tenido la sensación de que tú me condenaste a él, que en el fondo me dijiste véte con él". "Sabes que no es cierto" le reprocho. "¿Estás seguro? Él podía darme todo lo que tú no podías" me dijo enfadada. "Conmigo hubieras sido pobre, con C. tenías todo lo que se puede desear..." "No te enteras, lo que tenía contigo era lo que deseaba desde siempre" me dice "¿cómo se puede ser tant tonto?".

Comimos entre reproches pero en los postres volvimos a recordar cosas buenas. I. me dijo que había cambiado y yo tuve que darle la razón. "Desde que E empezó a dejarme y los bancos a atraparme, reconozco que me he vuelto una sombra de lo que fui. Decepcionada supongo" le sugiero. "No, sólo te falta respirar, disfrutar como antes. Te hace falta amar la vida y no soportarla. Quedaremos más veces" sentencia. "No sé si es buena idea" le digo "No creo que a C. le haga gracia". "C. y yo hace tiempo que no tenemos nada que decirnos, eso no te lo voy a reprochar a ti. Bueno, sí, en realidad nunca tuvimos nada que decirnos".

"Entonces no sé si es buena idea por ti ¿Qué quieres exactamente?" le pregunto. "No lo sé, toni. Sólo sé que necesito verte y que tú necesitas salir de ésta".

Llamada 2


Toda la mañana de culo en la oficina. Estoy solo y el mundo se ha empeñado en arrancarme de mis casillas de cuajo. Respondo correos, intento concertar citas, resulta frustrante el número de las que consigo: cero. Es una lástima, pienso, que esté haciendo este trabajo cuando puedo desarrollar otro más acorde con lo que soy y quiero. Pero éste me paga las facturas de momento, me concede el beneficio de sobrevivir más días. Expectativas frente a realidades. Sigo haciendo llamadas... pero no consigo reunir el suficiente valor para llamarla a A.

Quizá sea lo mejor, quizá sea lo más acertado, pero no puedo dilatar ese momento hasta el infinito. La llamo. La llamo y ella coge el teléfono.

¿Cómo te fue? le pregunto. Ella dice que no lo sabe. Que por una parte vio a Al más amable, mucho más decidido a intentarlo, pero por otra parte ella ya no era la misma que era cuando lo dejaron. "Pasaron muchas cosas y ¿sabes? va a ser lo de siempre. Volverá a verse con otras y con el tiempo me exigirá que le demuestre dónde he estado. Ahora está así porque él es así pero luego se volverá de la otra forma". "¿Estás segura?" le pregunto mordiéndome los labios.

"No. No estoy segura. Quizá sea verdad que haya cambiado pero no sé, ayer supe que no quiero a Al, lo supe en cuanto repitió dos o tres frases. Está vacío, toni. No es como nosotros. Es una fachada, un personaje que se ha construido y que habita porque le da la seguridad que no tiene en él mismo. ¿Sabes? yo no quiero un autómata, quiero un ser humano que dude, se pregunte, que sea capaz de querer a alguien más que a sí mismo, que no ponga por delante normas sociales por delante de sus deseos. Que me quiera, joder, que se preocupe por mí, que me coja la mano, que me venga a buscar al trabajo de vez en cuando, que tenga sentido del humor, que me haga reír, que me ayude y se deje ayudar, que persiga un sueño y que incluya en él los míos".

Creo que para esto no estaba preparado. No sé qué decir. Podría decir que si está ciega o qué le pasa pero sé que no es el momento, le digo que lo siento, que la quiero mucho y que sé que será feliz, que hace bien en no conformarse con la vida que tendría junto a Al. Le digo que llegará el día en el que ni se acordará de Al. Le pregunto que si quiere que quedemos después del trabajo.

"No" me dice "he quedado con Al".

Mierda.

"Voy a decirle que es mejor que lo dejemos tal y como está" dice con convicción.

"¿Es necesario quedar con él para decírselo?" pregunto nada inocente.

"Creo que lo mejor es mirarle a la cara y saber que no siento ya nada por él" dice mientras a ninguno de los dos se nos escapa que le está dando una última oportunidad para convencerla.

"Está bien" digo.

"Y tú, ¿cómo estás?" pregunta.

"Confuso. ¿No te ha pasado nunca que nada te sale como pensabas? Pues eso".

Llamada


Me llama A, no puedo extenderme porque estoy ocupado en ese momento, le digo que la llamo luego, que no puedo hablar (es la verdad). Le pregunto que si todo bien (ella me dice que luego hablamos).

Estoy preparado para cualquier caso, tener diferentes soluciones te prepara para cada una de ellas. A mí se me daba bien el ajedrez de pequeño pero era despistado. Con doce años quedé quinto de no sé qué torneo de mi ciudad. Ahora recuerdo que fui profesor de ajedrez cuando tenía 22 años en un colegio. No se me daba mal, ahora que lo pienso.

También pienso que doy por sentado que estoy preparado. Y eso es una premisa un tanto arriesgada.

Expectativas


Me dice V que juegue al ajedrez, que me irá bien aprender a anticiparme, a dominar una táctica, a soñar con los pies en el suelo, a dar no dar por supuesto que conseguiré lo que quiero. Me dice que conseguir algo o no conseguirlo es, muchas veces, la línea con las que nuestras expectativas separan el éxito del fracaso.

Me dice que a expectativas realistas, más posibilidades de éxito, que a expectativas más fantasiosas o que no dependan de mí, más posibilidades de no tenerlo. Me dice que las palabras éxito o fracaso, ganador o perdedor son como losas que inscriben epitafios, que la vida es, muchas veces, encogerse de hombros y volver a intentarlo, que el mundo no se acaba cuando creemos perder algo valioso o no conseguirlo. Yo sonrío y me pregunto "¿estaré acostumbrado a vivir de sueños?" Luego me doy la vuelta y miro hacia mi vida y veo donde estoy y entiendo que fue una combinación de sueños y realidades, soy ingeniero, he tenido mi propio negocio, he aprendido a buscarme la vida, eso es realidad, tengo el sueño de ser escritor, eso es una expectativa. Pero estudié novela cinco años en el ateneu barcelonés, eso es realidad, pero no sé si mi forma de escribir tendrá éxito, eso es expetativa y de las que hacen temblar. Éxito o fracaso. Realidad o expectativas.

Me planteo algo más mundano. Me llamó A y me dijo que ayer quedó para cenar con Al (ya tiene guasa, cuatro meses sin tener noticias de él y va y aparece justo ahora). Yo le deseé suerte, sólo quiero lo mejor para A, sea lo que sea. La suerte es un eufemismo en este caso, cuando se trata de Al, pero no juzgo a A, yo mismo no tengo claro si volviera a aparecer E, qué sentiría por ella y en qué lugar del ránking estaría (sospecho que demasiado arriba para admitirlo en voz alta). Luego pensé en eso de las expectativas. ¿Cuáles son mis expectativas con respecto a A?

Expectativas: Me gusta A, me gusta lo que generamos cuando estamos juntos. Me gustaría que eso perdurase en el tiempo.

Hechos: No ha pasado nada sexual entre nosotros, sí que ha habido contacto, yo no me he atrevido a ir más allá, ella ha jugado a ir más allá pero como un juego. Segundo hecho: Ha ido a cenar con su ex, éste la ha llamado y ella ha dicho que sí a la primera (no se ha sentido bien haciéndolo o eso me ha dicho).

Cosas que pueden ocurrir.

1- Que hoy no me llame. Nos hemos llamado todos los días tres y cuatro veces los últimos diez días. Si no me llama hoy será porque no quiere preguntas. A buen entendedor pocas palabras bastan.

2_ Que me llame y me diga que se enrrolló con Al y que no sabe qué hacer ahora, que no sabe lo que él quiere. Lo interesante sería preguntarse qué quiere ella, pero no creo ni que se le pase por la cabeza.

3_ Que me llame y me diga que ha vuelto con Al, que éste le ha pedido que vuelva y ella le ha dado una... quinta oportunidad. Que me diga que gracias por estar ahí y por todo.

4_ Que me llame y me diga que entre ella y Al no puede haber nada más, que ya no siente nada por él, que han sido demasiadas cosas y ayer se dio cuenta.

5_ Que me llame y me diga que no quiere saber nada de hombres, que todos somos iguales y buscamos un folleteo rápido y con lo que tenemos más a mano.

6_ Que me llame tres o cuatro veces hoy, da igual para lo que sea.

Hay más posibilidades pero es que me canso de buscarlas.

Expectativas y distintos escenarios. ¿Estoy preparado para ellos? ¿Cuáles de estas posibilidades me gustaría? Una. Una entre seis. ¿Estoy preparado por si se da alguna de las otras? Supongo que sí y supongo que no. Que no me llamara me decepcionaría más si cabe. ¿Fracaso? ¿Éxito? No, simplemente la vida. No puedes controlar lo que te llega y lo que se va.

Escribiré otro post si me llama.

lunes, 18 de octubre de 2010

Gracias por el consejo


Me llama por teléfono. Estamos una hora y media. No podía cenar conmigo, mañana empieza temprano y acabaríamos a las tantas. Siempre se nos pasa el tiempo volando cuando estamos juntos. Hablamos y hablamos, de Al, sobre todo de él. Al ya es pasado, Al ya no tiene una segunda oportunidad, ya nada volverá a ser como antes, Al, Al, Al... y yo voy quitando los "nunca" y los "siempre" de sus frases y me queda un discurso vacío, de puerta del castillo abierta, de murallas hechas de arena.

Sobre mí vuelan pájaros de hierro que lanzan huevos de plomo, y de los que nacen polluelos de fuego. Mi corazón se resigna y se dice que las cosas que no han de ser no han de ser nunca, un "nunca" que sí se queda a vivir conmigo. Me pregunta por E, le contesto que tengo una corazonada y que me va a doler. Ella me pregunta y yo le contesto. "Tienes mucha imaginación, toni". Me río forzadamente, me río como se ríen los niños que no saben reírse ante un payaso.

Suena el teléfono móvil en su lado del hilo telefónico. "Es mi madre, te dejo". Y probablemente lo sea pero entonces recuerdo los "hoy es tarde, te llamo mañana", los "ahora no puedo" y entonces me vengo abajo, caigo sobre una piscina llena de mayonesa como si fuese un yunque oxidado.

Mantengo la calma, hago los ejercicios de los pensamientos distorsionados, respiro y me pregunto si Ch tendrá razón y sólo me gustan las mujeres que me entran por la vista, y entonces me pregunto si no habrá en algún lugar una cámara que me haya grabado a mi corazón desde el instante de mi nacimiento y si al rebobinar la cinta habrá un hilo conductor de esta soledad intermitente.

Al rato llama A. "No era mi madre, toni. Era Al". Yo no digo nada al principio. Luego pregunto que qué tal. A dice que ha recapacitado y yo digo que recapacitar es de sabios. A está triste. "Deberías estar contenta" le digo.

A da vueltas otra vez sobre Al y a mí esas vueltas me marean, me minan. Colgamos. No tengo ánimo para escribir. Y por primera vez en una semana más o menos me rindo, me rindo sin condiciones y a cualquier enemigo. Me rindo porque siento demasiadas cosas, porque el yunque soy yo y me estoy ahogando.


yo quería ese destino


A veces una frase en un contexto, dicha por la persona equivocada... me dice que algo pasa, que algo ocurre. ¿Soy un paranóico o tengo la capacidad de sentir cosas, de percibir? ¿Si he estado mucho tiempo junto a alguien puedo adivinar que le pasa aunque haga meses que no nos veamos? ¿Es percepción, es intuición o es una deducción lógica para alguien que combina la inteligencia y la sensibilidad?

Llevo días con una cosa metida en la cabeza. Y me pasa con una fuerza pasmosa. Como si fuera la realidad.

No debería afectarme ya pero...

Joder, tengo la sensación de que me han robado mi destino.

lunes por la mañana


A me llama esta mañana al trabajo, me dice que se lo ha pasado bien este fin de semana, que incluso le acabó gustando la película que fuimos a ver "Pa Negre" a pesar de ser muy dura. Yo le respondo que yo también me lo he pasado bien, que la cena del sábado fue como un punto de inflexión para mí, que gracias por estar ahí, por esos consejos y los ánimos.

A me dice que es su trabajo, que lo sabe hacer y que ella es así, que le gustaría que yo acabara la novela y me convirtiera en escritor, que es lo que en realidad soy, que le encanta leerme porque es como estar dentro de mi corazón y aunque eso a veces corta como cristales rotos otras veces es como vivir dentro de una gran esperanza, de una gran alegría.

No sé qué puede ver en mí, estos últimos meses me he sentido devastado por una gran tristeza y sin embargo ella sigue ahí, quizá al final sí existan personas que no defraudan, quizá al final, no todo el mundo salga corriendo sin mirar atrás. Reconozco que me cuesta confiar, como esas plantas marinas que las tocas y se recogen en un abrir y cerrar de ojos y no vuelven a salir hasta que el peligro ha desaparecido y mientras lo hacen, al menor movimiento, se vuelven a cerrar. Sin embargo, creo que A me conoce, lo que no sé es si realmente yo la conozco a ella.

Ella no pregunta cuándo volveremos a vernos, yo creo que ninguno de los dos se atreve. Lo pregunto yo y ella me dice que si voy a Barcelona podríamos cenar juntos. Yo le digo que vale, pero en verdad, no tengo que ir a Barcelona. Por una parte tengo la sensación de que me hago demasiadas ilusiones, por otro lado tengo ganas de dilatar el tiempo hasta el máximo. Además, me había propuesto escribir esta noche. Pero mi respuesta es "vale" y sin querer pienso en E, en lo mucho que nos entendíamos y en cómo un buen día se acabó del todo. Desde que pensé en E llevo toda la mañana temblando, quizá el test de 16 rasgos de la personalidad tenga razón y sea en extremo inestable, como la hoja de un árbol cuando llega el otoño, como equilibrista ciego, sordo, mudo ante su primer (y probablement único) espectáculo.

Pero no me voy a dejar vencer por el destino. El pasado es una herida abierta detrás de una puerta abierta, no sé qué cerrará primero, si la herida o la puerta, en todo caso, A me tranquiliza y sé que yo le divierto con mis ocurrencias, ayer se rió hasta no poder más cuando le conté que durante una época de mi vida era incapaz de bajar escaleras sin agarrarme a la barandilla, no era el hecho en sí, supongo, era la forma de contarlo.

A media mañana me pregunté si A había llegado a ese estado de madurez en el que dejamos de ser vanidosos y nos quedamos con aquello que de verdad nos hace sentir bien. O si, por el contrario, sigue aún pendiente de que los demás la admiren y la miren. Ayer, en la cola del cine o cuando paseamos por las calles del barrio no pude dejar de notar cómo la miraban algunos hombres y sé que sólo somos amigos pero, en cierta forma, me pregunté si podría soportar otra vez aquella sensación tan vívida que tuve hace unos meses y que a veces, como una serpiente que me muerde las tripas. Entonces me digo a mí mismo que tenga cuidado.

Hace un rato la he llamado. Me ha dicho que entraba en una reunión y me llamaba ella cuando saliera. Tengo que pensar una excusa porque no tengo un motivo concreto para haberla llamado.

Quizá sólo nos estemos curando el uno al otro con el bálsamo de la amistad. Las mujeres suelen tener un concepto de la amistad con un hombre distinto al de los hombres con respecto a las mujeres. En eso, soy un hombre atípico. Quizá porque me crié entre cinco mujeres y veía a mi padre muy de tanto en tanto y siempre enfadado. Creo que me estoy haciendo demasiadas ilusiones, al fin y al cabo, hace más de veinte años que nos conocemos. Ella ha conocido a todas mis novias y yo a todos sus novios.

A veces pienso que soy un idiota, que me imagino demasiadas cosas.

domingo, 17 de octubre de 2010

A, E, T, Al


A veces uno se pregunta por qué las cosas suelen ser tan complicadas (o por qué las complicamos nosotros), cuando ni el tiempo ni la distancia (ni las certezas) son el olvido. Anoche A y yo hablamos de nuestras relaciones, hablamos yo de E y ella de Al y llegamos a conclusiones parecidas.

Ella me dijo que yo estaba tan seguro de que aquella mujer era la mujer de mi vida que obvié que ella estaba buscando a alguien que encajara en su idea de hombre. "Si lo hubieras detectado quizá hubieras tenido una oportunidad de comprender a qué jugábais, pero tampoco pudiste hacer nada cuando ella decidió que no eras ese hombre. Buscó otro entre los que la cortejaban que sí encajara". Me dijo que probablemente E me quiso y añadió algo que me cortó como una cuchilla de afeitar "es imposible conocerte y no quererte, toni. De hecho, tienes que hacer un gran esfuerzo para mantener a los demás a distancia. Lo has hecho tantas veces que ahora lo haces por defecto, te mantienes a distancia. Por eso te dolió tanto cuando E se fue, porque la habías dejado acercarse, le habías concedido la carta verde de residencia y ella no quiso quedarse. Ahora cierras fronteras. Vale, me parece bien, uno debe curar sus heridas si es posible lejos de la mirada curiosa de la gente. Pero no te quedes ahí".

"¿Tú me quieres?" le pregunté. "Claro, bobo" me contestó con una serenidad pasmosa. "Te quiero mucho, contigo me lo paso mejor que con nadie, eres el hombre más inteligente y divertido que conozco, siempre hemos ido desajustados. Yo salía con alguien cuando tú estabas solo y al revés. Siempre hemos buscado a alguien que no fuera el otro".

Hablamos de Al, de su casa en el campo, de sus salidas, de su seducción y de su estar ahí hasta que la consiguió. "¿Sabes? Guardo todos sus mensajes en el móvil, por fechas. Siguiendo el hilo de esos mensajes puedo determinar que día empezó a ir a por mí, el período de cortejo, cuando nos acostamos por primera vez, los quince días posteriores de luna de miel y a partir, de ahí, los "perdona, tenía el teléfono en silencio", los "te llamo luego", los "es demasiado tarde, te llamo mañana", todos acompañados por besos y buenos deseos. "Hubo un punto de inflexión que yo no quise ver, un pasar de objetivo a casi molestia, a estorbo. Aquello fue minando mi autoestima poco a poco y paradójicamente, a estar mucho más por él. Luego empezaron los dónde has estado y las justificaciones, los tú también tenías el teléfono en silencio cuando sabía de sobra que estaba en la consulta y que lo había hecho siempre... Justificaba su comportamiento como respuesta normal al mío. Y me sentía culpable, toni".

Hablamos de la autoestima, de el porqué la depositamos en un banco (que es el otro) y esperamos a que crezca en lugar de invertirla en el mejor activo que tenemos: nosotros mismos, nuestras habilidades.

"Por ejemplo, tú, toni. Tienes un talento especial. No lo vamos a discutir. Te lo dice todo el que te ha leído. ¿Qué haces? Montas una empresa y te arruinas. Por la crisis global y tal, vale. Pero no haces lo que te daría felicidad y seguro que te ayudaría a vivir mejor. ¡Porque tú eres feliz y estás bien contando historias! ¿Cuántas páginas has escrito hoy? ninguna. ¿Cuántas escribirás mañana? Tienes que solucionar eso, toni, tienes que escribir esa novela. Puede que no te la lea nadie, pero acabar una hará que tengas la percepción de que puedes escribir novelas y la segunda será mejor. Y la tercera, y serás feliz escribiendo. Tú no eres feliz con el éxito, tú eres feliz en el proceso. Ahí es donde está la felicidad".

"Pero escribir me aislará aún más" le digo "¿No estás bastante aislado sin escribir? Sales poco, te relacionas poco y me juego el cuello a que no siempre quedas con quien desearías" dice con una sonrisa pícara.

"¿Y qué tengo que hacer?" pregunto. "Vencer el miedo. Es un miedo pequeñito, toni. Es el miedo al fracaso cuando ya tienes la sensación de que has fracasado por lo de la empresa" me dice. "Te gusta escribir, toni y a mí me emocionan textos tuyos, y me hacen reír, y me hacen llorar. Aunque sólo fuera por todos los que te hemos dicho que nos gusta, ¡deberías escribir para nosotros! ¿Cuántos somos? ¿veinte? ¿treinta? Joder, escribe para nosotros".