lunes, 4 de diciembre de 2017

La voz

Hay canciones que detienen el tiempo. Hay voces que sin tener nada del otro mundo saber susurrar al oído que, pase lo que pase, todo acabará bien.

Que un día nos daremos cuenta que todo valió la pena.

Chesire



Son las dos de la madrugada, estoy haciendo una presentación que debería haber hecho en agosto. Una de esas cosas que voy dejando hasta que ya no puedo más, hasta que la urgencia me puede.

Creo que he llegado a un límite. Podría hacer más cosas, pero ya no llego.

Supongo que es demasiado.

Ahora que estoy al borde de lo que siempre quise, intuyo que llego agotado.

Nunca creí que pudiera llegar hasta aquí.

Pero estoy.

Y siento vértigo.

domingo, 3 de diciembre de 2017

Tu nombre me heló la sangre, me recordó una etapa de mi vida que había querido olvidar y lo había hecho hasta que alguien que no podía relacionarnos sacó tu nombre y volvió todo a ponerlo patas arriba. En fin, nunca me había despedido, puede que esto, a pesar de que no vas a leerlo, sea aquel adiós que nunca tuvo sentido. Quizá, porque esta historia nunca sucedió como la cuento. El caso es que no sé si darte las gracias o ignorar que alguna vez compartimos algo más que un café.


Por aquellas fechas jugábamos a no ser el marido (yo) y la mujer (tú) de unos amantes que se encontraban dos veces por semana en un piso de la Segrera. Lo descubriste tú e investigaste lo que parecía evidente desde fuera. Yo sólo recibí tu llamada y acudí a la cita. Confieso que al principio te odié, supongo que porque me revelaste lo tonto que era, o lo ocupado que estaba siempre, el mal esposo que era. Pensaba en aquello tan machista de que una mujer no sale a buscar fuera lo que tiene en casa.

 Recuerdo que dijiste que querías ponerle cara al otro bando, que querías saber qué había visto ella para casarse conmigo, y qué pasó, y qué podías hacer. Porque tú le seguías queriendo y no ibas a romperlo todo en pedazos. Tenías la esperanza en que yo te ayudara, como quien busca un aliado en el enemigo, a devolver la paz al territorio tibio de las madrugadas de tu ático de la zona alta.

Yo estaba más enfadado que dispuesto a colaborar. A los hombres se nos da mal perder si es otro el que gana.

Hacía tiempo que ella se había marchado de casa. Es decir, dejó las rutinas en su sitio y fingió que el trabajo le absorbía tanto como para llegar siempre cansada. Como a mí me pasaba lo mismo, dejábamos lo nuestro entre los paréntesis de las vacaciones de verano. Nos llevábamos bien sin la presión de la pasión, éramos amigos con derecho a matrimonio, o lo que es peor, con derecho a echar la culpa a nuestras vidas de no tener vida.

Supongo que no esperabas a alguien como yo. Confieso que no esperaba a nadie como tú.

Porque ella veía en él lo que una vez vió en mí. Y él se fue con ella porque, en el fondo, le recordaba a ti.

Y sí. Somos animales de costumbres, de afinidades compartidas, de días hechos costumbre, de pequeños pequeños cambios, de veinticuatro hora conectados a una realidad que transcurre paralela a la realidad verdadera, de twitter de empresa y comer en el trabajo, en lugar de salir pronto y hacer hogar.

Aquello nuestro duró unos días, los suficientes. Yo te recordaba a él y tú eras la versión tranquila de ella.

Hasta que me fui de casa, dejé mi trabajo y abrí un nogocio propio. Al principio no me fue bien, supongo que ya lo sabes. Tardé tiempo en encontrar mi sitio, en descubrir quién era. Luego conocí a otra chica, a la que le importaba lo justo su trabajo, que tenía más amigos en la vida real que en Facebook, que organizaba cenas en casa, que sabía las calles por el nombre de los bares que tenía.

Que no sabía lo que quería.

Como yo.

Como quizás tú.

El viernes, alguien que no puede relacionarnos, dijo tu nombre en una cena. Se me heló la sangre al oírlo, tuve miedo al recordar lo pasado. Miedo de perder al hada con la que vivo, miedo de que cosas así existan, tanto miedo que hace tiempo te vi por la calle y no te dije nada queriendo creer que tú no me habías visto, pero con la certeza de que me habías reconocido e hiciste como si no.

No sé nada de ella. Nunca más hice por verla.

Nunca dije nada de que sabía lo de él.

Me fui con la convicción de que ella perdía más que yo aun sabiendo que todo el mundo creería que yo perdía más que ella., pero puede que el equivocado fuera yo. Nunca lo he pensado.

Aquel tiempo lo he borrado de mi vida. A veces sueño y salen personas de entonces. Ese día suelo estar taciturno.

Supongo que estoy alargando artificialmente el post porque en el fondo me gustaría haber podido despedirme de todo aquello.

Pero siempre me quedará la duda de cómo hubiera transcurrido mi vida si no me hubieras llamado, de cómo la decisión de otra persona puede alterar tu destino.

En que tu curiosidad por saber quién era pudo más.

En que no pensaste en mí.

Y sin embargo debería darte las gracias.


sábado, 2 de diciembre de 2017

Al oído



(al oído) "Nunca dejes de ser tú, házme ese favor. Sé esa que eres, sigue ese camino aunque no lleve a ninguna parte. Cambia las cosas si necesitas cambiarlas, coge atajos si tienes prisa o espera años hasta que llegue el momento que sabías que tenía que llegar.

Pierde mil veces.

Tambaléate hasta mientras duermes.

Ten ideales.

Renuncia a ellos a veces, pero sólo para recuperarlos luego.

Vende quimeras.

Compra quimeras.

Pero no dejes de ser tú.

Cuando me voy a dormir sólo me queda saber que existes aunque no estés ahí.

Que podríamos hablar.

Que sigues teniendo mi número de teléfono.

Que prosperas.

Que a veces te acuerdas de mí.

Que sigues siendo tú"

Contando electrones


Supongo que las cosas son un poco así: Seguir en la brecha, dar por sentado que estamos solos, ver sin ver lo evidente, perderlo todo después de haber perdido lo importante.

Hablar de nada con todos.

Querer sin nadar y sin guardar la ropa.

Volver a ser lo que sólo una vez creímos ser.

O no ser nada.

O vivir sin saber si seguimos vivos.

Ser la llama pequeña de un fuego que no calienta.

que sólo arde por si acaso llega más leña.

Haberte conocido

y no haber sabido permanecer a tu lado.

Soñar con que te sueño.




A veces sólo sé ser eso: alguien que sólo vive mientras llegas.



viernes, 24 de noviembre de 2017

¿Podríamos seguir siendo materia?



Si todo lo que empieza tiene un final, éste el final.

... y  el principio.

Todo se convierte en otra cosa, todo tiene un continuará escrito en la estela que dejan los electrones cuando surcan el vacío.

Dicen que cada cinco años tu cuerpo ha regenerado todas las células, que por eso envejecemos, porque la copia cada vez es de más baja calidad. A veces pienso en eso. En que mi cuerpo hace tiempo que dejó de ser fiel a sí mismo y empezó a experimentar con cada uno de los átomos que se encontró en su viaje por la vida.

Me gusta creer que fue generoso y donó miríadas de electrones al mundo aunque, la verdad, no obtuvo demasiado buen material a cambio.

Entiendo que prefirió la información y que, en el fondo, morimos por ese afán de acaparar ideas y conceptos, datos y relatos.

Uno envejece por almacenar historias en algún lugar de su cuerpo.

Como si nos preparáramos toda la vida para dejar de ser cuerpo y pasar a ser alma.

De esa forma entiendo que, en parte, siempre te llevaré conmigo.

Y cuando digo siempre, quiero decir que nacerán y se apagarán estrellas hasta que se disuelva lo que fuimos, somos y seremos, en el magma electromagnético (onda o fotón) del Universo.




martes, 21 de noviembre de 2017

Do you miss me?


Intento no dormir. A veces sólo trato de vivir una vida pequeña al margen de la vida que vivo. A veces sólo es cuestión de imaginar qué hubiera pasado si hubiera escrito la maldita novela, de qué hubiera sido de mí escribiendo para ti todos los días.

Y entonces no duermo. Me quedo escuchando canciones, todo lo que sea para no caer rendido, para no cerrar los ojos, para no dejar de ser ese que quizá hubiera sido.

Por la mañana me despierto al otro lado, me visto de ese otro y voy a trabajar con más o menos ganas, me dejo llevar por lo que me queda de inercia, sabiendo que si hubiera aprovechado la oportunidad quizá las cosas serían distintas.

Y sólo tendría una vida, sin nada de la que tengo ahora.

Sin cosas que vender para pagar cosas que no me dejan ser

Mirando la hora y cerrando los ojos, calentándome los pies con una estufa eléctrica, escribiendo ya bajo la oscuridad de unos párpados tan pesados como piedras.

Que no soñará

o no recordará lo que sueñe.

Que pensará que es una suerte no poder echarte de menos.

Y lo maldecirá al mismo tiempo.

Que tratará de encontrar algo con lo que acabar esto para que quede redondo

y la cagará de nuevo.

Supongo que no insistí lo suficiente.

Y eso es una puta mierda, porque yo insisto siempre.




JOE PURDY - "Miss me" Some movie star told you this ain't where it's at. So you packed your bags and one night you headed out. Said, these small town blues got you going insane gone into the city, gonna change your name and you never look back at where you came swore you'll never be the same. Do you miss me? Do you miss me? You're a big girl now, got your big shoes and you're running around with big girl blues and I know you don't doubt yourself anymore no, when you feel like leaving, walk out the door and I bet you ain't got nothin left to learn it's better that way cause you never get burned and you try not to think about what might have been cause you know this town is just sink or swim Do you miss me? Do you miss me? Do you miss me? Well the last time I say you were waving goodbye from the back of the train with a tear in your eye. Now I hear you're in love with some big city man and together you're making your big city plans and you hope he don't find out about who you are that we used to catch fireflies in mason jars and we used to go down to the county fair and we listened to blue grass in summer air and we danced all night as the rain came down and you held my hand as we slept on the ground and we wrote our names in the old oak wood I guess some things don't work out like they should. Do you miss me? Do you miss me? Do you miss me? Do you miss me? Do you miss me? yeah... Do you miss me?

lunes, 20 de noviembre de 2017

Camino de San Francisco


Juro que, cuando iba por Cabrillo Hwy, y mientras bordeaba la costa rumbo a Big Sur en un coche alquilado, pensaba muchas veces en ti, en lo que sería viajar contigo sin rumbo. Y te imaginaba descalza con los pies en el salpicadero y en que conducirías la mitad del tiempo; pensaba en las ventanillas bajadas y tu pelo alborotado por el viento.

Estaba convencido de que el nuestro sería un viaje silencioso, igual porque el viaje de verdad lo fue (no sintonizaba ninguna emisora durante demasiado tiempo), tal vez porque no sé a qué suena tu voz o porque, quizá, creía en que no tenía ningún sentido pensar en ti.

Puede que recordara lo que te gusta conducir, en lo que supone viajar solo, en que todo viaje es, en realidad, hacia el interior de uno mismo, en que las carreteras interminables siempre se terminan en algún punto.

En que si había alguien en el mundo con el que quisiera compartir los red woods, y los leones marinos, o aquellas olas salvajes del Pacífico, sólo podía ser contigo.

Hoy he vuelto a visitar los lugares a través de Google street view y de alguna manera que aún no sé explicar estabas allí.: Saliendo de Figueroa Road hacia la 101, en un Mustang del 78 como el de Harry el sucio, con unos cuantos días por delante y sin fecha de retorno.

Luego encontré esta canción y me gustó el vídeo.

No sé si pega demasiado

viernes, 17 de noviembre de 2017

Un lugar en el que no ser ni estar



Supongo que sólo puedo escribir cuando creo que no soy capaz de ello y que, en el fondo, todo se limita a cruzar la barrera de lo que crees que eres capaz de hacer.

No sé si las cosas son fáciles o difíciles. A veces todo se me hace tan cuesta arriba que no saldría de la cama por las mañanas, pero luego salgo y bueno, ya que estoy ahí intento comerme el mundo. 

Hay un mundo ahí fuera que sabe a pastel de calabaza con nata montada por encima.

Y claro, también siempre hay un lugar en el que perderse, un lugar en el que olvidarte de casi todo lo que no importa.

Siempre hay una portada de un libro que te invita a entrar.

Un bar con buena música en lo que lo de menos es lo fría que está la cerveza.

Una estrofa de una canción que refleja lo que es tu vida.

Un lugar en un catálogo de viajes al que sabes que nunca irás y que tampoco te haría feliz ir, pero por el que te mueres por visitar.

Una persona especial en un tiempo que no volverá.

Una vieja ventana por la que ya no mirarás.

Un consejo que ya no estás a tiempo de seguir.



miércoles, 15 de noviembre de 2017

lunes, 13 de noviembre de 2017

Vacío



Átomos. Somos átomos. Una bandada de electrones revoloteando alrededor de un árbol en cuyas ramas nunca nos posaremos, que nos repelerá cuanto más cerca de él queramos estar; átomos buscando un objeto donde pasar la noche, solos entre trillones de trillones de trillones de otros átomos como nosotros.

Somos una infinitésima probabilidad de ser finitos, frías cargas eléctricas tratando de buscar un inestable equilibrio. Estamos llenos de vacío; sabiendo que somos parte de algo mucho más grande pero sin poder ser nunca serlo, y sin saber que pertenecemos a algo que vive, que tiene conciencia, una pieza de Lego de una construcción gigantesca en forma de Vía Láctea; dejándonos la piel en averiguar si queremos ser onda o materia, en si pertener o ser, en si ser la metáfora de un sueño o de si tomar la forma de un destino que, tal vez, ni tan siquiera sea el nuestro.

Avellaneda, no sé si sabe que, en parte, yo quise ser destino por usted. Yo iba para sueño y me detuve para estar a su lado y ya me no pude dejar de ser ese roce que acaba en cariño, ese intervalo,  esa tierra de nadie en la que se uno se queda orbitando como un cometa de hielo asido a la gravedad de un planeta que no entiende de elipses.

Supongo que poco a poco se va haciendo a la idea de que usted y yo tenemos átomos intercambiados. Lo sabemos en silencio, cada uno a millones de metros de distancia, en las habitaciones vacías que habitamos y nos habitan, en el silencio de las tardes, en la soledad de las cosas que no se dicen, en la música que usted es y a la que me acostubré a escuchar tan de tarde en tarde.

Música de oleaje y de después de la tormenta.

Y es que así suena usted. Mágica y vibrante.

Como un átomo.

Bandadas de electrones revoloteando un inmenso vacío.

Minúsculas notas de voz.

Mi pieza de Lego favorita

Simbad el marino.

Julio Verne.

Dios.






miércoles, 1 de noviembre de 2017

Prosperidad


Cuanto todo parece venirse abajo llega la gran oportunidad que tantos años estaba esperando.

Siempre hay una puerta que se abre cuando estabas a punto de saltar por la ventana.

A veces pienso que vamos por delante unos días

Que, en realidad, uno sabe cosas antes de que ocurran.

Sólo hay que saber mirar sin mirar, dejarse llevar por los instantes como éste, por el tiempo que está por llegar, dejarse mojar por esa lluvia que hoy es sólo una promesa en forma de esa nube aún a dos días de distancia...

Bienvenida