miércoles, 23 de julio de 2008

Acabo de leer

"Se que piensas mucho, hablas demasiado y resuelves poco"

Robert a Lola



"- Vamonos.
- ¿Dónde?
- A la mierda, pero vamonos los dos.
- Vale."

A veces hay algo grande en pequeñas cosas. Este sencillo diálogo es algo más que lo que se puede leer. No puedo evitar pensar que quien lo escribió tenía muchas y muy buenas historias en su cabeza.

"- ¿Sabes? hay días que no puedo ni salir a la calle. Días en que me quedo todo el día en casa porque tengo miedo; un miedo irracional a la gente, a que me miren, a que juzguen en tan solo una mirada de dos segundos quién o qué soy. Me quedo en casa durante días hasta que pierdo el empleo. Y ¿sabes lo mejor de todo? Que no me importa.
- Sí te importa, si no, no me lo estarías contando.
- Me importas tú, imbécil, por eso te lo cuento. "

Hay algo grande en algunos diálogos. Hay algo que es mayor que la suma de todas las frases. Hay algo en lo que dice alguien que está tan perdido de puertas a fuera como lúcido de puertas hacia adentro. Vivir es una aventura que tiene que ver con levantarse todos los días y encontrar un motivo para salir de entre las sábanas.

Hoy estuve todo el día pensando en Alex y en su mirada primera sobre las cosas, en lo que tendrá que hacer para adaptar sus ideas de niño y comprender el mundo que le rodea. Y es que a veces, no me siento tan diferente a él (un poco más lúcido sí) y me cuesta adaptarme al mundo y a sus causas.

Toda una generación - vídeo- 1975 Born to run - Bruce Springsteen


Cuando empecé este trabajo estaba solo. Me subía a mi viejo ford y recorríamos las carreteras en busca de alguien que nos diera trabajo. Me bastaba un poco de dinero para vivir. Me gustaba aquella vida seminómada, tenía cierta ilusión por descubrir lugares, conocer gentes. Luego, luego empecé a ambicionar más. No mucho, pero sí un poquito más. Empezaron los bancos, los alquileres, los vencimientos, las deudas, las obligaciones. No recuerdo exactamente qué día empecé a pensar en montar una empresa ni cuándo fue el momento exacto en el que dejé de ser yo mismo y pasé a ser un perseguido más. Lo que sí sé es que seguí estando solo a pesar de los muchos "contactos". Sé que me equivoqué porque todo aquello era demasiado para mí. Conmigo, a toda una generación nos vendieron un modelo de progreso basado en el tener, en la satisfacción de poder pagar cosas. Hace tiempo que sé que este modelo no me gusta. Mi cuerpo me dice que no le gusta, mis dedos dicen que no les gusta, el espejo me dice que no le gusta. Supongo que es algo que verbalicé hace algunos años, en un curso de permisos con George. "Quisiera ser un vagamundo" Sí. Vaga-mundo. Y creo que vuelven aquellos otros tiempos, los de volver a contar sólo con uno mismo y dejar de desear poseer cosas. Ahora voy a desear vivir y a visitar lugares y conocer gentes. Al fin y al cabo nada me ata. Al fin y al cabo, era de eso de lo que se trataba.

Vídeo (sólo audio) Nacho Vegas y Cristina Rosenvinge - Me he perdido

vídeo: Hoobastank - The reason

martes, 22 de julio de 2008

Salir corriendo

Supongo que no he engañado a nadie. Sabias que tarde o temprano volvería a aquí. Ya hace tiempo que has adivinado que no puedo dejar de escribir y que tengo la necesidad de que me leas. Es una ley universal a la que no puedo escapar, como no puedo escapar a la ley de la gravedad o a la de la atracción de los cuerpos. En los últimos tiempos siento la necesidad de no dejarme atrapar por nada ni por nadie (el blog me confina a un espacio, el de esta mesa, y a un tiempo, casi siempre a medianoche) y cuando lo siento así, cuando me angustia algo tengo, no me preguntes el porqué, que salir corriendo.
Y luego me paro. Y luego reflexiono. Y siento que, como a esas cajas de música antiguas, es hora de darles cuerda de nuevo. Y sé que, a veces, es demasiado tarde y no se puede volver a poner en marcha ciertos artilugios del alma. Pero este blog sí; porque tengo la necesidad de que me leas y porque hay relatos que desean conocer tus ojos.

Sé que no te engañé a pesar de que realmente deseaba cerrarlo cuando lo dije. Sé que sabes más de lo que dices y que con tu distancia respetas este momento que atravieso. No pienso agradecerte el gesto. Todos somos, invariablemente, un poco perversos. Nos gusta mirar y que nos miren, saber y que nos sepan. Tú lo has decidido. Nadie te ha obligado. Vamos a acabar esta historia... Y sí, moriría por ella porque no hay más infierno que sobrevivirla. Y sí; es agua pasada. Ahora me importas tú. Te he mirado a los ojos y he visto el gran abismo, tu alma sucia, he visto asomarse a un animal salvaje al que mantienes encadenado. Es hora de que sueltes las cadenas. Ha llegado el día en el que al mirarte en un espejo y sientas el vértigo de asomarte al vacío que tienes, te sobrevenga la esperanza de que es ahí, precisamente, el lugar al que perteneces.
Me gustaría que me acompañaras pero ya sabes, puede que te decepcione, no en vano sabes que en cualquier momento puedo salir corriendo.

sábado, 12 de julio de 2008

Glaciaciones

Mejor así. Llegó la era del gran frío. Este blog permanecerá bajo una capa de hielo, ¿se conservará lo que hay aquí escrito por tiempo indefinido hasta que infinitos soles derritan lo que lo envuelve? Quizá, aunque no lo creo. Empezó una noche de sábado después de ver en la televisión Sin City y la voz (versión española) de Bruce Willis me dijera que por ahí había una forma de escribir. Luego todo se complicó y tomó un rumbo que llenaba mis clases de novela. Empezó para no acabar. Como todo lo que hago. Es difícil explicar lo que me lleva a terminar aquí, no sé si es una desilusión general o es que, simplemente, lo del blog era una tregua en este día a día que cada vez se me va haciendo más cuesta arriba. Si no encuentro una motivación durante los próximos meses supongo que todo esto no acabará nada bien. Era de esperar. Hace mucho que el bicho se adueñó de mi vida. Cuanto más joven eres cuando te posee más difícil es poder sacártelo y yo era muy joven. Luego todo se conviertió en una huída hacia adelante, un buscar qué es lo que más tiempo podía ocuparme el tiempo para no quedarte a solas con él. Uno es su propio infierno y sólo se puede huír a través de hacer cosas y más cosas. Y yo estoy cansado de huír.
Hace tiempo que empezaron los primeros fríos, hace tiempo que se me hace muy difícil estar con otras personas y cada vez es más grande el sufrimiento. Sé que es inútil desear que esta distancia que pongo no se me tenga en cuenta y que tarde o temprano dejaré un sentimiento de rencor a mi paso. Me dolerá pero creedme, es mucho mayor el sufrimiento que me supone mirar a los ojos de a quienes no puedo dar nada y de quienes no puedo (no sé) recibir nada. De veras que lo siento.
Creo que ha llegado la hora de la despedida y no me gustan las despedidas. Tal vez sea un hasta luego... pero sólo es un blog, tampoco importa demasiado. Espero que os haya entretenido tanto leerlo como a mí escribir en él.





"Hasta entonces nadie a quien yo quisiera me había demostrado tanto afecto y me sentía roída por la necesidad de darle algo más que mi compañía, por la necesidad que sienten todos los seres poco agraciados de pagar materialmente lo que para ellos es extraordinario: el interés y la simpatia"
Carmen Laforet "Nada" 1944

sábado, 5 de julio de 2008

Vídeo: More than this- Roxy Music - Film: Lost in translation

Esta película me reconforta el alma. Me transporta a esas noches de verano en las que viví intensamente esos pedazos de libertad que aún andan sueltos por las calles para que te los comas, como las cerezas en el videojuego del Comecocos y que , a medida que vas creciendo sabes que cada vez escasearán más. Imagino que de esto se trata, de darse el permiso de vivir estas historias, de comer puntos y disfrutar cerezas, de aprovechar estas noches de verano, estas últimas y perdidas noches de verano.
Por cierto, ¿creéis que existe una canción más elegante que la original en voz de Brian Ferry?

miércoles, 2 de julio de 2008

Bicho asustado

Días después, cuando dentro de mi cabeza empezó a desarrollarse el silencio de nuevo, decidiría que aquella noche no exisitió nunca, o que existió (porque es imposible imaginar que a un día no le siga la noche y a ésta la finiquite otro nuevo día) y yo no habría estado realmente en aquella casa, todo habría sido un sueño, una pesadilla. Eso es, lo mejor sería pensar que yo estaba durmiendo plácidamente y soñé que había ido a una fiesta, invitado por Garr. Y ese sueño empezaría con Sansón y conmigo metidos en un coche serpenteando calles primero y caminos después hasta llegar a una explanada en medio del bosque donde poco a poco habrían de llegar medio centenar de coches de la que salía una escalera que conduciría a los que iban llegando a una casa semi oculta por unas grades rocas basálticas en la ladera de un monte que no puedo ni podré nunca identificar. Quiero creer que por que no era real, era un orografía imaginada por mi mente durmiente. Habíamos quedado que esto era un sueño y que, en realidad, no pude estar allí. Sin embargo, el recuerdo es tan nítido. "Maldita sea, reacciona". El bicho calla. Está asustado. Nunca creí que el bicho tendría miedo, el bicho que grita, bicho que muerde, tiene los ojos muy abiertos, se sobresalta con los ruidos más ligeros, el bicho teme que el recuerdo lo aplaste. "Fue un sueño" va diciendo "fue un sueño" con la mirada perdida. Y por primera vez en mucho tiempo empiezo a pensar que puedo derrotarle. "¿Recuerdas?" le digo "Llegamos a eso de las nueve de la noche, sólo habían tres coches más: el de los chicos, el de Garr y el de aquellos pobres desgraciados". "¡No! Sólo fue un sueño" me dice el bicho. "Demasiada sangre para ser un sueño ¿no crees? Demasiada sangre como para no haber despertado". Recuerdo entonces el sonido de los zapatos de Sansón subiendo la escalera delante de mí, cómo abrió una puerta lateral con una llave y cómo dejó la bolsa encima de la cama de lo que parecía una habitación para el servicio. "Luego volveremos" dijo "Garr ya ha llegado, debe de estar impaciente". Yo no recuerdo que dije. Sólo me limité a seguirle. "Es un sueño" susurra el bicho para sí mismo. "No es un sueño, ocurrió de verdad" le digo. "No, a bicho le gusta la sangre pero hasta en eso hay un límite algo instintivo, algo animal que te dice que ya basta, que más allá está la locura" me dice el bicho. Sé que está derrotado, que es consciente de que ha perdido el monopolio de la muerte, que hay cosas mucho peores... cosas peores que él cree haber soñado.