Llueve. Tras los cristales el agua cae como la grava, con violencia, en una lluvia extraña de gotas sueltas, como si el cielo se aguantara las ganas de llover y se le escaparan, entre suspiros de trueno, lágrimas de mercurio, esféricas y mudas hasta que se rompen contra el suelo. Me pregunto si entre tanta nube esta noche podré subir a la terraza a hablar con la luna, si hoy vendrá a la cita de todas las noches, o si, en cambio, esta vez esperaré en vano su llegada.
Hace días que subo, me siento en la silla frente a la mesa, enciendo el ordenador y ella y yo nos hablamos. Debería decir que yo hablo y ella escucha pero como siempre acabo por llegar a una conclusión inesperada, no estoy seguro de que ella me dé consejos en clave de rayos y nubes como si de un lenguaje morse se tratara. Estos días estaba espcialmente llena, brillaba tanto que me parecía imposible que no supiera que yo estaba allí, así que empecé a preguntarle los porqués de cientos de cosas que en realidad sólo eran una.
La luna sabe más por vieja que por luna, conoce mejor cómo somos, siempre le dieron menos valor que al sol, que es de oro y tan altivo que no permite que nadie le mire a los ojos so pena de dejarlo ciego. La luna se queda junto a la cama de los insomnes, es de óxido como la plata vieja, viene y se va, va y viene, pero siempre está aún cuando nadie la vea. De todas las mujeres que pasaron por mi vida guardo una luna en mi memoria; como si fuese ayer, como si esa imagen en mi cerebro fuese una marca de GPS que indicara en el mapa de mis sentimientos un lugar y un tiempo concreto.
Yo, en cambio, estoy hecho de roca. Aparento tener cierta resistencia pero cedo siempre a los golpes duros y certeros. Supongo que debería ser más como una hierba pero no sé ser hierba. Ser una roca conlleva un destino, ser lo que sea que eres conlleva la responsabilidad de aceptarlo y vivir con ello. En cualquier caso, me quedo con la luna, tan distinta y tan parecida a mí. Tan lejana y tan cercana, tan mía y tan de todos. Tan dura y fría como yo cuando soy duro y frío.
La luna es de hierro, los hombres son de piedra.
LA RESACA DEL INCRÉDULO
Hace 4 semanas