lunes, 19 de diciembre de 2016

Carta a lo desconocido



Sé que un día me despertaré y todo habrá cambiado. Un día todo por lo que he ido haciendo lo que he ido haciendo esto cristalizará en algo diferente. Tan nuevo como viejo, tan humano y tan deshumanizado, tan cercano y tan ciencia ficción al mismo tiempo. Una línea marcada en el tiempo que se junta con el horizonte a la que nunca crees que vas a llegar.

Y llegas.

Hay lugares a los que uno sabe que va a volver. Lo sabe porque hay algo así como un destino que nos arrastra. 

Me gustaría creer que las cosas van a salir bien, que sólo es el principio de algo que tiene verdaderas ganas de quedarse.

Y puede que el tiempo no acompañe. Y puede que toda la información acumulada sólo sea la punta de un iceberg que se deshiela. Reconozco que no lo controlo.

Mañana no será un gran día, pero será el inicio de saber dónde estamos.

Es hora de actuar.



sábado, 10 de diciembre de 2016

Cuando te vea


Al principio creí que esta vez las cosas iba a ser más fáciles, que el tiempo no caducaría, que volveríamos a ser lo que solíamos ser, pero luego me di cuenta que eso no iba a suceder, que las historias están para vivirlas y mientras las vives, para respetarlas. 

Supongo que no había otra forma más desastrosa de acabar con todo. No había nada más difícil de negociar que la soledad de los días que iban a llegar. Quizá por eso nunca te llamé ni supe qué decir cuando me escribías aquellos mensajes. Todo lo que soy es lo que demostré esos días.

Ahora las cosas van mejor, me va bien el frío y me va bien que soñar de vez en cuando contigo, en lo que podía haber sido y en todo aquello que nunca nos dijimos porque yo me fui antes de que llegaras.

A veces pienso en ti, en cómo hubiera sido como padre, en cómo nos hubiéramos acurrucado juntos para ver la tele en el sofá, en tus primeras veces de todo y en el pequeño profesor que seguramente tienes metido entre ceja y ceja. 

El año pasado, cuando estuve en San Francisco, pasé por delante de una galería de arte donde se exponían unas pinturas de Margaret Keane y te imaginé así, como ese cuadro (luego supe que era la Margaret Keane Gallery) y creo que algo se movió dentro de mí. Algo que sabía que tarde o temprano nos encontraríamos.

Luego lo dejé ir.

Y hoy estoy aquí, tratando de no mezclar las cosas, tratando de no mezclar las personas, haciendo caso omiso a la cordura.

Dejando de creer que todo tiene un significado.

Buscando una salida digna a todo esto.

sábado, 3 de diciembre de 2016

Cuando la vida te pone contra las cuerdas


El destino. Siempre el destino. Nos quedaban quince días. Después: la nada. El vacío. Las esperanzas perdidas. Lo empezado hace mucho años frente a un abismo, pisando un freno que no funcionaba.

Entonces... entonces me llamó mi casi nuevo hermano y me dijo que encargara mesa para ir a celebrar que nos aceptaban en un proyecto europeo, que teníamos la mejor puntuación posible, y nos pusimos a llorar los dos.

Lo importante siempre es creer.

Creer que todo va a ir a mejor.

Que el tiempo siempre pone a cada uno en el lugar que le corresponde.

Que la diferencia es el trabajo bien hecho y sobre todo: la dedicación, Hacer las cosas bien, pensando en el bien común es fundamental para que las cosas salgan adelante.

Se acercan tiempo interesantes.

Esta noche he dormido peor de lo que esperaba. Supongo que la tensión de los últimos meses no se va en unas horas.

Ahora a seguir en la brecha.