jueves, 31 de enero de 2013

Gano el premio Deloitte al proyecto con mayor impacto social dentro del Forum d´Inversors d´ACC10



Quizá os hayáis preguntado sobre mi ausencia durante los últimos días. Confluyen varias razones, la primera es que estaba preparando la presentación para el concurso de proyectos dentro del Forum d´inversors d´ACC10 (departamento de innovación e internacionalización de la Generalitat de Catalunya). Se presentaron 104 proyectos, de los que sólo 21 pasaban a la final. (El mío, entre ellos) y me he centrado en no hacer el ridículo, puesto que el nivel era alto y a mí me aterra hablar en público y el aforo del auditorio era para echarse a temblar.

El segundo factor es que se me ha estropeado el teclado del ordenador (la barra del espacio) y no puedo escribir sin que se me salgan sapos por la boca y maldiga el maldito qwerty del portátil.

Y el tercero es que la musa me envolvió con su gabardina de charol negro y se me llevó al bosque de sus besos, y paso el tiempo con ella, me aferro a sus pechos con las manos y la boca desbocadas, en un nirvana de noches de insomnio, alejándome de ella cuando llega la noche como un licántropo lo haría de la gente que ama para no robarle toda la energía.

Los tres factores unidos han coincidido con el premio del concurso. Y he ganado el premio al proyecto de mayor impacto social que otorgaba la consultora Deloitte. El otro premio, el que otorgaban los inversores, fue para HallSt. y es el ganador real del Forum.

Increíble, los demás proyectos eran buenísimos, algunos con un alto impacto social, desde curas para ciertos tipos de cáncer, hasta para resolver enfermedades genéticas... y hoy, dos días después siento que tantos años de tirar esto hacia adelante empieza a dar sus frutos.

En el último momento me dio serenidad un poema de Ruyard Kipling "Si" que está en este blog y que ha sido mi soporte cuando lo veía todo perdido, porque los que seguís este blog sabéis hasta qué punto he estado al borde del abismo.

Cada día está más cerca el día en el que podamos llevar agua potable allí donde más falta hace. Y en ello confío. Sigo haciendo pruebas, sigo en marcha.

Porque otro mundo es posible, otro mucho mejor, porque el futuro lo podemos modificar si queremos, si somos solidarios unos con otros. Sólo hay que ver el mundo como una gran oportunidad, la vida como un viaje sin retorno del que ninguno de nosotros va a salir vivo.

Sigo en marcha, cada vez con más fuerza.

Gracias a los que os atrevisteis a escribirme en privado para ser mis amigos, gracias a los que escribisteis comentarios, a los que me leísteis, a todos los que he conocido a través de este blog y a todos los que os conozco de tanto leeros las líneas de la mano en forma de frases, gracias a los que nunca más dieron señales.

Y gracias a la musa por haber regresado en forma de tierra firme en la que pisar fuerte. Y en forma del viento del norte que me lleve a soñar...



Para Alina, para la musa

domingo, 20 de enero de 2013

El día en que te conocí (Gossos, diners i noies)



El día en que te conocí estabas helada por los cuatro costados y bajo la manta sonaba de fondo música antigua, tan antigua que los instrumentos estaban hechos con huesos de dinosaurios; te recorrí la columna vertebral con la yemas de mi alma y, también recuerdo que, a medianoche, se detuvo la lluvia tras los cristales y cogió aire para llover más fuerte.

Se me hicieron añicos los años, se me agrietó la piel de serpiente, se convirtió el deseo en algo tan palpable que me cabía en el hueco de la mano y en el filo de tu boca, en el cielo de tu boca, en la boca de tu boca.

El día en que te conocí hubiera subido al escenario si me lo hubieras pedido y hubiera hecho reír al público como un payaso, aunque sólo fuera para verte reír a ti, en el fondo del auditorio, sólo se te veía a ti y a tu jersey azul tormenta.

Ese día yo estaba en la parada de metro, y te seguí en cuanto emergiste, pensé que la suerte era demasiada suerte y debía aprovecharla, que el amor es un juego de azar y en esas circunstancias no me quedaba otra  que salir arruinado a saltar la banca. Quizá sin esa inconsciencia no me hubiera acercado a ti, ni te hubiera dicho, sin signos de interrogación "me puedo sentar a tu lado".

Aunque de eso haga mil años

viernes, 18 de enero de 2013

Mientras tenga cabeza, seré un cabezota convencido



Llevo días preparando la presentación en el Foro d´Inversors d´ACC10, el punto donde puede que empiece todo, el día en el que mi patente tome un gran impulso, la verdad es que se está encallando demasiado, demasiado tiempo esperando y los últimos flecos se están retrasando más de lo que esperaba.

La presentación dura un minuto. Poco tiempo.

Si me eligen para pasar ronda, la presentación duraría cinco minutos. Demasiado tiempo.

No me gusta hablar en público, me aterra. Hace unos meses me quedé completamente en blanco durante quince segundos. Me encallé delante de cien personas, de cien inversores...

... supongo que tiene que ver con la seguridad en uno mismo y al escucharme en grabaciones y al verme delante del espejo, me he dado cuenta de quien soy, he visto lo que vosotros veis cuando me leéis. Y me he dado cuenta de lo mucho que me cuesta vivir en sociedad.

He inventado algo extraordinario que puede salvar miles de vidas, y en lo personal ha hecho que no vuelva a pasar estrecheces económicas, debería estar orgulloso de mí mismo. Sin embargo estoy muerto de miedo, sigo ante una muralla muy alta.

Me pregunto cuándo y dónde se fragua la seguridad en uno mismo, si se puede reconstruir mediante alguna técnica quirúrgica del alma...

Supongo que vivir se trata de tratar de modificar lo que no nos gusta o de aceptar que nunca vas a ser el que  querías ser. Soy de los cabezotas que no aceptan que hay cosas que no se pueden.

martes, 8 de enero de 2013

Nada es lo que parece.



Llegamos a la cabaña del bosque después de atravesar la espesura. Ella iba delante con la linterna señalando el camino y, a veces, nos golpeábamos con las ramas bajas que no llegábamos a ver y que nos provocaban pequeñas contusiones y arañazos. La vereda era impracticable y supuse que no tenía miedo a perderse porque había hecho aquel trayecto miles de veces, que lo llevaba impregnado como un segundo olor corporal y supuse también que si fuera necesario lo podría recorrer hasta con los ojos vendados.

Al llegar al claro donde estaba la cabaña, la luz de una luna menguante y tal vez que me había acostumbrado a la oscuridad después de casi un cuarto de hora sólo viento la huella de la linterna, recortó la figura de la casita, me pareció más pequeña y fría, como una piedra volcánica hueca y ligera en medio de un campo yermo.

Entramos haciendo crujir las maderas del suelo del porche y un calor agradable nos acarició la cara. Habíamos dejado la chimenea ahogándose en sus propias brasas, pero contrariamente a lo que habíamos pensado, éstas habían aguantado más de lo que era de esperar y habían mantenido la temperatura de la estancia principal; fue como si nos hubiera salido a recibir un perro que ha pasado demasiado tiempo solo y se alegra de que vuelvas a casa, meneando el rabo.

No se podía decir lo mismo del dormitorio, que estaba totalmente helado. La musa encendió una lámpara en la mesita de noche y sonrió al verme en la puerta sin atreverme a entrar. Salió de la habitación y fue hasta la cocina, sacó un cazo y lo llenó de agua después de haberla dejado correr durante unos segundos. La acercó a la chimenea y la puso sobre las brasas después de haberlas atizado hasta sacar apenas unos puntos rojos de luz entre las cenizas. "Algo hará, pero si queremos no pasar demasiado frío tendremos que dormir juntitos", dijo haciéndome un guiño y volviendo a la habitación. Era la primera frase que pronunciaba desde que entramos en la vereda que atravesaba el bosque hasta la casa, pero no me había molestado para nada el silencio, es más, diría que habías sido un acto natural, como si los dos supiéramos qué debíamos hacer y hacia dónde dirigirnos siempre y cuando no nos distrajéramos con asuntos banales.

Sacó una bolsa para el agua caliente de goma, de esas antiguas que ponían las abuelas dentro de las sábanas para calentarse los pies en invierno. "¿A que tú no tienes una cómo ésta?" pregunto mostrádomela como quien exhibe un pez que acaba de pescar. "No, mis padres tenían, pero yo nunca he utilizado una de esas" dije.
"Normal, ya tienes los pies calientes de forma natural. Eres odioso. Nadie tiene los pies calientes por las noches, yo los tengo siempre hechos un cubito y daría lo que fuera para que tenerlos como tú.  Es por eso que te he traído conmigo. No te creas. Es la única razón" dijo sin mirarme y sin que yo apreciara un mínimo tono de ironía, algo que me llevó a dudar si decía la verdad y me indujo a preguntarme cuál sería la verdadera razón por la que me había llevado consigo.

Estaba claro que había estado muchas veces en aquella cabaña y que ir sola a cualquier parte no le resultaba un problema, así que pensé que después del golpe que le había dado al gigante hasta derribarlo había pensado que quizá, en algún momento de su huida, me necesitaría. Aunque, a decir verdad, yo guardaba la secreta esperanza de que los días que habíamos pasado antes del incidente había generado en ella un vínculo de solidaridad hacia mí, una suerte de compañerismo y de incipiente amistad, pero también recordé que apenas la conocía, y que lo poco que sabía era que su forma de vivir era poco dada a mantener este tipo de relaciones. Me dije a mí mismo que debía ser cauto y que, a pesar de que me caía bien, debía mantenerme alerta y prepararme para cualquier circunstancia, como por ejemplo, quedarme en medio de las montañas, solo y sin recursos.

Se puso un pijama de felpa que llevaba en la bolsa que hizo cuando salimos huyendo y me dio otro a mí. Me venía grande, demasiado grande, y de repente apareció, invisible, el fantasma de otro hombre en su vida, el que cabía sin holguras en ese pijama, y me asaltaron mil preguntas que, si bien ya me había hecho, no había considerado oportuno aclarar, quizá porque hacerlo suponía preguntarle a ella por sus circunstancias y, con ello, de alguna forma, sentía que rompía un pacto no escrito, algo que habíamos cerrado al cruzarnos las miradas en la calle incluso antes de que nos habláramos por primera vez, cuando ella era única y exclusivamente mi musa, un hada madrina punk de gabardina de charol negro, cuando sólo éramos dos desconocidos que se tienen vistos del barrio, en un presente continuo, ese algo que casi forma parte del mobiliario urbano y que echas de menos si un día no está o no hace lo que esperas que haga. Pero todos los pactos son revisables, todos tienen una fecha en el que no sirven para lo que se esperaba de ellos, y ese día, quizá había llegado. Al fin y al cabo ella sabía de la existencia de Elena y yo no sabía nada absolutamente de ella, quizá por eso era mi musa, porque podía ser cualquier cosa que yo deseara que fuera, pero en ese instante me enfrenté a la posibilidad de que hubiera un hombre en su vida, aparte del taxista que nos había llevado a la estación de autobuses y que no podía ser el dueño del pijama porque estaba casi tan delgado como yo y también le hubiera venido grande.

Entró con la bolsa de agua caliente en la mano y sonrió al verme enfundado en aquella especie de disparate hecho de tela. "Te va un poco grande" rió. "Era de mi hermano, ahora vive en Canadá" y sonrió pícara, como si supiera todo lo que me había estado preguntando mientras me enfrentaba al pijama. Lo dijo con demasiada naturalidad, tanta, que cabía la posibilidad de que fuera cierto o de que tuviera a ese hermano ausente como excusa para todo y estuviera acostumbrada a hacerlo presente para sortear esta clase de situaciones.

jueves, 3 de enero de 2013

miércoles, 2 de enero de 2013

Saldremos a buscar qué buscar, pero con la calma suficiente como para ver amanecer



Es demasiado tarde. Mañana trabajo y tengo que estar a ochenta y cinco kilómetros de mi casa antes de las nueve, sin embargo no puedo dejar de escribir. En parte me alegro por ello y en parte pienso que es una maldición porque debería dormir ocho horas y no las cuatro que dormiré. Imagino que tarde o temprano me pasará factura, esto de no dormir, esto de estar pendiente de todas esas cosas que no son rentables, que sólo sirven para conocer historias, para vivir bajo la tiranía de todo aquello que despierta un interés vago o profundo, según tenga el día.

Demasiado tarde, demasiado tarde para contar lo que realmente ocurre, para gritar aquello que no me deja dormir, demasiado antiguo, demasiado presente, a veces me gustaría irme muy lejos. Me vendría bien cambiar de aires, sin embargo siempre decido quedarme, por un motivo que no sé si es un motivo o es una excusa.

Me apabulla la enorme lista de excusas en las que baso mi vida, las excusas que me digo a mí mismo y la que le digo a los demás para no hacer ciertas cosas. Cuando las explico en voz alta a alguien justificando algo que hago o soy me doy cuenta de que estoy mintiendo, de que es imposible que se crean algo que ni yo mismo me creo. Pero las excusas que me pongo a mí mismo son distintas, es como cuando dos están de acuerdo en algo, el que propone y el que acepta, no importa lo que sea, se barre bajo la alfombra y nadie dirá nada por el bien de ambos. Pero no se puede vivir así, no al menos mucho tiempo. Todo tiene un límite, todo tiene un punto en el que o explota todo o acabarás por explotar tú.

A veces finjo que estoy orgulloso de lo que he hecho, pero no es del todo cierto. Con el tiempo uno desarrolla la capacidad de no decepcionarse demasiado, pero como contrapartida dejas de poner toda tu energía en esperar y la esperanza es otra forma de alegría. Reconozco que le he echado buenas dosis de esperanza estos últimos años, una esperanza sin sentido, llega de sueños y de visiones, de ir de un lugar hacia otro, de apostador de casino que espera que la próxima sea la buena. Pero no es bueno confiar en el azar, y yo he dejado demasiados cabos sueltos que debo atar.

Supongo que ya ha llegado el tiempo en el que huía hacia adelante. Quizá ahora deba cambiar de forma de actuar y vivir de otra forma, más consciente, sin dejar de perseguir quimeras que no llevan a ninguna parte, gastar menos energías en sueños que se disuelven en cuanto despierto. Quizá haya llegado la hora de coger fuerzas y dormir lo suficiente, comer sano, disfrutar de los amigos.

Y bucear de nuevo entre palabras que estaba evitando hasta ahora...