jueves, 27 de junio de 2013

La estrella polar



La mujer de la estrella polar apareció una noche de luna gigantesca, me cogió de la mano sin que yo pudiera retirarla a tiempo, imperceptible y fugaz, trayéndome el olor azul de su océano en una cajita cerrada con un candado que sólo podía abrir la suave desesperación de un beso. Yo le dije que era un mal momento, por supuesto no le hablé de Avellaneda, ni de que de repente me sentía mucho más viejo de lo que soy, no porque Avellaneda se fuera, sino porque todos los adioses envejecen, al menos a mí, y me dejan con la sensación de que estoy mayor para que me vuelva a gustar una mujer. Siempre pienso que no podré volver a querer como ya he querido. Y supongo que es cierto y no lo es del todo, quizá sea verdad eso que el sr. Ortiz me dice algunas veces, cuando nos sinceramos tras un par de copas: "Es el corazón el que se nos hace viejo, toni, ya no hacemos nada por primera vez y el corazón aprende por su capacidad de sorprenderse, de amar lo nuevo. Busca una vida agitada y nunca te sentirás viejo".

Pero el sr. Ortiz no comprende esta nostalgia que me asalta de vez en cuando, ni siquiera sabe que una vez existió Avellaneda, ni que la mujer de la estrella polar brilla con luz blanca, que viene de un norte sin brújula y que a mí siempre me queda esa mala costumbre de creer que traicionar un recuerdo es como traicionar a la persona con quien los has vivido, o traicionar los propios sentimientos, o... no sé, quizá las huellas que dejan en mí los afectos duran demasiado tiempo.

La mujer de la estrella polar tiene el norte agrietándole la piel al calor de este sur, y en sus ojos viajan mil icebergs sobre el gran azul. No sabría decir si su cuerpo guarda el fuego bajo tierra como la isla de donde viene o si se puede guarda la compra en los compartimentos de su corazón. A mí me gustaría creer que lo descubriré algún día no muy lejano, cuando se me deshiele el recuerdo de Avellaneda, cuando se me rejuvenezca el corazón a base de sorprenderse con lo que le depara el mundo.

Yo sé que la mujer de la estrella polar sabe cosas que yo no sé que sabe, quizá aprenderlas nos rejuvenezca a los dos tanto nos devuelvan los años en los que, cada uno por su lado, envejecimos sin darnos cuenta.

1 comentario:

S sonsoles dijo...

Hola Toni
Cuanto tiempo ;)
Beso