miércoles, 30 de junio de 2010

El nuevo trabajo

Una llamada a media tarde. Le digo que no puedo quedar con ella hoy. Mañana empiezo el nuevo trabajo y quiero llegar bien el primer día. He trabajado mucho, he esperado mucho, he creído mucho, he perseverado demasiado tiempo para dejar una mala impresión el primer día. El primer día de cualquier cosa que emprendas es mucho más importante de lo que parece.

No parece disgustada, como si ya se lo esperara. "Ha mordido el anzuelo pero el pez se ha escapado" debe de estar pensando ahora. De la misma forma que el primer día de trabajo es la culminación de un proyecto, de no bajar los brazos, de desoír sabios consejos, de ser cabezota, de creer en mí mismo (aunque a veces haya perdido el norte), lo mismo ocurre con quedar con ella. Si he esperado treinta y nueve años para conocerla puedo esperar unos días más. Una vez estuve detrás de conocer a alguien durante seis años desde el día que la conocí hasta que la llamé para quedar con ella. El tiempo es una medida inexacta cuando el minutero es impaciente.

Más tarde me envía un mensaje con una foto suya, segura de sí misma; vuelve a lanzar el anzuelo al agua, y esta vez con gusano sabroso. Tentado estoy de enviarle una mía en la que me muerdo las uñas de los pies (es broma, no me llego) pero hoy no estoy para según qué juegos de seducción, hoy sólo quiero vaciar mi ordenador de documentos antiguos para mañana empezar con todo algo más limpio, más capaz de almacenar nuevos datos.

Mañana empiezo algo grande, estoy seguro, y lo estoy porque he sido perseverante, porque he estado ahí, porque he sido todo lo honesto que sé ser, porque nunca me he rendido, ni siquiera cuando bajaba los brazos. Porque ser un hombre para mí significa luchar por aquello que crees.

Uno se puede conformar un trabajo que no le gusta pero que le paga las facturas y llenar el fin de semana para olvidar ese trabajo, pero si no tienes un anhelo, si no tienes la determinación de poder cambiar eso que no te gusta por algo que te llene y haces cosas mientras esperas que llega la oportunidad, entonces... entonces ¿qué sentido tiene vivir? ¿qué verán tus hijos que es lo que deben sentir el día de mañana?

Este trabajo me llevará a poder dar agua potable a gente que la necesita, visitaré lugares que no podría haber visitado nunca, conoceré a personas de culturas más viejas y menos contaminadas; creo que no sólo empiezo un trabajo, sino que emprendo un viaje iniciático hacia el corazón del ser humano y hacia mi propio corazón. Y cobran sentido todos estos años de dedicación al agua.

Y sé que tal vez he perdido más cosas de las que ganaré, algunas todavía me duelen, me duelen tanto que a veces arranacaría a correr y no pararía nunca, pero sé que mi destino era llevar agua a quien lo necesita.

Por eso es importante mi primer día de trabajo, por eso me voy a dormir ahora para estar más descansado.




Quizá la novela necesite que inicie este camino, quizá las historias que nazcan ahora necesitan de estas 702 entradas del blog como práctica para saber, en el momento oportuno, escribir y describir sentimientos que de otra forma, se me escaparían. A veces podemos llegar a creer que la red no es necesaria en el cazamariposas porque está llena de agujeros pero los agujeros son necesarios. ¿Alguien ha tratado de cazar una mariposa con una bolsa de plástico?

Nunca dejes de intentarlo, no te avergüences de perder una y otra vez si aprendes de ello. Ten fe. El éxito no es lo que los demás dicen que es, es lo que tú deseas que sea.

Si esto me sale mal volveré a levantarme, volveré a buscar las oportunidades, no he llegado hasta aquí para dejarlo cuando tan cerca estoy.

martes, 29 de junio de 2010

No soy quien crees que soy



Un número desconocido, una voz de mujer al otro lado; dos, tres, hasta seis frases ingeniosas que despiertan mi curiosidad. Le pregunto que quién le ha dado mi número y me contesta que un email le llevó a otro email y alguien perdió las formas, los papeles, nueve dígitos... Cuando cuelgo me doy cuenta de que no sé su nombre. También me doy cuenta de que por primera vez en varios días estoy sonriendo.

Me llama al día siguiente, esta vez le pregunto su nombre y ella me contesta con uno que se nota a la legua que no es el suyo. No insisto. Sé que no puedes hacer decir alguien algo que no quiere decir y que, en cambio, si no le das importancia el otro acaba pensando igual que tú y te lo acaba diciendo. Ella es lista, lo sabe, lo sabe y calla, se ríe del nombre inventado y cuando cuelga me dice que si quiero saber su verdadero nombre tendré que robarle el carnet.

Tengo un número desconocido grabado en la memoria del teléfono. Llamo. La voz de un hombre me pregunta qué quiero. Le digo que me he equivocado, pido disculpas y cuelgo. Tres horas más tarde ella llama y se burla de mí ingenuidad. "Te pusiste tan nervioso que ni te aventuraste a decir un nombre al azar. El azar es muy poderoso. El azar me llevó hasta tí".

Esa frase me intranquiliza. Hace que no duerma por la noche. Me juré a mí mismo alejarme de mujeres que jugaran con ventaja, que supieran de antemano cuáles eran mis debilidades. Sí, soy ingenuo, y sí, me atraen los volcanes, los cuchillos, las serpientes y los abismos. Sé que al menos tres de esas cosas habitan en el corazón de alguien con nombre falso. Entonces recuerdo que hay muñecas de trapo cosidas con el hilo del diablo. Hago una lista en un papel. Podría decir que son la misma persona fotografiada año a año en carnavales. Cambian los ojos, la estatura, hasta el color de la piel pero siempre el mismo fuego. Siempre ese ardor en la sangre, siempre ese brillo en los ojos y siempre esas expectativas acerca de mí.

Yo no soy como tú. Yo, como mucho, escribo para que me comprendas pero yo no soy lo que escribo. Soy un pobre hombre, mi niña. Un pobre hombre que tiene un blog en lugar de una vida, un hombre herido, un hombre adicto a la peor de las drogas: la esperanza.

Ella se ríe y me pregunta si alguna antes que ella se ha tragado esa tontería. Tal vez, le digo desconcertado. Me dice que hace tiempo que no encontraba lo que ha encontrado en mis palabras, que eso le sorprende y que sabe perfectamente que sólo se conoce a un autor leyendo entre líneas. Me dice que entre líneas soy algo que ni yo mismo comprendo, que creo que transmito algo pero que en realidad lo que hago es expresar otra cosa. Es como un cofre cerrado, es como si yo tuviera la llave, me dice.

Nadie tiene la llave de un cofre que no existe y que de existir estaría vacío. La oigo hablar y me pregunto que si esa lectura entre líneas no será más que un cebo para pescar pececillos de colores para no sentirme tan solo. Y me respondo que sí, que debe de ser así, pececillos que luego vuelven al mar dejándome solo otra vez.

Después de varios días de llamadas en horarios diferentes me dice que nos veamos. Le digo que no, que está confundida, que no soy lo que ella cree que soy, y que yo me acostumbraré a ella y que tarde o temprano se irá y se lo llevará todo salvo el abismo. Me dice que pasear por un parque no es como para abrirse las venas. Le vuelvo a repetir que no. Me cuelga enfadada.

Dos días sin llamar y ya me falta algo. Debe de ser que soy un animal de costumbres. Recibo un correo, un correo con un texto delicioso, si leo entre líneas puedo encontrar a un alma extraordinaria. Sé que detrás de esa lectura entre líneas me esperan un volcán, una serpiente, un cuchillo y el abismo.

Muerdo el anzuelo. Nos vemos mañana

Demasiado tiempo ya

He pasado mala noche. No he dormido casi nada, supongo que a medida que van sucediendo las cosas me voy dando cuenta cada vez más de lo ingenuo que soy y he sido.

Creo que he llegado al límite.

lunes, 28 de junio de 2010

Quién huye de quién


Pensé en dejar de escribir, en dejar de respirar, en ponerme a dormir; estaba tan cansado... A 160 km/h la vida es una emoción sencilla y poderosa, es saber que si das un volantazo todo se irá acabando mientras das vueltas sobre tí mismo y que, probablmente, nadie sospechará nada. El seguro lo cubrirá todo, hasta las marcas que los neumáticos dejarán en la autopista.

No lo he pensado ni por un momento, quizá hace años se me hubiera pasado por la mente pero ahora ya no, ahora soy el hombre débil más fuerte del mundo, ahora soy esa parte de mí que no juega con fuego. Lo aguanto todo, aguanto lo que sea, si Mike Tyson (cuando era Mike Tyson) me diera un puñetado en la cara yo seguiría sonriendo (aunque es probable que incrustado en alguna pared).

Soy fuerte porque sé que no tengo ninguna posibilidad, soy fuerte porque mañana por la mañana cuando me levante seguiré sin tener miedo, no quiero tener miedo, hace tiempo que me planteé que trataría de no temer las cosas que no se pueden evitar.

No pude evitar su llamada. O no quise. Ahora eso da igual. El caso es que descolgué el teléfono y ella estaba de nuevo allí, hablando sin que nadie pudiera hacer nada para impedírselo. Hablaba y yo respondía, como un autómata, como un ser sin alma debajo de la ropa. Hablaba y hablaba y yo me iba deshaciendo poco a poco como si en realidad fuese una escultura de arena a merced de un fuerte viento. Me dijo que quizá viajara a Barcelona el mes que viene, me dijo que vendría con su marido y sus dos perros, me dijo (o tal vez ahora lo imagino) que trataría de darle esquinazo para vernos. Le dije que me gustaría verla (era mentira), le dije que guardaba buenos recuerdos, le dije que todavía la quería.

Y ella dejó que el silencio fuera demasiado elocuente para ambos. Luego, me dijo que habían pasado cinco años y que todo el mundo deja de querer a alguien que le ha tratado como ella me trató a mí en cinco años, que no pensaba ni siquiera, la primera vez que llamó, que le cojería el teléfono.

Quizá no era tan buena idea que nos viéramos, debió pensar. Se despidió rápido, como cuando te estás deshaciendo de una llamada publicitaria.

No creo que vuelva a llamar.


Y la verdad, no sé cómo sentirme.

viernes, 25 de junio de 2010

El camino


Sigo sin saber qué escribir. Hace tiempo que no sé qué escribir, quizá nunca lo supe en realidad, quizá soy demasiado susceptible a ciertas cosas, tal vez el escribir, en mí, sea como una de esas plantas raras que sólo florecen una vez en su vida y luego se mueren para siempre.

Mi profesor de novela me decía que para escribir uno tenía algo que decir. Supongo que es lo que me pasa, que no tengo nada qué decir y sólo soy capaz de vomitar cosas en el blog. Este blog nació para que mi cabeza se centrase en escribir una novela. De eso hace dos años y medio. Si hiciera la media, he escrito una media de un post cada dos días. Dejé la novela, dejé de escribir historias. Al principio creí que era porque todos los problemas laboral-económicos me pesaban demasiado, luego creí que era por vagancia, luego creí que era porque no tenía nada qué decir, luego... porque soy como soy y no tengo remedio.

Si de algo me arrepiento es de haber dicho que estaba escribiendo una novela. Todo el mundo me pregunta que cómo va la novela. Yo digo que no escribo y entonces me enfrento a eso, al hecho de que no soy lo que digo que soy. Pero si miro hacia atrás y veo todo lo que he ido haciendo y el desgaste personal al que me he ido sometiendo. Y digo bien, me he ido sometiendo. Uno puede creer que la vida, las circunstancias, es la que manda. A veces es así, pero a mí me ha perdido la soberbia. La soberbia de pensar que "esto lo tiro yo para adelante solito" obviando que fuera había una recesión mundial, soberbia por creer que puedo hacer un trabajo para el que no tengo formación (y hacer la formación a posteriori, el saber no ocupa lugar), soberbia al pensar de que puedo seguir estando emocionalmente estable a pesar de que los días 5,10,15,23,25 y 30 de cada mes tenía que hacer frente a pagos nada baladíes amén de los extras, soberbia por creer que yo puedo, además, ser el apoyo emocional de otra persona en estas circunstancias, soberbia de querer, al mismo tiempo, labrarme un proyecto para salir de todo esto, soberbia al pensar que puedo escribir una historia en estas circunstancias.

Límites. Todos tenemos límites. Límites físicos, mentales, emocionales, límites para el corazón. Yo no los he visto. Era como una mosca chocando contra el cristal de una ventana. En esta serie de post reflexivos en los que trato, en voz alta, de poner cosas en su sitio, voy poniendo cosas sobre la mesa, cosas que creo que no podría hacer de otra forma. Básicamente porque, todo el mundo, en lugar de escucharte intenta ayudarte con la mejor de las intenciones pero basándose en su forma de pensar, una forma de pensar que tiene unas premisas personales muy claras. Yo estoy construyéndome esas premisas todavía. He llegado a un punto en el que creo voy a tener el espacio físico y emocional necesario para plantearme cómo quiero hacer las cosas a partir de ahora.

No me ata nada ni nadie. No tengo hijos, no tengo pareja, en cuanto consiga vender el piso, no tendré deudas o me quedarán las mínimas. No voy a cometer el mismo error, esta vez no me creeré el más fuerte porque he visto que creerte fuerte te hace débil, creer que puedes con todo no deja que pienses con humildad. A partir de ahora sólo me voy a esforzar en aquello que yo sepa que puedo conseguir, no voy a ponerme diez objetivos simultáneos. Sí, soy consciente que no soy eterno y que muchas de las cosas que creía que haría en mi vida no las acabaré haciendo. Esa es la primera aceptación, puede que haga muchas más cosas sólo por sólo el placer de hacerlas que marcándome objetivos sin crear las circunstancias que los faciliten.

Puede que un día tenga el tiempo y la necesidad de acabar esa novela. Puede que un día esté tranquilamente en casa, o tenga un trabajo de 8 a 3 que me permita hacerlo. Ahora prefiero hacer un agujero en el suelo para construir unos cimientos sólidos. Creí que los tenía pero era así. No importa, no es demasiado tarde.

Con todo estoy no quiero decir que con ello esté renunciando a mis sueños. En absoluto; lo que estoy queriendo decir es que no se puede dormir mientras estás conduciendo. Y tampoco quiere decir que no escriba si siento la necesidad de hacerlo, lo que quiero decir es que lo voy a hacer desde la perspectiva de que para hacer unas cosas hay que renunciar a otras.

Supongo que hay gente que todo esto lo tiene muy claro. Yo no lo tenía. Yo siempre he forzado las cosas y, lo peor de todo, es que lo he ido verbalizando. Al final, he caído en mi propia trampa. Mucha gente tenía unas expectativas sobre mí que yo mismo había creado y que eran de difícil complimiento. A veces es mejor no decir nada.

No quería acabar sin reflexionar sobre la pirámide de las necesidades de Maslow. Es difícil que dos personas se entiendan si están en etapas distintas, es difícil tener las necesidades cuebiertas y entenderte con alguien que no llega a fin de mes, con alguien que está en la fase de realización personal con otro que está en otro escalón distinto.

Durante todo este tiempo me he sentido tremendamente incomprendido y no tiene nada que ver con la capacidad de comprensión de nadie, ni de su bondad, ni de su altruísmo ni de nada de todo eso, es que simplemente, es muy difícil comprender a alguien que está en una situación distinta a tí. Y peor si es empática porque sufre por tí. De la misma forma yo no he comprendido ciertos gestos y desplantes que justo ahora empiezo a comprender los porqués.

Comprender ayuda a soltar lastre.

miércoles, 23 de junio de 2010

Nihil




Hace días que no puedo escribir. Borro todo lo que escribo, es como si no me pasara nada. Es como si alguien con una goma de borrar gigante hubiera hecho desaparecer todas las palabras que antes podían leerse dentro de mí.

No escribir no me pone triste. La tristeza ha quedado desterrada; incluso hoy, que han venido a ver por primera vez mi piso, ha sido un día insulso, blando, como un arcoiris de colores mate pero no triste. Por la tarde he caminado una hora, cuando he llegado a casa he pensado que a partir de mañana voy a salir ahí afuera y voy a tratar de recuperar las ganas por hacer cosas.

Echo de menos las palabras, y sobre todo, echo de menos aquella fiebre que me las provocaba como si fueran un sarpullido de dentro de la piel hacia afuera, me pregunto si mi vida será un constante añorar cosas, que en busca del equilibrio de mi vida, voy quitando cada vez una cosa más en uno de los dos platillos de la balanza.

El domingo llegué a la conclusión (después de andar dos horas) de que es mejor dejar marchar a quienes no quieren estar contigo, dejarlos marchar de dentro de uno, dejar de preguntarse los porqués. Es mejor decir adiós, (5) no tratar como prioridad a quien no te tiene ni como opción.

Estos meses atrás se han ido muchas personas que me acompañaron durante años, siempre pensaba que algo malo tenía yo que tener para que me dejaran con esas formas. Al final pensé que no era nada malo en mí, sino que me pierde el pretender acercarme a personas que quizá no quieran estar conmigo. Todas estas personas, en realidad, nunca me buscaron, siempre fui yo a ellas, era yo quien, por algún motivo, trataba de trabar amistad.

Les deseo suerte, en cualquier caso, les deseo que lleven la vida que han elegido llevar.



viernes, 18 de junio de 2010

Cartas


Hace días que no abro el correo, las cartas se amontonan encima de la mesa con sus sobre intactos, llenos, seguramente, de extractos bancarios y facturas, a la espera de que un día me apiade de ellas y ordene su contenido en alguna carpeta o en una bandeja de entrada o salida.

No me había dado cuenta de que había convertido mi vida en eso: en recibir cartas que no deseaba recibir, en llenar de papeles sin vida mi casa, de no tirar nada, de padecer un síndrome de Diógenes de catálogos y de cosas que me servirían más adelante. No me había dado cuenta de que la tristeza es recibir cartas con balances y requerimientos, que una avalancha así arrasa con todo de una forma silenciosa, de una forma que hastía.

Si hay algo de lo que me alegraré cuando trabaje para otro es que ya no almacenaré esas cosas, que dejaré de llegar a casa y de tener miedo al buzón. A lo mejor hasta me alegrará llegar y dejar de tener algo que hacer que no sea hacer las tareas propias de una casa. Un trabajo fuera será lo mejor para habitar mi casa. Desmantelaré los archivos, tiraré o trasladaré catálogos, revistas técnicas y me quedaré con las novelas, la bicicleta, el mapa de Granada, las varitas de incienso, volverá a ser una casa en la que cuando acabe el curso de la ISO, llegaré y pensaré "es mi casa" aunque sea por poco tiempo.

Y saldré a correr por el barrio o saldré en bicicleta por la montaña, pintaré las paredes del estudio, pondré parket arriba, instalaré la barandilla. Y haré cenas con velitas en la terraza, posiblemente solo, y respiraré hondo y las nubes pasarán por delante de la luna y luego refrescará un poco. Y a lo mejor puedo irme unos días de vacaciones (no demasiado lejos) y puede que las noches sean más cortas y yo no sienta esta intranquilidad perenne en el cuerpo.

A lo mejor podré aprovechar los pedazos de esta eterniad rota, tal vez el punto de partida sea el mejor de todos, no porque remita la invasión de cartas en mi buzón sino porque dejaré de sentir que me defiendo del mundo para salir a vivirlo a lo bestia.

Días que llegan. Días tan largamente esperados que hasta creía que eran una leyenda urbana. Días de verano. Me gustan los días de verano.

lunes, 14 de junio de 2010

El camino sin nombre


Puedo recordar más o menos la fecha, también recuerdo que era asiduo a la página web de Alex, era incluso antes de que me picara la avispa de los blogs, por entonces creo que ya mi corazón pertenecía a campanilla (es algo que no puede evitar un Peter Pan como yo).


Puedo oler aún la luz blanca que se colaba por la puerta corredera que daba a la terraza, puedo sentir que era primavera, incluso si me concentro puedo dibujar con la mano las hojas, las bellotas, las palabras que crecían al calor de aquel verano en ciernes en la pantalla de mi ordenador. Recuerdo también que el verano anterior había conocido sin yo saberlo aún a la chica de la bicicleta. Es rara la vida, me pregunto cómo es que da tantas vueltas.


Podría decir que fue durante aquella época cuando emprendí un camino extraño. Decir un camino es como decir que me perdí y mis pies fueron hollando una vereda a medida que caminaba. Hoy miro hacia atrás y lamento las equivocaciones, lamento tanto tiempo perdido, tantos esfuerzos y tanta inconsciencia. Duró años aquella locura. Supongo que para encontrarse es necesario antes perderse. Quizá por eso ese camino no tenga nombre, porque no viene de ninguna parte y llega fortuitamente a ésta. Probablemente ahora soy más egoísta, me duelen menos las cosas, desconfío de casi todo, en definitiva, creo menos, pienso menos, vivo más.


Todos atravesamos desiertos, todos sufrimos decepciones, buscamos algo que nos devuelva la alegría, la seguridad, las cosas cercanas y palpables, todos buscamos sentir que vivir nuestra vida equivale a sentirnos en casa, cómodos, con pocos cambios y muy meditados. Pero la vida cambia, los amores para siempre se acaban, quienes llegan están igual de perdidos como nosotros, a uno le da la sensación de que estamos en una habitación cerrada donde una multitud se mueve con una venda en los ojos y las manos hacia adelante.


Hoy Concha me ha hecho recordar y he mirado hacia atrás. Tengo la sensacion de haber perdido el tiempo, de haber pasado el tiempo como podía. Hace tiempo que eso pasó, no ha cambiado todo de un día para otro, ha ido poco a poco ganando terreno en mi vida.


Miro hacia atrás y no sé si siento nostalgia. Creo que no, creo que por primera vez en mucho tiempo me gusta mucho más lo que tengo por delante que lo que ha quedado atrás, creo que podía haberlo cambiado mucho antes, que podía haber hecho más. Ahora está todo bien, va por buen camino.


Ahora sé hacia donde voy.


El horizonte de la piel



Mañana he quedado con mi gestor para dejar la sociedad inactiva. Aquí acaban casi nueve años que empezaron con ilusión, siguieron con trabajo y acabaron con muchas dificultades. Siempre se puede empezar de nuevo. Siempre hay un día de mañana en el que todo puede cambiar si te esfuerzas en cambiarlo. Si siembras y trabajas, si tienes fe en lo que haces y no te rindes, tienes mucho ganado. Pero si al final pierdes, si te equivocaste y no supiste verlo a tiempo, si en algún momento te dijiste, "mira, no. No vas bien, deja de darte contra la pared" y rectificaste, entonces tampoco perdiste del todo. Recuerda, darse por vencido, es la parte imprescindible para empezar un nuevo proyecto.

Y yo acabo aquí. Para acabar tenía que empezar un nuevo trabajo, como para empezar debo dar el paso que daré mañana. Sigo a mi corazón pero soy de los que guardan siempre la ropa (bueno, casi siempre), mi cabeza sabe lo que necesito, mi corazón sabe lo que anhelo. Tengo la certeza de que todo me irá bien. Lo noto en la piel y lo veo en los proyectos que están encima de mi mesa desde hace unas semanas. Este negocio lo propuse yo y es mío. Yo seré el impulsor y la cabeza visible. Otra vez me vuelvo a sentir vivo. Es difícil pasar de dirigir un equipo a trabajar en absoluta soledad y en la supervivencia.

Estos últimos dos años y medio han sido una dura prueba. Una prueba que no he superado, un examen que he suspendido, ni he salido más fuerte ni he aprendido casi nada, he creado mil estrategias que no han funcionado (excepto ésta). Si acaso he aprendido a no querer volver a pasar por esto. Quizá sea más fuerte ahora, pero no soy consciente. Sólo soy más perseverante, igual la fuerza no se mide por la contundencia con la que calles a alguien sino por la determinación por conseguir aquello que deseas.

No sé qué pasará a partir de mañana pero sé que, de una forma u otra, seguiré adelante porque he desarrollado un plan estratégico buenísimo, porque tengo confianza absoluta y porque me lo dice el vello erizado de mi piel.

A veces escribo triste, es cierto, a veces estoy triste. Siento tristeza por perder a personas, por perder lugares, energías, por desperdiciar durante muchos días todo lo que sé y todo lo que puedo llegar a hacer. Sentir tristeza no es ni bueno ni malo, es la señal de que algo no va bien. Quizá por eso amo a mi tristeza y le escribo, no dejes nunca de avisarme de que algo no funciona, amiga trsteza.

Me gustaría empezar este camino en buena compañía ¿me sigues?




(pels més nostàlgics)

Caminos que ahora desvanecen
Caminos que tenemos que hacer solos
Caminos cerca de las estrellas
Caminos que ahora no están
Lo dejamos todo, el corazón encendido por el mundo
Por las paredes de la muerte, sobre la piel
Eran dos pájaros de fuego, sembrando tormentas
Ahora somos dos hijos del Sol, en este desierto
Nunca es demasiado tarde, para volver a empezar
Para salir a buscar tu tesoro
Caminos, sueños y promesas
Caminos que ya son nuevos

No es sencillo saber hacia dónde tienes que marcharte
Toma la dirección de tu corazón
Nunca es demasiado tarde para volver a empezar
Para salir a buscar tu tesoro
Caminos que ahora desvanecen
Caminos que tienes que hacer solo
Caminos cerca de las estrellas
Caminos que ya son nuevos

viernes, 11 de junio de 2010

Quién sabe


Siempre hay un primer día del resto de tu vida, un día en el que renuncias a algo muy querido, un día en el que empiezas exactamente desde cero, un día que has esperado y que cuando llega tiene aún el papel de regalo encima. Ahora, como soy mayor, ya no me puede la impaciencia, despego con parsimonia el celo preguntándome si a partir de ahora todos los días tendrán esa cadencia de no pertenecer a ningún sueño, de no haber sido deseados, como si esta nueva vida hubiera sido engendrada de penalti en una habitación a oscuras y en la tibieza de un amor pasajero.


Hace tiempo que tengo la sensación de carecer de raíces, que vivo suspendido en una red a dos metros del suelo, en un cultivo hidropónico mal calibrado en el que un día falta agua, otro el alimento, luz, sol, las voces de los cuidadores. A veces pienso que soy un eterno emigrante y que vivo constantemente expulsado de los países en los que quiero vivir, en los cuáles no valoran mis aptitudes, mis idiomas, mi deseo de trabajar duramente y que, en lugar de ello, dan más valor a mi aspecto, a las costumbres que se le achacan a mi pueblo, a esa forma mía de no saber aún decir correctamente "buenos días", a no saber aguantar la mirada del que me mira distinto.


Lo que me hace débil me hace fuerte. Saberte de sobras hace que te vuelvas más comprensivo con el otro, la solidaridad no es un valor en alza pero es lo único que queda en las cunetas de todos los caminos del mundo. Comprender es visto como una debilidad hasta que necesitas que te comprendan y encuentras a alguien que te escucha. Con el tiempo, uno se da cuenta de que poco importa lo que piensen los demás qué eres, lo que importa es que, a pesar de lo que los demás piensen que eres, no pretendas ser otro distinto.


Puede que me fuera mejor en la vida si fuera más egoísta, más decidido, pero entonces quizá no tuviera tiempo para alegrarme de verte, entonces quizá no nos hubiéramos conocido, no tendría tiempo para escribir de vez en cuando en un blog, no tendría tiempo de quererte, no tendría esta necesidad de buscarte.


jueves, 10 de junio de 2010

miércoles, 9 de junio de 2010

Palabras que son ceniza



No recuerdo si llamó ella o llamé yo, el caso es que Shangai es siempre a cobro revertido, como lo son algunos amores a los que uno se acaba haciendo adicto. Para cuando llamó yo ya había aprendido la lección. Ella no se presentó en el aeropuerto a pesar de enviarme un sms desde Londres en el que decía "Ahora salgo". No iba a ir a esperarla pero sin embargo fui. Ella no.

Al otro lado del teléfono su voz era alegre, una alegría que yo sabía que no tenía demasiado que ver con mi voz, lo intuía, como se intuyen esas cosas de las personas a las que les has pillado en toda clase de mentiras.

Hablamos un rato, llovía en Shangai, se esperaba que bajaran las temperaturas en Barcelona. Al cabo de un rato de hablar de vanidades se quedó en silencio y después de una pausa en la que imagino debió pensar en cómo me lo diría, dijo: "Estoy embarazada". Casi sin dejarle acabar la frase le di la enhorabuena, como si al hacerlo se quedaran, imperfectas y volátiles, sus palabras fuera del alcance de mi alma. Quizá pensé en aquella ilusión (antes de que conociese las siete octavas partes de hielo que escondía bajo su piel) de formar una una familia junto a ella. Por entonces yo era un iluso. Un idiota que aún creía en que lo que se dice y se planea entre dos, tiene algo de inviolable camaradería. Ella me despertó de ese sueño juvenil, de esa inopia de boy scout, y me devolvió a la cruda realidad con un chasquido de dedos, como a un hipnotizado en un número de variedades. Reconozco que desde entonces nunca he vuelto a saltar desde tan alto aun con la certeza de que llevara puesto un paracaídas.

"¿Niño o niña?" pregunté pensando en cuántas veces le había hecho esa pregunta pero en lugar de inquirir por el fututo sexo del bebé la había hecho acerca de sus preferencias cuando lo tuviéramos ambos.

"No lo sé aún. Es demasiado pronto para saberlo. De hecho, eres el primero en saberlo" dijo. Nunca se lo perdonaré. Ni que hiciera esto ahora ni que traicionara nuestro pacto entonces. "¿No se lo has dicho a tu marido aún?" pregunté. "No" dijo seca y dejando colgado en el aire algo no dicho, un secreto que dejaría de serlo si alguno de los dos respirábamos.

Seguimos hablando; no hablamos de nosotros, ni del bebé, ni del futuro, ni de nada que tuviera que ver con el hecho de vivir en este planeta y sentir o amar, o ser libres. Hablamos de cosas que no recuerdo porque al salir de nuestras bocas ya no merecía la pena recordarlas. Sé que estuvo a punto de llorar al otro lado mundo y que si yo hubiese estado allí la hubiese abrazado y que, al salir por la puerta, ya no quedaría nada de ese abrazo que llevarme conmigo.

No sé quien colgó primero ni si llegamos a despedirnos. Vendrá a Barcelona. "Esta vez, sí" fueron sus palabras exactas.

Me pregunté si yo estaría aquí para cuando ella llegara o si estaría cruzándome en el cielo con ella camino de otro destino. Sólo el diablo lo sabe.

Tiene gracia que haya acabado pidiéndole al diablo lo que dios nunca quiso concederme.

Los días mojados



Esta mañana me ha despertado un trueno cercano, uno de esos que hace que huela a tierra mojada antes incluso de que haya caído la primera gota. Después de ducharme me he comido un yogurt sabor Aloe Vera. "0,86 €" me dije cuando lo ví, mis caprichos no llegan al euro, como aquellos chicles de a peseta de cuando bajaba al economato de debajo de mi casa.

Las nueve y cuarto y ya he recibido cinco llamadas esta mañana. Creo que va a ser un día extraño.

martes, 8 de junio de 2010

A todo trapo


Hay cosas que no entiendo, cosas que me pasan, que están ahí dentro, en algún lugar de los compartimentos estancos en los que está dividido mi cuerpo. A veces me veo como un barco, si un accidente abre una brecha en la quilla sólo se inunda esa parte y el resto queda a salvo, permitiéndome seguir a flote. A veces, mi cuerpo se organiza para que mis sentimientos siempre estén en un lugar seco; así, si se me inunda el corazón, los sentimientos pueden estar perfectamente guardados en otra parte... tengo tantos empaquetados en las palmas de mis manos...


Lo que no puedo cambiar es ese sentimiento de pérdida, esa tristeza de baja intensidad, el sentir una infinita compasión por nada en concreto y por todo al mismo tiempo. A veces entro en un estado de actividad frenética sin objeto y se me va la fuerza por el desespero. A veces te echo de menos y otras me alegra saber que estás mucho mejor sin mí. Me ocurren muchas cosas a la vez y entonces, es como si mi cuerpo se estuviera preparando para un gran impacto llevándose sentimientos de un lugar a otro. Esta vez no intuyo qué puede ser, así que espero, escuchando el quejido metálico de mi esqueleto de barco, en un silencio sólo roto por el sonido de una canción que sale de un transistor viejo en alguna parte indefinida. Espero. Espero mientras voy a toda máquina hacia un destino largamente esperado.


Miedo. Como un submarino que se ha sumergido al ser descubierto por un dragaminas. Miedo. Como cuando no tienes la seguridad de estar a la altura de la misión encomendada. Miedo a que me olvides y yo te tenga que olvidar por ello.



domingo, 6 de junio de 2010

El viaje alucinante


Si me preguntaran por cómo alguien que te desconoce, que es la primera vez que te ve, empieza a decirte una por una todas las visicitudes de tu vida en los últimos tiempos con fechas exactas, que dijera sin saber nada de tí, cómo eres, cuáles son tus defectos y anhelos, tus fobias y tus secretos que nunca dijiste a nadie (a no ser que fuera en sueños), no sabría qué decir ni qué contestar, quizá diría que fui a la mejor astróloga del mundo, o que la astrología es una ciencia exacta, o qué se yo qué diría, eso sí, lo diría un día más tarde, cuando hubiera salido de mi asombro, después de horas de reposo y de aceptación de que todo lo sucedido no era un sueño.

Si decir casi sin saber ni quién eres a qué te dedicas y cuáles son tus proyectos inmediatos y se aventurara a describir en qué consiste tu trabajo con palabras casi exactas (como si les hubiese robado al aire que te llena los pulmones o a la sangre que circula por tu cuerpo) no fuera una especie de milagro ¿qué sería entonces?

Hoy, un día después de lo sucedido, miro hacia atrás y veo mi pasado como algo que tenía que suceder, algo que estaba escrito en las estrellas y que estaba programado en mi nacimiento. Hoy tengo inciertas certezas y dudas resueltas que ya no son tan dudas. ¿Será cierto? ¿un sueño? No lo sé, lo que sí sé es que encontré un motivo para seguir con mis proyectos, con mis ideas, con todo lo que tiene que ver con los cambios que van llegando poco a poco a mi vida y que doy por bueno todo lo que ha ido ocurriendo en estos últimos años.

Ahora toca la época de los grandes cambios, de las grandes oportunidades. La gran oportunidad es el mundo, la gran oportunidad es el agua, ¡me alegro tanto de no haber hecho caso a los que me aconsejaban cambiar de sector, de agarrarme al primer clavo ardiendo que se me presentase! No sé cómo ira todo. Nadie sabe qué le depara el futuro porque el futuro se gana con esfuerzo y determinación; pero creo que ahora por fin sigo el camino en el que yo creía porque era el camino que yo había visualizado.

Durante estos últimos casi tres años he sufrido muchas decepciones, personas a las que estaba muy unidas se fueron sin dar explicaciones, desaparecieron de mi vida como si fueran parte de un truco de magia. Yo siempre esperé a que el mago los hiciese aparecer de nuevo en otro lugar, pero el truco carecía de final. Siempre he pensado que el "estar ahí" cuando sabes que alguien necesita que "alguien" esté ahí es mi gran debilidad y al mismo tiempo mi gran fortaleza. Debilidad porque si lo hago es porque creo un vínculo emocional y solidario que hace que me agote física y mentalmente. Fortaleza porque es lo que siento que debe ser un ser humano para otro, la colaboración, la solidaridad es lo único que me convierte en un hombres de verdad. En eso también me reafirmo y en eso tampoco pienso cambiar.

Intuyo que voy a recuperar la pasión por la vida que perdí hace unos años, la pasión que me hacía hacer un curso para perfeccionar mi forma de escribir y proyectar una novela que aún tengo a medias, la pasión que me impulsaba a coger la mochila y recorrer una pequeña parte de la India con sólo la compañía de mi sombra, la pasión que sólo te da la idea de que la vida es una gran oportunidad.

Hace pocos, muy pocos días, empezó un viaje alucinante, un viaje cuyo mapa es la certeza de que a pesar de que uno puede tener la sensación de que lo ha perdido todo por estúpido, por no hacer caso a los demás por encima de su propia visión de las cosas, lo importante es ser fiel a lo que le late debajo de la piel, a lo que uno quería ser de renacuajo.

No traiciones nunca a la niña o niño que fuiste.

Porque entonces siempre creerás en la magia que hace posible que se cumplan tus sueños.

Y eso no tiene precio.


viernes, 4 de junio de 2010

AA+



La vida sería distinta si no existieran los boleros. Probablemente nos faltaría el traductor necesario para entender algunas de las cosas que nos atraviesan con la lentitud y la violencia de los días consagrados al olvido, esos que nunca son olvido hasta que se olvidan de pretender serlo.

No se puede pactar una rebaja de derechos; perder privilegios con alguien es como cuando te rebajan la calificación de la deuda. Ni sabes exactamente qué motiva a ello y miras de reojo a quienes suben en esa escala de valoración, porque uno sigue siendo el mismo y el otro sigue siendo el mismo, pero quizá es un país mercadoemergente, y ya se sabe que siempre es más atractivo lo desconocido por muchas minas anti-persona que haya plantado algún ejército enemigo.

Diría muchas cosas y todas tendrían forma de daga. No estoy hoy para perder demasiada sangre. Nunca me apeteció derramar la ajena.

A veces me pregunto si esta tozudez mía, este creer (tan en el fondo) en mi forma de ser, no es, en realidad, un error monumental que me lleva a no adaptarme a lo que los demás piensa que debería ser.

Sólo deseo que algún día algún día me eches de menos. Supongo que con eso, ya tengo bastante. Aquí bajamos la calificación los dos en nuestra mutuas escalas.



miércoles, 2 de junio de 2010

A cinco minutos de la isla desierta


Cinco minutos de descanso, cinco minutos que son como una piedra que cae en un charco y llena de barro esta tarde, cinco minutos que luchan por no entrometerse en lo que queda de día. Me gustaría saber si jurarías que no estás pensando que una entrada en horario de trabajo no merece la pena.
Hace calor, saldría a caminar, me distraería saliendo al sol pero por debajo de los árboles, caminaría hasta que mi cuerpo olvidase las mil y una noches de tu boca, caminaría hasta la zona cero de todo lo que no hemos vivido. Cinco minutos de descanso dan para saber que ahora que todo empieza, es cuando realmente acaba todo.


Respondería que te llevaría a ti a la pregunta de la isla desierta, para que cuando vaya de un sitio a otro con la maleta a cuestas te vinieras conmigo, a recorrer calles exóticas y repletas de magia. Te llevaría a ti como te llevo en estos cinco minutos que ya van para diez, siempre me coje la inspiración cuando menos puedo darme a ella, como esos libros que nunca empiezas porque crees que no vas a acabarlos nunca y lo abres por en medio para hojearlo y te atrapa como si fuera una aspiradora y tú, la cortina del baño. Quizá sea que llevo toda la tarde con Bunbury y eso afecta (de forma negativa) al deseo inconfesable de escribir letras de canciones. Dicen que los libra expresamos las emociones a través de canciones. Bueno, yo no soy libra, pero sí es mi ascendente. Ya sabes que creo en esas cosas que tu tildas de religión para ignorantes.


Esta mañana se ha dehecho la longitud de onda de los sueños que tuve por la noche, mi cerebro, probablemente no pueda soportar lo soñado, mi alma (si la tengo) no podría volver a ser la misma después de tanto monstruo bajo el agua. A veces siento que hay tanta belleza y tenemos tan poco tiempo... ¿Por qué soñar con cosas feas? Bueno, van para quince minutos, vuelvo a lo mío, a perseguir proyectos, a construir el futuro inmediato.


Tú no lo sabes pero cada vez que abres el grifo y cientos de millones de gotas de agua se escapan por él, hay una por lo menos, que me pertenece, que ha pasado por mis manos. Me pregunto si la felicidad tuvo, alguna vez, que ver con eso.

Reflexión

Hace días que me cuesta encontrar palabras, como si necesitaran un lugar por donde salir y mi cuerpo estuviese cerrado, como si las huellas dactilares fueran un tapón que no dejara fluir lo que siento. A veces pienso que lo que ocurre es que no siento nada, que una era glacial me ha ido cubriendo las venas. Tendría gracia ahora que llega la primavera.

No sé, hoy quería escribir y hacer entender a alguien que tengo la convicción de que todo irá a mejor pero no me ha salido nada, a veces me quedo así, como si hubiese gastado todas las imágenes que pueda crear, que a partir de ese momento volveré a pensar de una forma normal y ya nunca encontraré dos palabras que quieran juntarse.

No sé, es tarde, el bicho duerme, yo casi estoy dormido mientras tecleo. Me voy a la cama.


martes, 1 de junio de 2010

Uno sabe qué va a ser de mayor


Ayer firmé mi primera depuradora en un año y medio. Es una planta pequeñita, de segunda mano, pero a coste casi cero. No gano mucho pero entiendo que no es flor de un día, que todos estos meses que han pasado y todo lo que me he movido, todo lo que he estado haciendo, el ir de un lado para otro, incluso los días que me he pasado en casa sin saber qué hacer han sido días productivos. Hoy he repasado una a una todas las ofertas, las prospecciones de mercado, los intententos por llegar a alguna parte y lo que he dejado por el camino y me doy cuenta del trabajo silencioso y constante.


Miro hacia atrás y no reniego de lo que he hecho o por lo que he apostado. Todo me ha llevado a este punto y este punto es uno de partida. Mirar hacia adelante, siempre he mirado con esperanza hacia adelante, incluso en los días en los que lo veía todo oscuro había algo dentro de mí que mantenía la convicción de que todo ese trabajo acabaría teniendo sus consecuencias. de la misma forma que sé que acabaré la novela y que haber escrito en este blog habrá sido un ejercicio para conocer el pensamiento y sobre todo, los sentimientos de alguien en situaciones difíciles.


No sé dónde me llevará el destino, sé que pase lo que pase no lo he empezado ahora, sino que esto es otro capítulo más. El otro día recordé el porqué me hice ingeniero y cuál fue mi decisión cuando tuve dieciséis años de hacer ciencias cuando yo siempre fui de letras. Creo que lo importante es saber qué es lo que se quiere bajo la piel aunque no se sepa exactamente qué es lo que se quiere en lo inmediato.


Sé que seré feliz llevando agua potable a quien lo necesita aunque también lleve agua a campos de golf o a complejos hoteleros. Unos proyectos nos harán fuertes para acceder a los proyectos del banco mundial y de ayuda al desarrollo. Cada día que pasa todo va tomando más forma, y esa forma, curiosamente, tiene algo que ver con la fantasía de aquel chico de dieciséis años y que le hizo tomar un decisión.


¿Cómo irá? No lo sé. El azar tiene mucho que decir, pero sé que todos estos meses de escasez me han convertido en un cazador de oportunidades. Al final, apostar a pesar de todo por mí mismo entiendo que traerá un beneficio.


Ayer, cuando volvía a casa después de cerrar el contrato, me pidieron una oferta grande y cinco pequeñitas por teléfono, como si el cerrar ese contrato hubiera quitado el tapón de una botella de cava agitada salvajemente. A veces esas cosas suceden.


Ahora es hora de seguir en la brecha.


Gracias por estar ahí, invisible o dejando huella. No te imaginas lo mucho que me ayuda saber que estás ahí.