martes, 30 de marzo de 2010

Grandes palabras

Reconozco que a estas alturas de mi vida me cuesta conservar el hábito de la esperanza, no porque el mundo sea un lugar poco fértil a tal sentimiento (la esperanza es un sentimiento) sino porque yo soy mi propio enemigo. El enemigo en casa, piel adentro.

Sospecho que eso que yo bauticé como bicho no es más que la personificación de la rebeldía. Uno cree que el rebelde es el que se enfada por todo, el que no acepta nada que venga de fuera, pero la rebeldía puede empezar por sabotearse a uno mismo, por negarse las cosas buenas que le pasan. Uno tiene la sensación que uno lleva comida a escondidas al enemigo que se aposta en casa aun a sabiendas que planea arrasarla hasta los cimientos.

Nunca consigo nada de lo que me propongo, al cabo de un tiempo las personas que me quieren pasan a apreciarme y si me quedo más tiempo alrededor pasan a una indiferencia extraña, una mezcla de querer que esté ahí pero que no participe. Estoy seguro de que provoco esa reacción en cadena y que es, en parte, algo a lo que estoy destinado. Pero yo me rebelo (muy bien, niño rebelde).

Me rebelo a que no admitan ni toleren lo mismo que yo debo tolerar y admitir, me rebelo a que me digan que soy esto o aquello cuando esto o aquello justifiquen la creciente indiferencia. Me rebelo ante los días que paso esperando, a que no me tengan en cuenta, me rebelo a tener por prioritario a quien me tiene como una opción más.

Puede que no escriba la novela, puede que tenga una mierda de trabajo y puede que vaya nervioso todo el día para hacer un montón de cosas al mismo tiempo y no pueda abarcarlas todas, pero a veces, sólo a veces, estoy ahí . Y cuando estoy ahí no es que da la casualidad que justo pasaba por ahí, tal vez es que llevo esperando todo el día a que tú me necesites.

sábado, 27 de marzo de 2010

El círculo polar ártico del corazón



... y en ese instante supo que todo había terminado. Hasta entonces había pensado que lo suyo era una fractura que tarde o temprano habría de unirse de nuevo hasta coger de nuevo la consistencia de un hueso único. Pero se equivocaba. Aquello era como una amputación, una separación irreversible, algo definitivo y sin remedio. Y al darse cuenta de ello creyó sentir lo que siente un miebro que es separado del resto del cuerpo, es decir, se sintió pasar de ser algo vivo a ser una cosa, a sentir un dolor inútil porque no había nada ni nadie para sentirlo. Creyó saber, con una certeza casi absoluta, lo que siente la mano desposeída de su función, su identidad, su razón de ser, un miembro que caía a cámara lenta desde una altura que poco importaba, que no entendía, que ni tan siquiera tenía oídos para escuchar el chasquido del impacto contra el suelo.




Así acaban las relaciones que nacen para durar, pensó, siempre de una forma inesperada, ciegas y sordas a las advertencias de que, tarde o temprano, han de acabar así. ¿Quién sabría la verdad? y sobre todo ¿qué verdad era la que más se acercaba a la realidad? Habían dos versiones distintas, como si dos personas delante de una escena en una obra, una de ellas riera y la otra se emocionase hasta el llanto. "Es algo de la piel" se dijo "Es como si hubiese una vida anterior que hubiese tatutado la piel por dentro sin que se pudiera ver a simple vista qué hay escrito y que, en un momento determinado, saliera a la luz y el otro dijera ¿ves? te lo advertí". Pensó también que a ciertas edades somos laberintos en el que encerramos más y más trampas para que nadie salga de ellos. Y creyó ver, aunque si le preguntaran no sabría volver a describir qué, un sentido y un orden a todo eso, como si se ordenase un puzzle un segundo antes de que un terremoto lo agitase y lo deshiciese perdiendo para siempre las piezas.




No le asustó la soledad ni esas otros sucedáneos que tanto se le parecen en color y textura, pero esta vez sí tuvo miedo de algo, algo innombrable y mucho más oscuro. Pensó que de repente, sin que antes le hubiese ocurrido, tenía miedo a la muerte. No a una muerte física sino a una mezcla de olvido y pérdida, algo así a lo que deben sentir los escritores que ya han escrito lo mejor que podrán escribir jamás y nadie lo ha querido leer. Vanidad, pensó. El otro día había leído algo acerca de la vanidad. Sintió un escalofrío. Se levantó y encendió la calefacción. Cogió papel y lápiz y quiso hacer un gesto que restase importancia a todo. La lista de la compra estaría bien, pero no pudo. Así se quedó durante un buen rato, con el lápiz en la mano, sabiendo que le iba a costar mucho ese primer paso, no porque no estuviese acostumbrado a empezar de nuevo, sino porque esta vez no tenía la convicción que tienen los que saben que todo va a ir a mejor.

viernes, 26 de marzo de 2010

Tres escalones


Quizá hubiese ido todo mejor si un momento determinado, eso sí, regido por el azar, él hubiese dicho aquella frase que él quería pronunciar y que ella quería escuchar. Pero a veces, el tiempo se le escapaba por entre los dedos como el agua, dejando la mano mojada e inútil, sabiendo que todo el tiempo se ha escurrido sin remedio mojando el suelo yermo también.

Se sentó y se reclinó en la silla de la oficina. Imaginaba que existían algo así como islas de tiempo en las que uno podía pensar con calma, como un remanso en el descenso de un río de aguas bravas. Sí, para él eso era la vida, una caída vertiginosa y sin freno en el que sortear peligros escondidos, dejarse llevar por corrientes que le poseían y que tarde o temprano habrían que se estrellase y se hundiese.

Le hubiese gustado tener un gesto repetitivo con el que ocupar sus manos pero éstas parecían preguntarle qué era eso de no tener nada qué hacer, molestas por una libertad indeseada. Las manos enseguida propusieron tareas comunes: coger un bolígrafo, un libro, marcar un número de teléfono... como si estuviesen encargadas de proveer a la mente de una agitación contínua en la que las islas de tiempo no tuviesen un espacio para existir.

Pensó de nuevo en ella, en su creciente interés porque se dejasen de ver, por sus comentarios aparentemente sin importancia acerca de ese otro y con el que nunca había conseguido coincidir aunque sólo fuera para ver qué aspecto tenía. Pensó que tal vez las cosas pasan siempre para bien y que uno siempre pierde antes de que otro gane, que existen momentos en los que falta una frase o sobra otra que pesan lo suficiente como para decantar la balanza de los afectos y las preferencias.

Cuando se dio cuenta sus manos habían cogido el teléfono y habían marcado el teléfono de ella. Lo miró casi con sorpresa a pesar de que lo habría marcado cientos de veces. Colgó el teléfono sin llamar, se levantó de la silla y se puso la chaqueta. Esta isla de tiempo la voy a recorrer caminando. Abrió la puerta de casa y se giró para ver la sala de estar como si no hubiera de verla nunca más. Cerró la puerta tras de sí, bajó los tres escalones que le separaban de la acera y se fue caminando calle abajo, con las manos en los bolsillos, pensando de nuevo en ella y en que le costaría mucho que eso cambiase.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Vídeo: Coque Malla - No puedo vivir





Por todo lo turbio que tienes tus palabras...



... y todos tus gestos.


(a medianoche)

domingo, 21 de marzo de 2010

Tiffany´s es nombre de pija


Si algo debo agradecerle al tiempo es que cure las heridas, que lo haga con esa paciencia infinita, maestro de una cirugía ventricular con bisturí de días.

Si de algo estoy seguro es que debo estar agradecido al tiempo por ser circular sin serlo del todo, por ser un poco ligero de cascos y quedarse preñado de olvido y dar a luz sólo buenos recuerdos.

Si el tiempo supiera que yo sé que esta noche se la ha pasado a los pies de mi cama, eterno y minúsculo como un Aleph, salmodiando el sonido de una lluvia que no ha caído, ronroneando como un gato frente a la chimenea recién encendida, si supiera el tiempo que yo sé a qué se parece, entonces quizá volvería tras sus huellas y borraría lo que no quiero que borre. He sido feliz y soy feliz así, pensando que el mañana me regalará un gran día, apostando siempre a favor de la esperanza. Porque el tiempo sabe que soy un optimista disfrazado de pesimista.

Porque el tiempo lo sabe todo y a pesar de ello prefiere pasar la noche a los pies de mi cama a ir al bingo y ganar siempre.


Coldplay - The Hardest Part
Cargado por ernestgc. - Ver los videos de música recién destacados.

Vídeo: Lies - Glenn Hansard

El fin del Paraíso


Hay quien cree que puede conseguirse una cohartada con la misma facilidad con la que se consigue un taxi a media tarde en una calle principal de cualquier gran ciudad. Una cohartada es una obra de arte, una cohartada no crea en diez minutos, no se crea si no eres un perfecto constructor de cohartadas.


Hay días en los que maldigo el curso de guión que hice hace años porque encuentro fallos de guión por todas partes. No digo que sea imposible mentirme, sólo digo que tengo práctica en eso de atar cabos sueltos. Claro que también tuve una buena sparring. Ella inspiró otra Ella que me vino de perlas para crear este blog, para crear una historia en la que ella era alguien acostumbrada a no tener normas, a no sentir lealtades. Ella se fue y quedó Ella, la otra, la de carne y papel.


Esta noche el bicho habla a través del oráculo pero no le haría falta hacerlo. El bicho no se pasea por ningún sitio, sólo se sienta a los pies de la cama y se ríe de mí. Esta vez no me duele su risa, esta vez no me coge desprevenido, conozco esa risa y puedo soportarla. El bicho se irá a dormir desconcertado y enfadado conmigo por esta aparente apatía. Ella... ella vagará por las calles en otra compañía que no soy yo, una compañía que sólo es tratar de encontrar algo que le falta y que siempre buscará en otro y no en sí misma, una compañía que no se la merece como no se merecen las mentiras aquellos que te quieren bien.


Errores de guión más frecuentes:


- Te contestan con un mensaje cuando nunca antes lo han hecho.

- Decir que pasarán la noche con alguien con quien no suelen quedar y que no te llamen.

- Que se arreglen más de lo ordinario, por ejemplo, ir a la peluquería.

- Hablar de alguien sin venir a cuento.


Hay otro error de guión. Pero ese es un error de guión de vida.


- Creer que con una mentira vas a evitar el daño que puede ocasionar la verdad. El efecto siempre es el contrario.


A veces una verdad inocente puede ensuciarse con una mentira estúpida.
Me es difícil creer que mi vida vuelva casi siempre a un mismo punto, como si se hubiese fijado a un sentimiento de desencanto eterno, como si una vez encontrada una ilusión, ésta sólo fuera un espejismo, una piedra preciosa que se rompe al caer, como cuando los padres te dicen que no existen los reyes... Mi vida vuelve ahí y yo... esta vez, me río. No porque no me quede otra, sino porque este sentimiento es lo más verdadero que me queda. Nada ni nadie va a influir más en mi ánimo para mal. Nada me va a afectar... lo que importa es la actitud. Si tienes una buena actitud puedes pasar la tristeza sin hacerla más grande de lo que es en realidad.


sábado, 20 de marzo de 2010

Verduras al curry...

Verduras al curry:

Se cuece el brócoli (2-3 minutos), la coliflor (con una gota de leche para que no huela tan mal, 5-6 minutos), la zanahoria (7 minutos) y la patata (12-15 minutos).

Salsa:
Cebolla picada (se reahoga en aceite), harina (poca), se echa mostaza y curry, comino,pimienta, se echa un litro de agua y se reduce poco a poco, cuando ya quede poco, se le echan las verduras, también puedes cocer todas las verduras en la salsa hasta que reduzca pero teniendo en cuenta los minutos de cocción de cada una.



Orilla de tiempo


Pocas veces me siento delante del ordenador y sé qué va a pasar. Podría contar con los dedos de una mano esos días en los que sabía qué iba a escribir y desde qué parte de mí brotarían las palabras. Podría decir que un caos regido por unas leyes que sólo existen muy de vez en cuando es de donde sale todo. Un caos semejante a un Universo que empieza a contraerse, un Universo plagado de agujeros negros como si hubiesen bombardeado una hoja de papel con perdigones de azufre.


Esta mañana quería levantarme, ponerme uno de esos vídeos con los que a veces suelo motivarme. Me gusta el Allright de Supergrass pero también veo alguno de ventas, de historias de superación, de gestas al borde de la locura y la muerte, de fuerza interior, como si pudiera contagiárseme ese sentimiento de poder llegar a ser feliz. Hay días en que lo consigo y otras la motivación se cuela por uno de los agujeros negros como una bola de pinball entre las dos barritas esas que nunca supe cómo se llamaban.


Esta mañana, que amenaza con lloverme una lluvia fría y gris, me he levantado y he empezado a recorrer con las manos las tareas que me he impuesto para el fin de semana. Prácticamente no tendré tiempo de hacerlas todas pero me da igual. Hoy no necesito motivación. Hoy me he levantado moviéndome dentro de una gran calma, de un silencio confortable que tiene un peso como el de una manta, una calma como la de esos días de en medio de las vacaciones. Podría pensar que es una calma triste pero no, no lo es, sólo es quietud y silencio, algo así como sería el polo norte con calefacción, café y pastas.


Pero ahora recuerdo que me tengo cosas atrasadas que hacer. Y que escribir aquí me distrae... pero tenía que dejar constancia de esta sensación de calma por escrito, para recordarla cuando me falte, para no confundirla con la soledad o con la tristeza. Para saber que existe esta sensación de cámara lenta... en el que casi todo se refleja en el ir y venir de los segundos que llegan (y se van) como las olas en la orilla del mar de tiempo que tengo de vida.



(La imagen es estática, si miras al centro con atención todo se parará)


viernes, 19 de marzo de 2010

Vídeo: Bunbury - Frente a frente

Te llamaré Viernes - María Villalón - La lluvia



A veces me siento como Viernes, es decir, como un salvaje lúcido en manos de un Robinson convencido de que la civilización es el atrezzo y no la capacidad respetarnos unos a otros. Sentirse Viernes tiene sus ventajas: tu santo es una vez a la semana en lugar de una vez al año, pero casi todo lo demás no es bueno, es más, te lleva a una frustración casi constante.

Quizá soy yo, que no entiendo que las formas lo sean todo, quizá sea que no entienda que tanta crueldad innecesaria sea tan necesaria para algunos. Tal vez no sea lo más adecuado decir que prefiero ser Viernes y ser salvaje y sentirme triste cuando sé que no cuento para según qué cosas y sí para otras.

El otro día Hécuba hablaba de la vanidad y yo me identifiqué tanto... cuando sabes que alguien buscará en otro aquello que podía encontrar en tí... pero yo soy un salvaje y a veces a los salvajes se nos obvian ya no los derechos, sino incluso se nos niegan los sentimientos.

Hoy viernes seré Viernes, y buscaré la complicidad de la luna y merodearé la selva, y me reconciliaré con las olas, y escribiré otra vez por la noche cartas de amor sin destinatario.



Te dedico la lluvia de mañana.

jueves, 18 de marzo de 2010

El libro de los días pequeños



Siempre pensé que si un día escribiera un libro lo titularía así, consciente de que las grandes cosas están repletas de días minúsculos en los que aparentemente no ocurre nada pero que son como la lluvia sobre el campo ya sembrado, sobre el que aparentemente no hace nada. Siempre pensé que las relaciones humanas estaban repletas de esa clase de días y que resignarse a vivirlos sin darles importancia era como no reconocer la que tiene el dormir por las noches.

Hoy, que vivo a una velocidad más baja que hace unos años, ahora que mi vida está en ese impás que tienen los pulmones entre soltar aire y volver a cogerlo, que sí, que me veo sin aliento a veces pero en una calma tensa, que veo como todo evoluciona a mi alrededor y mis sueños se devanencen como las nubes, que trabajo para poder trabajar más y mejor más adelante pero ahora se me escapan los proyectos, que ya no escribo por las noches historias de bichos y esfinges, ahora... hoy... me apego a la paz de los días pequeños, como me apegaba de niño a cierto peluche (un mono Amedio) o como me apego a ciertas personas.

Diría que nuestra vida se decide en los días cruciales pero la vivimos durante los días pequeños, en los días en los que te demoras un minuto más de lo necesario en la compra en el súper, en el que tienes otro minuto de más para poder mirar por la ventana y ver lo que nunca habías visto antes a pesar de tenerlo siempre delante. Los días pequeños de imprimir facturas, los días pequeños de estar en casa cocinando algo que ya has cocinado antes, los días pequeños en los que me saco de la manga diez minutos para imaginar qué cara pondrás cuando me leas, si me querrás un poquito más o si pasarás rápido volando encima de tu alfombra.

Días pequeños que son como flotar dentro de una pompa de jabón hacia ninguna parte. De poder hacerlo te regalaría tiempo para que te construyeras uno para tí sola, uno en el que me llamaras por teléfono para contarme cómo te va, en el que pudieras imaginarme al otro lado de la línea telefónica como yo te imagino ahora pasando por la ventana montada en la alfombra del comedor de tus padres llevando al lado a mi mono Amedio y me saludáis con la mano.

Días pequeños, como un domingo por la mañana.

viernes, 12 de marzo de 2010

miércoles, 10 de marzo de 2010

Los hombres que miraban fijamente a las cabras



El domingo fui a ver "los hombres que miraban fijamente a las cabras". Me reí como hacía tiempo que no lo hacía. Se me dibuja una sonrisa con sólo recordarlo y la recomiendo para pasar un buen rato. Pero no sólo eso. Aparte de varios guiños inteligentes que, sinceramente, creo que pocos entendimos (no por que me crea inteligente sino por algo que luego contaré) la historia es simple (a lo Forrest Gump) y llena de gags.

Lo subyacente en la historia habla sobre el control mental, la múltiple literatura sobre todo en Estados Unidos acerca del control de la mente, la parapsicología y el mundo de lo posible. Desde que tenía unos veinte años acaparé este tipo de literatura de serie B, desde La revolución sexual de Wilheim Reich hasta los delirios extraterrestres de Eric Von Däniken. Hice yoga, meditación y ciertas prácticas tachadas de patrañas incluso por mí mismo.

A los pocos meses empecé a tener sueños premonitorios, más tarde pude provocarme uno y aquello me asustó. Lo dejé radicalmente sin comprobar si aquello era real o una casualidad. Naturalmente hoy no le doy importancia a todo aquello pero la aparación de El Secreto y su best sellerismo me ha hecho de nuevo a sonreír.

¿Somos lo que pensamos? ¿Se puede orientar la vida como el que orienta la parabólica del canal plus? Dejadme ser excéptico pero os pido que participéis en un experimento. Dejad un deseo en mi correo electrónico. Algo medible, algo que no sea a simple vista imposible (no vale lo de "que me toque la primitiva") y a ver qué pasa.

Si os funciona a vosotros lo practicaré conmigo, jeje. Es broma.

Hoy cumplo años. 39. Va siendo hora de que empiece a madurar. Quizá vaya siendo hora de empezar a tener deseos posibles y a ir hacia ellos.

vídeo: Quique González - Aunque tú no lo sepas

martes, 9 de marzo de 2010

vídeo: Agua- Jarabe de Palo



Esta mañana, mientras la nieve empezaba lentamente a fundirse y yo volvía a cargar con mi bolsa donde lo llevo casi todo, mientras llovía desde los balcones una lluvia desigual y fría a la luz de un sol radiante y yo esperaba inútilmente ver nacer un arco iris a contraluz y en cualquier plaza, me crujían por dentro palabras que no entiendo y que comprendo al mismo tiempo. Las comprendo porque igual yo en el mismo caso también las diría, no las entiendo porque parecen ladrillos para consturir una pared.

Esta mañana, mientras me sentaba en los asientos mojados de mi coche, mientras conducía desorientado por calles que apenas conozco, mientras me quedaba boquiabierto descubriendo la nieve del mundo que ayer desde un ventanal con palmera no hacía que cuajara en mí la idea de tanto y tanto blanco, me fui poco a poco contrayendo, haciéndome pequeño, me fui volviendo uno con el frío, me concentré en la carretera, dejé de ser yo mismo por unos instantes, me fui, en definitiva, quedando en la cuneta de mí mismo, como tantos coches por la carretera.

Ayer me pasó casi de todo: se me inundó el coche de agua, se me paró el teléfono móvil, me quedé bloqueado en Barcelona sin poder salir, perdí mi firma electrónica, anduve y anduve hasta encontrar una copisteria que me pudieran imprimir dos planos...
Pensé que nada ni nadie me iba a amargar el día y, sinceramente, fue uno de los mejores días que recuerde: Me hice amigo del que visa los proyectos, me reí con desconocidos y les expliqué alguna tontería y ellos me explicaron sus cosas... Se puede ir de muchas formas día a día, hay una en la que nada te afecta. Puede que las cosas no me vayan en absoluto bien, puede que mi día a día esté llenito de pequeñas zancadillas y de grandes montañas que escalar, puede que no siempre tenga la fuerza para tirar hacia adelante, que debería ordenar mis papeles e insistir en algunas cosas pero hay días en los que uno decide que nada va ser tan grande como para que a uno se le vaya el ánimo de ser feliz. Quizá la felicidad sea una actitud y no algo a lo que aspirar.

Esta mañana, cuando volvía a la oficina a cerrar algunos asuntos, entre ellos a que me reparen el coche y el móvil, cuando me deshacía por dentro (como la nieve) el calor azul de unas palabras, salí de un túnel y ví los campos infinitos totalmente blancos, sin aristas, como si una nube se nubiese caído panza arriba sobre el mundo esperando a que una mano gigante le acariciase la barriga y ¿sabes? tengo (y quiero) estar agradecido por tanto...

Hoy todo el mundo, en la radio, se quejaba de la nieve pero esta nieve nos ha dejado dos cosas muy buenas: una, la primavera florecerá con más fuerza (pero pobres almendros) y dos, debe haber por ahí muchas historias de solidaridad, de ayudar a alguien que se queda colgado sin teléfono, sin coche, sin dinero y encuentra a alguien que sabe que lo único que tenemos, a veces, es el derecho a la solidaridad (a recibirla y a darla), que lo único que somos es gente, que lo único que tenemos es lo que podemos llevar encima.

Gracias por el móvil, la mesa, la cena, la cama.

domingo, 7 de marzo de 2010

vídeo: world builder

Mi casa huele a tortilla de patatas y a silencio. Lo primero es debido a que he experimentado en añadirle cebolla (hasta ahora no lo había hecho nunca) y lo he hecho en casa solo para que nadie pudiera sufrir el esperado fracaso. Le faltó sal. Lo segundo se debe al hecho de que el teléfono apenas ha sonado durante el día, no he puesto la tele, casi no he escuchado música, he estado prácticamente todo el día trabajando y dándole vueltas a la cabeza.

Ahora, a última hora, he estado tentado de ver una película, pero se me haría demasiado tarde, así que me he propuesto verla otro día.

No quería hablar del don esta noche. Hay quien piensa que cuando temes algo con insistencia al final acaba pasando. Así que no sé si a veces me funciona la intuición o es que acabo provocando que suceda eso que tanto temo.

Miedo. Todo el mundo tenemos miedo a algo. El miedo te ayuda a poner límites. Los niños que por su edad, no conocen los riesgos corren más peligro. El miedo excesivo nos bloquea, nos limita. Equilibrio.

Sin embargo a veces tengo la intuición de que algo va a pasar y no sé si lo temo, a veces, en realidad, es como si lo viera en una pantalla de cine, ajeno a mí. Luego interpreto los gestos de los protagonistas, busco al "asesino" (que ya nunca es el mayordomo) y con la práctica acabo siendo bueno en descubrirlo.

Esta mañana he estado viendo monólogos del club de la comedia. Me he reído mucho. Reírse es bueno. También he visto una corto que para mí ha sido un regalo. Hace tiempo que busco uno que ya colgué en el blog pero no recuerdo cómo se llama. Me gustaría regalarlo.

No sé aún qué dejar esta noche...

Lo he encontrado!!!

Hace tiempo que lo ví por primera vez. Espero que también te guste.

Está en alta definición, mejor que lo dejéis cargar del todo para que no se interrumpa.




Antes me gustaba crear mundos... creatividad. Me gusta crear mundos

viernes, 5 de marzo de 2010

Ja, si estás en el trabajo no lo puedes ver...

Tendría que colgar un post que fuese la hostia de triste y la leche de pena penita pena, pero no me da la gana. Hoy estoy positivo (a pesar de los chistes y de que me he pesado esta mañana y casi me da un pasmo). Cuelgo algo que ya quise colgar ayer. Porque soy de los que cuando caen, se levantan en seguida dando un saltito, como diciendo "no me he caído, no me ha visto nadie".

Por cierto: Viva Luis de Funes!

miércoles, 3 de marzo de 2010

el corazón que mueve los pedales de la bicicleta



Puedes contar conmigo, todo lo que digo es lo que hago, a veces soy un tonto que no sabe mentirte. A veces sólo soy un tonto que no sabe hacer las cosas, al que le viene demasiado grande comprenderte a cada instante, porque a veces la felicidad me distrae cuando estoy contigo, sí, me meto en una especie de burbuja espacio-tiempo de la que sólo puedo sacar una mano para tocarte.

Hoy leía que el eje de la tierra se ha desplazado 8 cm. por el terremoto de Chile y que, por esa razón, el día es algo más corto. Se me escapa tal razonamiento. A mí los días se me hacen cortos cuando estoy contigo y me pregunto si esta epidemia de terremotos no lo estaré provocando yo con mis ganas de estar contigo.

Podrías pensar que claro, que ahora lo digo así, para que tú lo sepas, para que no te vayas, para que no te montes en tu bicicleta y te vayas calle abajo, pero ¿sabes? no cuentas con eso de que soy tant tonto que no sé mentirte, y todo lo que digo es lo que hago y ¿sabes? no quiero hacerlo pero si hace falta te pincho las ruedas de la bicicleta. Seamos lo que seamos no soportaría el candado atado a la farola.

Iba a poner una foto de un gatito mojado, que dicen que es lo que más pena da, pero no he llegado a esos extremos (los he sobrepasado) y la foto es lo de menos.

martes, 2 de marzo de 2010

Un bosque, dos árboles, ruedas que chirrían.

Cuando crees que no puede ir a peor la vida te sorprende. Cuando crees que ya no puedes más te das cuenta de que sí puedes un poquito, lo suficiente hasta que el peso te aplaste del todo. Son demasiados días en los que no me sale nada bien.

Hace unos trece años tuve un accidente de coche. Fue un accidente estúpido y tuve la suerte de que me estrellara contra dos árboles que cedieron. Si aquellos árboles hubieran sido más robustos hubiese muerto. Caí a un barranco donde permanecí toda la noche, no tenía heridas graves, si las hubiese tenido, también habría muerto. Recuerdo que durante aquellas horas pensé en mi sobrino, en el bebé que mi hermana llevaba dentro. Recuerdo que pensé que nunca lo hubiese conocido. Durante el delirio pensé que tenía una segunda oportunidad y cogí la vida con más fuerza. Dejé el negocio familiar y acabé el proyecto fin de carrera y me busqué trabajo, con el paso del tiempo monté la ingeniería que ha acabado siendo esto de ahora: una plataforma ruinosa. Cuando la monté estaba tan seguro de mí mismo que pensaba que nada podía salir mal. Aquella noche en la que probablemente tenía que morir acabó siendo otro principio del mismo fin, el inicio de una segunda oportunidad que no he aprovechado. Durante mucho tiempo pensaba "total, en realidad estás muerto" y eso me hacía ser más valiente, vivir la vida con intensidad.

Hoy es el cumpleaños de mi sobrino. Cumple trece años. Lo he visto crecer y empezar a madurar. No soy el buen ejemplo que decidí ser. Ni siquiera he podido hacerle un regalo, mi regalo has sido una promesa. Prometo cosas para más adelante sin saber si voy a poderlas cumplir o no.

Pero todas las mañanas me levanto y lucho, cada vez que un proyecto se me frustra, me vuelvo a levantar y vuelvo a luchar. Excepto hoy.

Hoy me he dado cuenta de que mucha gente espera algo de mí y yo no lo puedo dar. Hoy me he dado cuenta de que probablemente me quedé en aquella cuneta y vivo a lo sexto sentido una vida en la que todo el mundo a mi alrededor no encuentra en mí nada ni nadie en quien apoyarse. Seguiré levantándome por las mañanas y seguiré pagando facturas, seguiré decepcionando a todo el que se me acerque, hace demasiado tiempo que creo que eso se convirtió en mi destino. Espero que ahora comprendas el porqué de mis distancias y silencios.

No entiendo

Hay días en los que la mejor de las ideas era quedarse en la cama y eso sólo lo sabes casi al final del día. Hay días en los que te sientes como un gusano, en los que te pasan pocas cosas pero tan gordas que no puedes ponerle remedio. Días en los que cuando te preguntan qué tal y respondes para no agobiar a nadie con tus miserias, que bien aún no sabes que eso va a ser el principio de algo devastador.

Menos mal que por la noche siempre puedo hablar tranquilamente, soltar lastre, pensar que el nuevo día va a ser mejor que el que ha pasado. Menos mal que en casa el aullido de los coyotes se oyen lejos y sobre todo, fuera. Menos mal que por la noche se me calma el alma, se siente a salvo, se encuentra protegida.

Ni escribir sabes ya, toni. Ni leer te llama ya.

Antes solía pensar que merecía la vida que llevaba. Ahora sé que no la merezco. Maldita tristeza que te despiertas a medianoche. Deben de ser los medicamentos para el resfriado o este maldito no saber dónde estoy. Lo jodido de todo esto es que esta iba a ser una entrada optimista a pesar de todo, una entrada que dijera que todo iba a ir mejor pero se ha quedado en nube que no va a ninguna parte. Estoy haciendo daño a demasiada gente a mi alrededor y no lo soporto. Mañana no iré a ninguna parte.