martes, 30 de junio de 2009

Mi alma perdida


Te daría mi alma perdida si pudiera pasar sin ella. Pero siempre acabo encontrándola y sabe a noches en blanco, a ojeras y a papeles arrugados en una papelera repleta; y entonces no puedo desprenderme de ella, se enrosca a los pies de mi cama, ronronea, le gusta arañarme las cortinas, tiene mi alma, alma de borrachera. No sé de dónde vino, ni cuánto tiempo estará, ni si un día se subirá a los tejados y no la volveré a ver más. Mi alma perdida se reúne con otras almas como ella en algún lugar que nadie conoce. Lo sé porque a veces ronronea en sueños y se le entiende.

Mi alma puede ser tuya cualquier día de éstos y viceversa, así que cuídamela aunque no vuelva.

Vídeo: El canto del loco - Peter Pan

No sabría decir porqué hoy estoy triste. No sabría decir si es por equívocos o por que me cuesta respirar desde por la mañana. No sé si será este calor que aprieta ni si me aprieta más que mis acreedores. No sé de dónde sale esta tristeza que no me deja, que se plantea acampar toda la semana en la puerta de mi casa. No lo sabría decir.

Este mediodía mi sobrino Gerard me ha enseñado un DVD que les hicieron a su clase con fotos desde la guardería hasta sexto (el año que viene empezará la ESO). Habré visto más de cien fotos de una clase de unos veintidós niños, su evolución, sus festivales, sus cumpleaños. Gerard va al mismo colegio al que fui yo. Supongo que esto me ha reblandecido más aún si cabe, no sé. Me gustó mucho y al mismo tiempo me trajo el recuerdo de un tiempo pasado que no sé si fue mejor.

Que conste que no me estoy quejando, sólo constato que hoy estoy triste, a pesar de que MI sidra sigue de oferta en el Eroski del final de la calle.



domingo, 28 de junio de 2009

Huellas


Llego cansado del curso. Demasiadas horas con el cerebro en modo atención y demasiadas palabras escritas, demasiados términos que interiorizar y demasiados procesos paralelos. Y a pesar de todo, llego con el convencimiento de que por fin he afinado el instrumento para empezar a tocar, lo siento en la yema de los dedos, lo noto en el sonido que vibra alrededor, sí, lo sé, lo intuyo, lo creo, hay algo en el ser humano que me atrae, algo abisal, algo que es como una espiral que me engulle y que hace que trate de comprenderlo. Empieza a ser todo tan claro...

Llego cansado. Debo descansar. He echado de menos a algunas personas que casi no conozco, ¿es extraño, no? Entro y dejo una huella, cansado pero no tanto como para que se me erice el vello de la nuca. Me voy a dormir. Antes dejo algo prometido, lo busco y no lo encuentro pero lo tengo tatuado en el lóbulo derecho del cerebro.

"... entonces y sólo entonces me doy cuenta de que a veces tengo la certeza de que algunas personas que pasan por mi vida y que yo creo que son estrellas fugaces son, en realidad, cometas de órbita muy definida. Personas de las que puedo recordar cómo iban vestidas ese día, cómo iban peinadas, a qué olían. Lo puedo saber incluso si cierro los ojos; porque esas personas se quedan instaladas inmediatamente en la parte del cerebro que almacena las cosas que uno quiere que le sucedan, porque hay personas que te suceden como un hecho, que son algo inevitable, que sabes que cuando regresen de su viaje espacial volverán, esclavas de su elipse, a encontrarse contigo y ese día sonreirás estúpidamente y balbucearás como un idiota porque desearás quedarte para siempre en el reflejo de unos ojos en el fondo de los cuales dicen que en ocasiones, cuando sopla el viento del este, se ve el mar."

viernes, 26 de junio de 2009

Bebíamos Fruco de melocotón


Entro, dejo una huella, me voy. M.I. me dice que esta noche es una noche que casi nos mece. Sonrío y le contesto que ya ha llegado el tiempo de recoger la gran calma. Ella también sonríe y repite "ya es el tiempo de la calma" y es como si me hubieran abierto la ventana para salir volando hacia la luna, es una noche fresca que nos resarce del calor asfixiante de hoy. Me entran ganas de beber Fruco de melocotón, no esos de ahora que los mezclan con mosto de uva. No, yo quiero aquél zumo compacto (néctar) que era casi masticable. Melocotón-melocotón. Y esas ganas me traen el recuerdo de una mañana de primavera en la cocina de casa de mis padres, una de aquellas mañanas tan luminosas y aquél no saber beber del todo porque uno respiraba al tiempo que bebía ¿os habeís fijado que los niños beben así?
A veces pienso que la infancia se va cuando aprendes que beber y respirar son dos tareas que no caben en un vaso de Fruco de melocotón. Que ese es la primera gran adaptación.

Llego, escribo y me voy a la cama. Todo el fin de semana, de curso.

jueves, 25 de junio de 2009

Esta noche


No puedo dormir. No puedo dormir y he tenido un mal día. Eso significa que este mal día no se acaba nunca y me falta el aire y me cuesta ponerme a leer para así dormirme más rápido. Hace calor y tengo las ventanas cerradas. Mi vecina del primero tercera debe de haber capturado un demonio y lo debe haber frito, sólo así se explica el olor que entraba por la ventana. No me extraña que su marido esté cada día más flaco. A veces me lo encuentro en el descansillo y me mira como si me fuese a decir algo. Pero no me dice nada. Igual también le cuesta dormir, no sé.

Hoy he tenido un día poco inspirado. He divagado por distintos blogs, me he detenido en uno en concreto y me he puesto a leer entradas antiguas. Me pregunto qué pensaría de mí si alguien leyera mis entradas pasadas y si creería que yo le pertenezco un poquito, si sonreirá o querrá conocerme como yo he hecho esta mañana con la autora (o autor, nunca se sabe) de ese blog. A veces que alguien te explique cosas hace que inmediatamente quieras saber más, y supongo que es normal, que tenemos ese rastreador de almas siempre encendido, dispuesto a escanear en la mirada del otro por si tiene eso que a nosotros nos falta, o simplemente, guarda el mapa del lugar donde se encuentra.

De verdad que hoy no estoy inspirado. Y no sé si tiene que ver con que hoy es Sant Joan y en lugar de ir a la playa me he quedado en casa leyendo y haciendo cosas sin recompensa. Hoy he caído en la cuenta que ya hace tiempo que no pensaba en Esther y que hoy esperaba hacerlo de una forma especial. He querido llamar a S. pero creo que lleva días agobiada, supongo que quiere desconectar y he pensado que no quería molestar. Luego ha llamado Ch. y nos hemos reído un rato, he visto el final del partido, he bajado la basura y me he puesto a dar vueltas por aquí.
M.I. me ha enviado un mensaje que no puede quedar mañana. Ya hace más de un año que no nos vemos. Luego he escrito un mail que me ha sabido raro, porque le faltaba chispa. Y ahora no puedo dormir.

No puedo dormir y releo cosas y no sé muy bien qué hacer si corregir algo de la novela o repasar los apuntes de A.T. o hacer el planning que mañana tendré que hacer (si no me duermo).

Mañana y el viernes estaré casi todo el día fuera, y el fin de semana tengo curso de A.T. Espero que esta actividad me dé otro aire.

Nos vemos

miércoles, 24 de junio de 2009

La cama de Pandora


Demasiadas horas perdidas buscando la cerradura para que, al encontrarla, caiga en la cuenta de que no tengo la llave que la abra. Recuerdo entonces que leí en un blog (creo que es en el de Concha, sí, voy a verlo...) Sí, en el de concha, te lo cojo prestado:

"Esperar que alguien me ame para ser feliz, es convertir al amor en limosna".
(Abel Desestres)

A veces recuerdo cosas así, que me parecen frases brillantes, frases sencillas, ésta sobre la necesidad de que nos amen es impagable. Reflexiono sobre ella. A veces me viene bien una limosna. Y es que hay dos clases de personas: los que reciben amor como algo normal o los que lo reciben como si fuese algo extraordinario, como si fuese la lotería.
¿Por qué a veces nos cuesta tanto recibir? Sé de alguien que me diría "como digas que es porque de pequeño no te dieron suficiente cariño te doy dos hostias" ¿Se aprende a querer y a ser querido? ¿Por qué personas que tuvieron una infancia poco afectiva luego son tan cariñosos y al revés? ¿Es así o me lo invento? ¿Una infancia feliz es lo mismo que una infancia abierta al cariño? ¿Qué nos pasa? ¿en qué lugar del camino nos perdemos? ¿Tiene la sociedad en que vivimos la culpa? ¿Tiene la sociedad una cuota necesaria de infelices?
Miro hacia atrás, hacia mi infancia y veo algo, algo sin nombre, veo lo que pude haber sido y las frases repetidas hasta la saciedad por mi padre, a mi madre que nunca me dio ninguna consigna pero de una forma asfixiante.
Ya me puedes dar dos hostias pero creo que algo está encerrado en la caja de pandora de mi infancia. Espero que, como en el mito, al cerrarse lo que haya quedado sea la esperanza.





martes, 23 de junio de 2009

Cartas


Me envías una carta. Hace meses que dejé de llamarte porque no me cogías el teléfono, no contestabas mis mails, no sabía si te había pasado algo malo. Pero cuando el teléfono suena con tanto tiempo por en medio es que pones a cargar la batería, es decir, estabas bien y no querías coger el teléfono. Lo acepté como se hace con las cosas que no tienen remedio.

Me envías una carta, una carta en la que no me cuentas nada, que es como mirar la orilla del mar en su ir y venir de olas. No hablas de estos meses, ni de nosotros, es como si hablaras del tiempo, que parece que va a llover, me haces algún reproche, de esos que te tranquilizaban cuando querías justificar algún engaño. Todo lo hacías porque yo había hecho algo antes pero ni se te pasaba por la cabeza que a mí me pasara lo mismo. Yo hacía las cosas porque sí. Me escribes (¿por que sí?) y me pregunto si me estarás escribiendo porque otro te ha hecho algo que tú pretendes pagarle escribiéndole a un antiguo amor.

Esta noche es la verbena de Sant Joan. Me resulta extraño pasarla lejos de ti, no ir a la playa, no pasear sobre la arena fresca, sentarnos, jugan con Alex, estar tan cerca de la felicidad que puedo alargar la mano y tocarla. Imagino cómo será esa noche para vosotros y en cómo me quedaré en casa porque no soportaría las caravanas que se formarán hoy en las carreteras. Y saldré con mis sobrinos a tirar petardos y comeremos coca y beberemos vino (ellos no, mi hermana si acaso) y a lo mejor hasta imprimo tu carta y la quemo junto con todo lo viejo.

Te echaría de mucho más de menos si no me hubieras escrito. No sabría decirte el porqué con exactitud. Supongo que porque no me cuentas nada y me doy de bruces con la realidad de que no tenemos nada que contarnos, que esta carta es un gesto absurdo, que era mucho mejor cuando habías decidido no cogerme las llamadas, ni responderme a los correos, que era mucho mejor dejar las cosas como estaban porque ahora es como si esos recuerdos perdieran el valor que yo les había acabado dando. Llámalo valor sentimental.

Y yo te contesto aquí porque sé que no sabes que este blog existe, porque hace tiempo que te fuiste porque internet te asfixiaba, porque no te voy a responder y supongo que es lo que pretendes averiguar, si soy capaz de aguantar el hacerlo o no, si por fin he conseguido recuperar la dignidad o por el contrario todavía el deseo de saber de ti es más fuerte.

Aún tengo aquel orujo con el que íbamos a hacer queimada, no sé que hiciste con la botella que te llevaste ni con quién la habrás gastado. Ahora ya no me importa.

Y tampoco me importa que ya no me importe.

Vídeo: snow patrol - Chasing cars


Snow Patrol - Chasing Cars
Cargado por SnowPatrolofficiel. - Explorar otros videos musicales.


No sé dónde oí (en una entrevista por la radio) que alguien decía que su abuelo le había dicho con respecto a la chica que le gustaba que ir detrás de ella era como un perro que persigue a un coche, "nunca la alcanzarás, pero si por esas cosas del destino lo consigues no sabrás qué hacer con ella". Me gustó tanto esa imagen que todavía la recuerdo.

A veces perseguimos la imagen del amor y nos pasamos el día como perros ladrando y corriendo detrás de los coches que pasan por nuestra calle sin saber qué haríamos si lo alcanzáramos. No sé vosotros pero yo hace tiempo que estoy cansado de tanta agitación. Afortunadamente ya se me pasó aquello de saltar de cama en cama, me he roto más de un hueso creyéndome trapecista, ya no persigo más coches.

¿Qué pasaría si me tumbase aquí? ¿Vendrías a mi lado?

domingo, 21 de junio de 2009

Pegando carteles por mi barrio

Leo en el blog de Maru Canales que colocar carteles con frases por la oficina mejora el ambiente laboral y la efectividad.

He decidido colgar el siguiente:

"Si alguna vez te falto al respeto, te levanto la voz, saboteo alguna de tus acciones, llámame y tráeme delante de este cartel. Igual te mando a la mierda pero igual no, pero si no tengo razón ese será un buen momento para que me lo hagas entender. Ahora sí, tendrás que hacerlo con la conciencia limpia de que tú tampoco tienes cuentas pendientes conmigo o con otros como yo".

Gracias Maru.

Vídeo: Suicide is Painless - M.A.S.H.

¿Os acordáis de aquellas tardes de sábado en que hacían M.A.S.H.?

sábado, 20 de junio de 2009

viernes, 19 de junio de 2009

Mi vecina, el armario ropero y Klaus, el perro salchicha


He de decir algo que no he dicho hasta ahora y eso que no he dicho es que bebo los vientos por mi vecina de la puerta de enfrente. No es un amor obsesivo por mucho que Ricard diga que sí lo es sólo por el hecho de que haya trasladado mi cama a la cocina (contigua a la suya) para oírla abrir la nevera cuando se levanta por las noches a beber agua. No, eso no es obsesión. Obsesión era cuando me pasaba el día en la puerta de casa mirando por la mirilla, le abría el correo con vapor para saber quién le escribía y si tenía deudas ofrecerme a solucionárselas, hacer copia de su llave y aprovechar que ella no estaba en casa para ponerme su ropa, dormir en su cama y ese tipo de cosas. Ahora me avergüenzo de ello. El señor juez y el doctor Serrano fueron muy comprensivos y desde que me dieron las descargas ya estoy mejor y hasta he encontrado trabajo en FECSA porque no tengo peligro de electrocutarme. Ya no es obsesión. Ahora es amor.

Me preguntaréis qué tiene esa chica. No sé, la verdad, ante todo es una gran persona, tiene un trabajo muy humanitario, siempre va super limpia, no he visto entrar nunca un hombre en su casa, sólo tiene amigas. Tiene un corazón que no le cabe en el pecho, hace que la gente se sienta mejor con sigo misma, es profesora de aerobic.

Sí, ya sé lo que estaréis pensando que la quiero por su físico pero no. Eso os pasa a vosotros, pero no a mí. ¿Que está super buena? Vale sí, lo está, pero eso no es lo principal. Lo principal es que sea buena vecina. Y lo era. Hasta que tuvo que avisar a la policía para que me detuvieran porque me pasé todo un día llamando a su timbre sacando espuma por la boca y gritando como la hija del exorcista o la niña de Rajoy. Eso fue antes. Ya me he disculpado y ella ha aceptado mis disculpas (aunque sigue teniendo el piso en venta).

Mi vecina tiene un perro; un perro salchica llamado Klaus. Ese perro es la cosa más sosa y quieta del mundo. Por no hacer ni ladra. No ladra ni que lo pises (y mira que lo he pisado veces). Como Klaus sólo sale de casa por las mañanas y por los noches cuando vuelve su ama de su trabajo, tengo que hacerme el encontradizo para ganarme su confianza. Está comprobado que a las mujeres le gustan los hombres que le gustan los perros y por quiene éstos muestran confianza mediante asquerosos lametones (del perro a la persona y nunca al revés).

El martes pasado encontré la ocasión perfecta para resarcir a mi vecina de todos los padecimientos a la que le sometido. Cuando yo subía por las escaleres ella estaba en el rellano moviendo un armario que posiblemente, había llegado allí por mediación de unos transportistas y que, llegada su hora del almuerzo habían dejado la carga allí para volver luego. La vecina, en cuanto me vió salió corriendo hacia la puerta de su casa, por lo visto el verme a mí le había refrescado en sus memoria que debía de tener algo en el fuego. Como quería hacerle entender que yo ya no era un acosador salí corriendo detrás de ella y cuando fue a cerrar la puerta metí mi pie entre el marco y la puerta (algo que ella no advirtió porque intentó cerrarla seis o siete veces con bastante fuerza). Yo entonces, para tranquilizarla le dije que sólo quería ayudarla y que si me dejaba le metería ese enorme trasto donde más le gustara. Ella como respuesta se fue a la cocina y salió de ella empuñando un cuchillo. Yo para entonces ya estaba empujando el armario hacia su casa. El armario no pesaba casi nada pero yo hacía gestos y posturitas para que se me viera que estaba fuerte (y no sólo gordo). En un último esfuerzo y ya dentro de su casa hice una exibición de fortaleza sobrehumana. Sí, aquella era la culminación de un sueño, ella admirando al hombre total, fuerza, músculo y desvergüenza. Así era yo, un héroe anónimo y sencillo, poseedor de un temple e inteligencia excepcionales pero con la suficiente modestia como para no destacar y humillar así al resto de hombres. Allí estaba yo en todo mi apogeo y ella, ella me miraba con ojos desorbitados (y con el cuchillo aún en la mano). Un último esfuerzo, Dios ha muerto, viva el hombre, empuja con fuerza Zaratrusta, así mmm... prrrfffttt.

Mi vecina me miró con asco y agitando una mano mientras con la otra se tapaba la nariz. Yo, sin saber qué hacer miré a Klaus que estaba justo al lado. El perro al verse acusado desvió la mirada hacia su ama que, a su vez, también lo estaba mirando. Klaus puso cara de pena (perro traidor) y al unísono ama y chucho se giraron para mirarme sin pudor. Salí llorando de la casa de mi vecina a lágrima viva tropezándome con los operarios que entraban en el piso de ella, yo... yo me introducía en la mía queriéndome morir. Y casi lo consigo cuando oí que el que parecía el jefe de la cuadrilla decía "Señora, no es que pese pero con lo que nos ha costado sacarlo ¿para qué lo mete otra vez dentro? Joder, si que huele mal aquí, eso es que se le ha reventado la cañería del váter, nada en el mundo huele peor que eso. Hace usted bien en mudarse".

Ya sé que es indigno de vosotros pero tenía que contarlo, que supiérais lo mucho que se sufre por amor del verdadero.

jueves, 18 de junio de 2009

Esto no va a acabar bien


Joder, qué calor, es inaguantable, y encima el alcohol me ha elevado la temperatura corporal una barbaridad. Menos mal que vivo entre montañas, es decir, ahora que lo pienso: en un valle que es, en realidad como un caldero... no aguanto más, voy a ver si quepo dentro de la nevera...



... pues no cabía, y menudo talegazo me he dado, porque mi nevera es de las de congelador abajo y frigorífico arriba (pero de arriba de más de un metro). Primero he puesto la pierna arriba y cuando estaba afianzada, zas, he subido la otra. Pero está claro que a la inteligencia le pierde la confianza, porque no contaba con la escarcha y me he resbalado (hacia atrás). Como me caía me he agarrado a lo primero que tenía a mano: la puerta de la nevera. Cuando estaba en el suelo como la cucaracha de Kafka se me ha caído la nevera encima producto de la inercia (y de que la tenía agarrada), todo por el suelo, los huevos, la salsa de tomate, la leche (de soja), medio litro de mi propia sangre... vamos, lo normal cuando se te cae un electrodoméstico de ochenta kilos encima.

Después de un rato he conseguido zafarme de la nevera y he recogido todo con la escoba y un recogedor... y he pensado: huevos, tomate, leche, beicon, mantequilla, cosas rojas y amarillas irreconocibles... mañana hago espaguetti, que la salsa ya la tengo. ¿Qué pasa? ¿por qué hacéis esa cara? Soy un hombre soltero, soy capaz de pasar una semana con cinco euros para comer, para gastármelo todo en cervezas el viernes.
... y en aspirinas para el sábado y el domingo, que uno tiene una edad.

Vale, lo he tirado todo a la basura. Lo cierto es que me estoy mareando. No sé si es por el calor o por la herida abierta de cuarenta centímetros que me ha hecho la nevera al caer y por donde pierdo abundante sangre. ¿Cuánto es abundante? ¿un chorrioncillo o una catarata como el Niágara? Tengo que reponer líquidos cuanto antes. A ver qué tengo....





Joder, la otra mitad de la botella de sidra.

miércoles, 17 de junio de 2009

La verdad en boca de borrachos y de niños


Dices que estoy mal, que vivo al borde del suicidio y yo entonces te diría "Sólo me suicidaría si supiera con certeza que no voy a volver a ver esos ojos tuyos tan limpios, en los que algunos días, según dicen, se puede ver el mar".

Dicen las malas lenguas que esta noche me he bebido media botella de sidra yo solo, que he introducido por primera vez, desde hace meses, los huevos en mi dieta nocturna (a ver, si son de primera necesidad por qué están a 2,39 € en el Eroski de la esquina). Luego Activia para ser casi Coronado (no me gusta como suena eso), e ir como un reloj manchego si es que no mienten del todo según tengo entendido, he decir en público y sin rubor que prefiero la sidra al cava y que me casaría inmediatemante (ipso facto) con una navarra, vasca, cántabra, asturiana o gaditana (también me gusta el Xerez y el Chiclanero) sin interés alguno, por supuesto, que uno es de principios, y sólo acepta casarse por amor.

Hoy he visto cara a cara a mi primer amor de parvulario. Se llamaba (creo que se sigue llamando) Montserrat Caballero. He de decir que conserva la misma expresión que a los cinco años. Le hubiese dicho algo pero confluían dos razones que me desaconsejaban tal atrevimiento: uno, ella estaba llamando a la puerta de casa de su suegra para recoger a sus niños para llevárselos a casa y disfrutar de ellos junto a su marido y dos, aún no me había plimplado la media botella de sidra.

A todo esto esta tarde... (un momento, ¿a qué duele ver escrito hesta; de por ejemplo, hesta tarde?) jo, a mi casi me deja ciego. Bueno, pues esta tarde he llamado a M... y ¿he dicho alguna vez que me encanta la voz de M...? pues sí, ¿qué iba diciendo? eso, que "hesta" tarde he llamado a M... y me ha dicho que no podíamos quedar esta (sin h, que esto es muy serio) semana. Me he puesto muy triste, porque me gusta ver a M... y escuchar su voz al mismo tiempo. Y mirarle a los ojos (y robarle lo que lleva dentro del bolso cuando se descuida). No voy a seguir hablando de M... , ha preferido una merienda a estar conmigo. Prrrrfff. ¿Qué darán en esa merienda? ¿caviar?

Bueno, ahora voy a fregar los platos o a acabar un proyecto que intentaré presentar mañana en el ayuntamiento. Las dos cosas al mismo tiempo lo veo difícil. No sé, si utilizo el ratón para sujetar el estropajo mientras froto el puntero se moverá ¿no?

D. y E. se gustan (que lo sé yo) los ví mirarse así, de reojo aunque luego se comporten como adultos. Los adultos dicen "Bueno, nos vemos de vez en cuando y vamos a cenar y al cine pero uf, cuando cumples una edad todo se vuelve más complicado". Entonces viene un tío más feo, más tonto (y más calvo) y se te lleva la mujer a la que tú hubieras arramblado contra la pared y le hubieras dicho que sueñas con ella todas las noches, que le arrancarías el vestido allí mismo si no fuera porque "te debe haber costado una pasta" y luego te pasas otros cinco años buscando a otra que ni tan sólo se le parezca a ella (buscar a alguien similar a quien no puedes ya tener es una fase que se acaba pasando). No, yo no quiero ser adulto. Yo quiero tener la absoluta certeza de que una vez has encontrado a tu Montserrat Caballero, treinta y tres años después, te arrepentirás de no haber podido evitar que cambiara de colegio, se enamorara de otro y se casara y tuviese x niños (joder, se mueven tan rápido que cualquiera los cuenta) y no puedes evitar, que se olvidara de tí.

La próxima vez me decido, la próxima vez yo voy a ser ese tipo feo, tonto y calvo que se lleva a la chica (este... no me dejo en muy buen lugar ¿verdad?). Que no, que no dudo más ya...



PS: Releyendo la entrada más que media botella de sidra parece que hayan sido tres ¿no?

Si te has reído deja un mensajito. Si piensas que cuando bebo no hay quien me aguante también.

martes, 16 de junio de 2009

Tu cuerpo es la excusa

Autor: Mich00
Ciudad en cuerpo de mujer

Dices que soy mordaz. Bueno, no lo dices, pero lo piensas. A veces me gustaría serlo pero mi alma no está tan resentida como para ello. No sé, a veces no sé qué es lo que soy, sólo me dejo llevar por lo que siento, así, como un bote a merced de las olas. No tengo un rumbo concreto. Creo que eso ya ha quedado demostrado en este año y medio. Quizá mi destino era crear una historia que casi fuera una novela pero con el tiempo se ha ido diluyendo, como casi todo, como la tinta de una pluma en un vaso de agua.

Sí, me gustaría tener la valentía de decir qué es lo que realmente deseo. Deseo...

Deseo acaricierte las piernas, detenerme en la frontera imaginada de tus nalgas, poseerte con mis manos que, para qué voy a negarlo, sienten la vocación de tu piel día tras día. Deseo arañarte la espalda, que grite el animal que llevas dentro, que se tensen todos y cada uno de los gramos de tu cuerpo, que me susurres al oído "moriría por tí" que es lo mismo que "vivir contigo me salva de la muerte", al fin y al cabo nos clavamos las miradas como las uñas la carne, no existe nada más delicado que saber que quieres que sea parte de ti, y que me lo digas con urgencia. Y es que me falta el aire, me faltas tú esta noche, ya sé que pensarás pero que sepas que si tuviera la valentía de desear lo que de verdad me falta, desearía que dejaran de existir el mundo y el tiempo, para que nos arrancásemos el alma a tiras, el uno al otro, y así siempre.

Sé que no entiendes el porqué pero no te miento si te digo que te necesito.

vídeo: liquid metal

¿Quién dijo que el mercurio era aburrido?

lunes, 15 de junio de 2009

Orden


Recuérdame más tarde que hace días que tengo la puerta abierta de mi casa, que las cortinas cuelgan asimétricas, heridas desigualmente por una gravedad caprichosa que actúa cuando le da la gana, dejando suspendidos en el aire algunos libros y muebles mientras que, por ejemplo, la escoba no hay quien la levante del suelo de lo mucho que pesa. Recuérdame que debo arreglar ese grifo que ya no gotea, que debo pagar esa multa que empezó siendo de treinta euros y me reclaman diez mil de atrasos, recuérdame que si hoy es lunes, entonces ayer era domingo, átame un cordel en cada dedo por cada una de esas cosas que olvido. Pero no me pidas que cierre los ojos y no te vea. Si para eso has de venir de tan lejos no vengas. No vengas a cerrar la puerta de mi casa, ni a enderezar las cortinas, ni a obligar a que la gravedad vuelva a ser estricta (me gusta así, libre para atraer lo que ella quiera), no cierres ese grifo, no me digas que debo pagarle a Hacienda, no me digas que acepte que hoy es otro de esos lunes en los que no tengo tu olor en mis manos. Pero si has decidido venir desde tan lejos para ordenar mi mundo, entonces quédate, no te vayas esta noche, duerme conmigo.
Duerme conmigo y luego si quieres te vas por la mañana, te vas y te olvido. Te prometo que te olvidaré todos los días, a todas horas, en el silencioso orden de esta casa.

domingo, 14 de junio de 2009

Toda la tarde jugando


Al principio pensé que no podía dolerme tanto, al principio pensé que exageraba. No, no se puede encoger el estómago así, me dije, ahora te darás la vuelta y resultará que estás dormido, te levantarás, irás a la cocina, beberás agua y se te pasará. Pero no, los sueños tampoco duelen, recordé, sólo la angustia duele así.
Sé que debería dejar de beber, dicen que el alcohol va desgastando los nervios, que se come el hígado, que te deja medio ciego, pero también es la droga que adormece lo que queda de mí, la que me permite seguir adelante un día más, una noche más. Creía que con eso bastaba pero este maldito dolor me dice que no, que con eso no es suficiente.
No estoy dentro de un sueño, por tanto "eso" es real, y "eso" me hace temblar como si millones de minúsculos motorcitos estuvieran en marcha, vibrando sin parar, separando los huesos, las fibras de los músculos, coagulando los humores de mi cuerpo; podría decir que sólo la piel evita que me desparrame por el suelo. Parece que disminuye, un momento, sí, ahora se va calmando. Escribir hace que el cuerpo le ceda a los dedos el derecho a la palabra. Resulta curioso, creí que en el caso de que eso sucediera, mi cuerpo elegiría a la boca pero puede que la boca no quiera, que piense que esto no va con ella. Escriben mis dedos, escriben un blog en el que yo (o sólo lo que queda de mí) moriría por ella.
Fue recordarlo a él lo que provocó el dolor, ahora lo entiendo. Ahora sé que "eso" es, en realidad, el hueco que dejó en mí. Pienso en él y naturalmente pienso en ella, me pregunto qué estará haciendo ahora, en qué estará pensando, me pregunto si estará sonriendo o si estará llevando algo de un sitio a otro, si trabajará a estas horas y si es así con quién lo habrá dejado, si estará bien, si existirá algún rincón en su memoria en el que yo perdure.
Me doy por vencido. Es lo mejor que puedo hacer un domingo por la noche. Escribo un rato, busco una canción perdida que colgar, escribo un correo que no servirá para nada, leo un rato antes de dormir; Roberto Bolaño, lo dejo y vuelvo a Murakami, esta noche 2666 es demasiado angustioso. Murakami no resulta mejor lectura así que vuelvo al ordenador y vuelvo a escribir para conjurar el dolor que sé que no se ha ido, sólo se ha dormido en alguna parte acolchada del mismo cuerpo que antes iba a desmembrarse. Sí, estás ahí, lo sé, enroscado como un gato en su cesta. Un día te desperezarás, arquearás el lomo y volverás a gritar y a encender otra vez todos los motorcitos. Bien, el tiempo me hará más fuerte y a tí más débil, quizá llegue un día en el que aparezcas y yo pronuncie las palabras que deshagan el hechizo, palabras que ya conozco, palabras que saben que ya no moriría por ella.
Se me cierran los ojos. Por fin, por fin llega el bendito sueño.

sábado, 13 de junio de 2009

viernes, 12 de junio de 2009

Vídeo: Bodhisattva in metro

Me lo manda la dulce aprendiz de luciérnaga. Le pido permiso para compartirlo porque es como si cada visionado fuera parte de un nuevo contagio del que ya se encargará alguien de buscar el antídoto. Esperando que no lo encuentre y mientras tanto...

Hay personas que generan algo especial, algo parecido a la luz... en la oscuridad de la noche.

El sueño equivocado


Esta mañana me levanté con la sensación de que antes de despertar estaba soñando algo imprescindible, y si he de ser sincero, con la sensación de que en el sueño yo era otra persona, con otros problemas pero en esencia iguales a los míos. De camino a la ducha y aun teniendo eso pegado a la piel, era incapaz de determinar quién o qué era, ni recordaba la historia. Me metí en la ducha con esa obsesión, con ese tener una palabra en la punta de la lengua. Ante la imposibilidad del recuerdo y la urgencia de salir (había quedado con Ricard para desayunar en el otro extremo de la ciudad) se me fue olvidando la necesidad de dar forma a la bruma que me seguía, como esas nubes que llueven sobre el inspector Clouseau en algunas escenas de la Pantera Rosa y que acaban desapareciendo al acabar el capítulo.
Ricard y yo nos preguntamos qué tal todo, hablamos del negocio, de política, de Florentino, de los bancos, de su padre, de mi ex-socio, de las elecciones, de si saldría el viernes con Noemí al Inèdit, de lo extraño que le resultan todos sus años de matrimonio, como si siempre hubiese sido otro el que hubiese estado ahí, viviendo su vida.
En la mesa de detrás de Ricard, unos muchachos se habían puesto a desayunar. Hablaban animadamente, imagino que de fútbol. Un hombre de unos cuarenta y pocos no paraba de mirarme. Desentonaba entre ellos, al principio pensé que debía ser el jefe de la cuadrilla, no sé. El caso es que me miraba con insistencia y en aquella mirada veía algo, como una demanda, como un "explícame qué pasa". Ni qué decir que no le hice caso. Ricard y yo acabamos, pagamos y salimos con la promesa de que nos llamaríamos si salíamos.
El caso es que al llegar a casa me acordé del sueño. En el sueño yo era otra persona, efectivamente, y mis características físicas coincidían con las del hombre del bar. En el sueño yo pensaba en que tenía que cambiar de vida, que la que llevaba tenía un hueco que se abría a diario, como un desagüe, por el que se iba yendo una especie de energía vital. Entonces me pregunté si aquella mirada del hombre real en el bar pudiera obedecer a que él hubiese soñado conmigo, es decir, que nos hubiésemos intercambiado los sueños, y él fuera yo en su sueño de la noche pasada de la misma forma que yo había sido él. De esta forma, yo tenía la respuesta a detener su pérdida de energía vital (dejerlo todo e irse a vivir al campo, tal y como tenía pensado) y probablemente él tenía la respuesta a mi malestar. Aquello explicaría su forma de mirarme o, lo más probable, indicaría una intoxicación alimentaria que nos hubiese provocado aluncinaciones a todos los clientes del bar.
Después de lo que me pareció una locura, empecé a darle vueltas, ¿y si hubiera un banco de sueños? ¿Y si, en realidad, las soluciones a los problemas de cada uno se repartiesen noche tras noche aleatoriamente en los sueños de personas muy distanciadas y que no se conocen entre sí? Si eso fuera así, que aquel desconocido y yo nos cruzásemos en un lugar (un bar al que yo sólo había ido una vez) y un tiempo (las ocho y media de la mañana) ¿era el sumum de las coincidencias u obedecía a un plan superior? ¿Nos cruzaremos día tras día con personas que nos han soñado sin saberlo y que tienen la solución a nuestros problemas? Y si es así ¿se acabaría si los descubriésemos?
Un banco de sueños. Sí, un blog donde cada uno colgaría el sueño que no le pertenece y en el que entrarías para cotejar si aquel sueño puede ser tuyo. Un banco con siete mil millones de sueños diarios, un universo paralelo cuya información no cabría en todos los discos duros de todos los ordenadores del mundo. Una humanidad parelela de seres que sueñan.
Me quedé pensando durante un buen rato. Luego pensé en la blogosfera y concluí que era un intento a medias que, como todo lo imperfecto, tiene un punto de realidad y otro de fantasía. Más tarde el teléfono no paró de sonar durante un rato. Empecé a trabajar en el plano del local de los chinos y me bajé la ordenanza municipal de locales comerciales, fui al ayuntamiento y me encontré a Noemí, le prometí que hablaría con ella pero cuando fui a verla había entrado en una reunión.
Volví a casa. No tenía pensado en escribir nada de esto para que no me tomaran por loco pero más tarde decidí que sí, porque no quería que se perdiese esta sensación-idea como se me pierden todos los sueños, de todas las noches que paso sin tí a mi lado.

jueves, 11 de junio de 2009

vídeo: Everytime - Glen Hansard

Déjame decir


Tú, sentada en un bar, esperando quizá a alguien que llega tarde, miras a través de la lluvia del cristal. Te veo soñar, reconozco de inmediato a alguien que está y no está y sea lo que sea que esté en esa taza que coges con las dos manos ha dejado ya de humear, es lo que tiene partir dejando lo que tienes empezado, que pierde la urgencia de lo inmediato. Sin que yo pueda remediarlo me absorbe tu ausencia despreocupada y no puedo dejar de preguntarme camino de dónde estarás, en quién te acompañará, y empiezo a querer entrar ahí y viajar contigo, de la mano. Miro también a través del cristal. Sólo llueve.
Llega él y regresas al bar, rápida como a lomos de una estrella fugaz, te das cuenta de que te miro y sé que lo he estropeado todo, era necesario que el observador no tuviera un ápice de protagonismo y yo me empeño en estar ahí, dos décimas de segundo sosteniendo tu mirada, antes de dejarme caer en Kafka y su orilla, volviendo a unas palabras que me cuesta volver a hilvanar. No dejo de pensar en qué estarías soñando, a dónde te llevaba la magia circular de tus ojos sin tiempo.
Me levanto, pago, me voy. Te levantas, pagas, me dices: "Te dejas el libro" y señalas la mesa en la que estaba. Entonces me armo de valor y te pregunto "¿En qué pensabas antes cuando mirabas a través del cristal?". Y me miras sorprendida primero y luego sonríes y me dices al oído como si fuera un secreto "En que sería bonito que un desconocido, de repente, me hiciera una pregunta a la que sólo pudieran responder mis manos". Recojo el libro y tú aprovechas para salir a la calle junto a él. Pasas por delante de la cristalera y miras hacia dentro y sonríes y, entonces sé que volveré todos los días a la misma hora al mismo sitio, tal vez desde otro bar y desde destrás de otra lluvia, contagiado de la enfermedad de estar sin estar y cuyo síntoma principal es acabar bebiéndome siempre frío lo que contenga la taza indecisa, sabiendo que no hay cura ni tratamiento para volar la imaginación como si fuera una cometa.

La escena evoca la canción Suburbian Princess de Hotel Guru. No la encuentro ni el yutubu ni en el geartubu.

miércoles, 10 de junio de 2009

Estopa: Ya no me acuerdo


Hay días en los que sin querer me acuerdo de ella. Días en que su recuerdo me cubre como una manta y le concede a mi cuerpo una tibieza como la de un abrazo. Esos días lo hago todo por y para ella, mientras voy en coche pienso en ella, le cuento cosas, le digo que lo nuestro se veía venir de lejos que no funcionaría, le doy las gracias por los días pasados y le digo adiós para siempre.
Hay días en los que recapacito y me siento un imbécil, días en los que sé que me compliqué en exceso la vida, cuando todo, en realidad, era mucho más fácil. A veces lo dejaría todo y me iría lejos, otros daría lo que fuera para que el tiempo tuviera una palanca de marcha atrás para poder accionarla hasta llegar a ciertos instantes en los que el bicho me dice que lo fastidié todo.

A veces intento ponerme en el lugar de ella y trato de verme con sus ojos. Y entiendo que se fuera y sigo sin saber por qué razón me quiso. Tal vez el sol que ella inaugura tenga la respuesta. Me pregunto si ella se preguntará alguna vez lo mismo que yo y si será tan severa en sus respuestas como lo soy yo con las mías. Últimamente me pregunto si alguna vez pensará en mí y si lo hace qué perdurará en sus pensamientos, si los días desnudos o las despedidas amargas.
A veces un sentimiento de pérdida que me dura días me persigue en todo lo que hago y paso esos días como puedo, dejándome llevar cuesta abajo por una melancolía intravenosa que sólo parecen adivinar mis gatos y que me hace tiritar por las noches. Luego, un día, algo o alguien hace que eso desaparezca y estoy bien durante un tiempo. Hasta que pequeños objetos, viajes a lugares donde estuvimos, me hacen regresar a la certeza de que olvidar es casi más una actitud que un ejercicio, una actitud que no sé si quiero tener aún.

Y algunas canciones son como miguitas de pan que ningún pájaro tiene la amabilidad de comerse, para evitar regresar a casa. Una vez, Juan Miguel con su energía habitual me dijo "no será tan grave, te la voy a poner de vuelta y media, pero con lógica, vamos a empezar a por lo más sencillo ¿qué musica le gusta?" "Los secretos (entre otros)". Juan Miguel se me quedó mirando muy serio y dijo poniéndome una mano en el hombro "Chaval, estás perdido". Igual lo dije sabiendo que Juan Miguel es un incondicional de los secretos y para que ella tuviera una defensa ante la carnicería verbal que se le venía encima, lo cierto es que lo peor que te puede pasar es que tengas muchas canciones comunes con alguien y conserves los cd´s que te grabó para los llevaras en el coche.


martes, 9 de junio de 2009

El motivo


Y si me faltara esta tristeza ¿de qué escribiría?

vídeo: Texas - I´ll see it through

Este blog y esta canción van unidos. ¿Cuántas veces lo habré colgado?

Hoy es uno de esos días en los que esta canción tiene sentido. A veces uno tiene la sensación de que hay alguien que nos puede librar de todo lo malo.

Incluso si no está con nosotros.

lunes, 8 de junio de 2009

vocación


Siempre me gustaron las nubes. Cuando pasan lentas y cuando vuelan raudas. Cuando elegí el piso donde vivo lo hice por la terraza, por estar más cerca de ellas. Hay dos etapas en mi vida. Cuando vivía arriba y cuando he vivido abajo. En función de las horas que paso en un piso u en otro alguien externo a mí podría decidir qué estado de ánimo me sustenta. Hice una escalera que los comunicase pero no sirvió para cambiar casi nada. A mis gatos les pareció una gran idea pero yo seguí viviendo abajo. No sé el porqué.
Hoy, mientras iba a votar, he pasado por las calles por las que iba al cole y por donde iba a jugar a veces, donde iba a comprar chuches... Ahora ha cambiado todo un poco pero en el fondo es casi igual. Supongo que las nubes eran, de niño, el símbolo de algo, de una libertad soñada. Siempre me sentí un extraño, alguien que no pertenecía al lugar donde vivía. Imagino que sí quería pertenecer pero nunca lo conseguí. Siempre me he sentido un poco así, pero las nubes... las nubes no me juzgan, me cogen de la mano y me llevan a otro lugar... como mis libros. Los libros me aislaron al mismo tiempo que me salvaron, como una especie de jaula de Faraday.

No sé por qué he escrito esto. Igual porque siento la necesidad de conectarme con las cosas que quiero.
El viernes M... me preguntó si creía que tenía una vocación. Y yo le dije que sí. No sé si le mentí a ella o me mentí a mí mismo.

Creo que me voy a dormir.

domingo, 7 de junio de 2009

vídeo: Smashing Pumpkins - Thirty-three

Ajedrez


Suena el teléfono. Es M... Quiere que quedemos esta tarde. Si me preguntara cómo me fue el viaje de vuelta a casa le diría que llovió y granizó y que me arrepentí de no haberme quedado a dormir en su casa. Pero no me pregunta. "No lo entiendo, tú y yo aún nos queremos" me dice cuando le digo que no. El problema del teléfono es que no puedo encogerme de hombros para decir que no sé algo; tengo que decirlo con todas sus letras y entonces ella tiene la frase perfecta "Si no lo sabes, tienes que averiguarlo". Sé que ella sabrá cómo convencerme de lo que ella quiera. Ella siempre quiere tener la razón y hará lo que haga falta para que le diga que es verdad, que aún nos queremos. Lo peor será que yo me lo acabaré creyendo y entonces ella habrá ganado, no sólo le habré dado la razón sino que además la tendrá. Y entonces se habrá acabado el reto, y entonces ya no se esforzará en demostrar que nos queremos. Como siempre.
Luego, sin venir a cuento me habla de C., si algo tengo claro es cuando alguien nombra a otra persona que no tiene nada que ver con la conversación que estás manteniendo es porque quiere que tú sepas que está ahí. Que está sin estar, pero podría estar. Lo nombra para que yo pregunte por él, para que ella me diga que últimamente no deja de llamarla, pero lo que quiere decirme es que si no voy esta tarde y él la llama se irá con él. La aparición de C. me deja caer la posibilidad de que tal vez hoy deje que sucedan cosas, que si no es mía será de otro y entonces pienso en la frase que dijo casi al principio, esa en que decía que aún nos queríamos y siento como si me faltara el aire. No muerdo el anzuelo. No pregunto por él ni dejo que ella me cuente nada más. Conozco el juego desde hace demasiado tiempo, cuando ese juego era inconsciente, cuando aprendí que lo nuestro se acababa en cuanto ella hablaba de alguien sin motivo. Ese juego que me arrastraba a una tristeza suicida. Soy un hombre celoso, lo confieso, y eso con M... era mortal de necesidad.
Estoy a punto de decirle que a las cinco estaré en su casa. Su casa, mi palacio de la luna y ella mi Kitty Wu, ella salvándome y yo salvándola a ella, días de mono y días en el infierno, y días en el paraíso y días de una paz que se podía palpar como cuando pones la mano debajo del chorro de un manantial inagotable.
"No insistiré más. No estoy acostumbrada a insitir a ningún hombre" me dice con falsa resignación "sabes que eres especial para mí". Soy tu juguete favorito, tu oso Teddy al que le arrancas un brazo y luego se lo coses. Soy lo que te ancla a la posibilidad de tener algo de aquel cariño espontáneo que tuvimos al principio y que luego tratamos de reproducir como si fuesen copias numeradas en otros tantos intentos. ¿Sabes? Hubiese dado la vida por tí. Y ahora siento que sólo daría una fotocopia de ella. Cuelga.
Cuelga y un segundo después la llamaría y le diría que vale, que a las cinco en su casa. Pero no lo hago. Me siento en la mesa del ordenador y viajo blogs y casi dejo de pensar en ella. Y casi tengo la esperanza de que esta vez sí, esta vez podría ser la definitiva. Que la esperanza consiste en saber de que a pesar de que sólo existe una posibilidad entre un millón de que pueda confiar en ella, es ésta. Y a veces me pregunto dónde estará la frontera entre esa esperanza y la estupidez.

sábado, 6 de junio de 2009

vídeo: Hoobastank - The reason

M... (sin preguntas)


Me enseña un bolígrafo plateado con la punta roja. "Es Inoxcrom" y luego añade mientras lo abre"es recargable". Dibuja círculos concéntridos en una libreta mediana y sin rallas ni cuadrículas, que acaba de comprar una hora antes, tratando de explicarme algo sobre el centro de su ser y sobre capas que lo protegen como si en realidad fuese verdad eso de que una persona es como una cebolla. No sé si sabe que el centro de su ser se asoma a sus ojos como si ese centro con el que ella se identifica fuera el pasajero de un barco y lo hiciera a través de dos ojos de buey. Y entonces recuerdo que siempre me enamoro del ser que emerge desde lo más profundo y sí, tal vez, exista ese núcleo que ella me dibuja y que todo lo demás me es indiferente. Luego hace esquemas de lo que quiere que sea su vida y también me pregunta qué es lo que voy a hacer de la mía, pero yo me encojo de hombros "no sé" le digo y ella me hace preguntas y escribe respuestas y hace flechas y yo le sonrío porque me divierte verla así, tratando de ordenar mi caos en su libreta sin rallas y ni cuadrículas, con esquemas donde las personas somos como cebollas donde las ideas están escritas y se lanzan flechas las unas a las otras. Le diría que la quiero pero entonces esas palabras condenarían este instante y me lo callo.
Escribe deprisa y de esa forma sé que se alegra mucho de verme. Por eso y porque sonríe y me llama toni no desde la última capa sino desde un camarote en el interior del barco en que viaja.
"Tenía ganas de verte; desde hace mucho tiempo. ¿Por qué has tardado tanto en quedar conmigo?" me pregunta cuando cierra la libreta y ya nos hemos explicado un poco qué hace cada uno con su vida. Esa es una pregunta a la que no puedo responder porque no existe la respuesta. No sé por qué la evitaba, quizá porque nunca he podido esconderle nada, que con una sola mirada ella sabe cómo estoy, que no podría haberle dicho "estoy bien, de veras" sin sentirme por ello un impostor. Me vuelvo a encoger de hombros por segunda vez. Encoger los hombros es lo más cerca que estoy siempre de ser sincero y ella lo sabe.
A veces me pregunto qué hacíamos juntos dos personas tan diferentes. Ella vocalista y a veces bajo de un grupo que nunca llegó a tener el respaldo de los medios. Yo, un no tan joven errático, con un trabajo fijo de ocho a tres que había decidido que iba a escribir algo en serio. Ahora parece imposible que fuéramos aquellos aunque tampoco haya pasado demasiado tiempo desde entonces. Quizá el error fue cómo nos conocimos, noches de camas redondas y borracheras suicidas, noches repletas de alucinaciones y de voces, de rostros que no importaban, que podías verlos cuatro o cinco veces en un día y no te acordabas ninguna de ellas y que ya están olvidados del todo. Supongo que me llevó Paco, entonces éramos muy amigos, él escribía algunas de las letras junto a varios grupos, en uno de ellos ella cantaba. A mí todo esto me había llegado tarde. Me había pasado demasiados años estudiando, en una vida ordenada y previsible pero no sé por qué un día cambió todo eso, algo dentro de mi mente se desordenó, fue como agitar una de esas bolas en las que hay un paisaje con nieve en su interior que desde entonces y hasta hoy no se ha posado otra vez.
Una mañana me levanté en un piso situado en el número ... de Vía Laietana y bajé a desayunar a la cafetería que hace esquina. Ahora es un Café di Roma o un Jamaica pero entonces se llamaba de otra forma y tenían unas pastas recién hechas en su propio horno para chuparse los dedos. Pasé por delante de la puerta de la cocina y ella estaba apoyada en la encimera, hablaba o discutía con R. Se me quedaron mirando preguntándose quién demonios debía ser yo. Recuerdo que me sentí en la obligación de decir algo "Bueno, yo me marcho" y viendo que habían hecho café y tenían madalenas dije "ya desayunaré en la cafetería de aquí abajo" para que no tuvieran que hacer uso de la cortesía de invitarme a desayunar. Entonces ella dijo "Voy contigo", más por dejar con la palabra en la boca a R. que por que le fuera atractiva la idea de desayunar conmigo. Bajamos en silencio las escaleras. Era domingo, domingo por la mañana. Yo tenía ganas de decirle que algunas de las letras de sus canciones eran, en realidad, mías. Pero no dije nada.
En la cafetería de la esquina habían hecho unas caracolas con pasas que eran increíbles. Aquello y el azúcar extra que le metí a mi cerebro hicieron que me pusiera de muy buen humor y me dio por hablar. "No me preguntaste nada" me dijo una vez cuando recordamos aquella mañana "en aquel momento necesitaba que me dejaran en paz, si me huberas preguntado cualquier tontería, qué se yo, si quería más azúcar, es probable que hubiese mandado a la mierda. Pero no me preguntaste nada. Todo el mundo quería saber cosas de mí y estaba harta". Pasamos el día juntos y hablamos de todo. Por la noche cuando nos despedíamos, ella me dio un beso. Yo no pensaba besarla y me sorprendió. Aquella noche dormimos en casa de Paco, que tenía una habitación vacía. Dormimos abrazados. Éramos dos niños perdidos. No hicimos nada más. Permanecimos abrazados mientras dormíamos y mientras estábamos despiertos. Y si nos separábamos porque la postura nos cansaba, al rato teníamos la necesidad de volver a abrazarnos. Cuando nos despedimos no sabía qué iba a pasar. Dos días después apareció en mi trabajo, le había preguntado a Paco que dónde trabajaba.

Cierra la libreta y le digo que me tengo que ir. "¿Ahora te vas a ir hasta Ig...? Quédate conmigo esta noche. Le digo que es mejor que no, no porque no quiera sino porque sería empezar de nuevo y empezar algo con ella es como jugar con un cuchillo afilado con el que tarde o temprano acabaré cortándome. Ella lo sabe, sabe que me querrá con locura durante unas semanas y que luego se desenamorará y buscará una excusa para acabarlo, como siempre hizo, como hacen todos aquellos que saben que pueden tener a quienes ellos quieran. Nos damos un beso en los labios, suave, sin aristas.

Camino de casa empieza a llover con fuerza. Cae granizo y la carretera se vuelve una pista de hielo. No veo nada, tengo miedo porque sé que tengo un camión pegado justo detrás. Salgo de la carretera como puedo y me refugio en una gasolinera junto con otros coches. Me tiemblan las piernas. Y mientras tomo un café esperando a que amaine me arrepiento de no haberme quedado con ella y elegir dormir solo esta noche, me arrepiento de perder la oportunidad de revolcarnos en la cama como dos fieras salvajes, de encontrar en sus ojos el centro de mi propio ser.

viernes, 5 de junio de 2009

Soltar


Amaneció lloviendo. Se cayó el cielo en pedacitos del tamaño de gotas de agua y, mientras rugían las nubes, recordé que esta noche volví a soñar con ella, un sueño distinto, un sueño en el que ya no podía quererla, un sueño en el que yo me veía desgastado de tanto desear lo imposible, que por lo menos, pudiéramos ser amigos.
Luego pensé que ella había puesto una distancia entre nosotros y yo le había pagado con la deslealtad de proclamar a los cuatro vientos lo mucho que me dolían sus silencios. Comprendí que, en realidad, lo que me molestaba es que hiciera lo que le diese la gana, como si a ella no le doliese en absoluto perderme.
Supongo que para seguir hacia el futuro uno tiene que desprenderse del pasado, y eso es lo que pretende hacer. Sé que no podré dejar de pensar en ella y sé que no podré evitar que me duela, porque sentir es lo que tiene, a veces alegría, a veces dolor, otras miedo.
No sé si ha sido la lluvia o ha sido la conclusión que salió (yo no la saqué, lo juro) del sueño. Lo cierto es que me he quitado un peso de encima.

No podemos hacer que los demás sean como a nosotros nos conviene que sean, ni que las cosas sucedan al ritmo y con el final que deseamos. No podemos cambiar a nadie ni pretender que el otro tome decisiones que nunca tomó por nadie antes de cruzarse con nosotros.



Cuando alguien nos cuenta su vida, hay que estar muy atento a lo que dice porque probablemente repetirá con nosotros los mismos patrones que utilizó en sus anteriores relaciones. La gente no cambia con trentaytantos ni cuaerenta y pocos. En verdad, nadie cambia, a no ser que ocurra algo revelador, algo que ya estaba buscando incluso antes de nacer. Y a veces nos enfadamos porque no somos ese algo extraordinario.

Y no esto no es rendirse, esto es decir basta.

Decir adiós

Puedo apretar los dientes, quedarme impasible, puedo sonreírte incluso, pero no puedo evitar que me duela.

jueves, 4 de junio de 2009

Vídeo: La quinta estación - La frase tonta de la semana

Cuando ella se fue, a los dos nos soprendió que de fondo sonara esta canción en la radio porque yo no la había escuchado antes.

Profético. Al poco empecé a escribir este blog... la frase tonta de la semana.


La 5ª Estación, La Frase Tonta De La Semana
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Hoy me ha cogido el teléfono Alex. Le ha cambiado la voz.

No quería llamarla pero tenía una llamada perdida de un número que bien podía ser ella, un fijo. Yo llamaba y llamaba pero el teléfono comunicaba todo el tiempo. Así que la llamé al móvil, algo que me había prometido no volver a hacer. Me descolgó Alex. Le ha cambiado la voz, tiene voz de niño grande, a pesar de que a sus cinco años todavía no vocaliza demasiado bien. Le envié un mensaje por su cumpleaños, le llamé desde Alemania para felicitarlo. Pero su madre no me cogió el teléfono. Así que cuando descolgó y me respondió él me dio un vuelco el corazón. Reconozco que no estaba preparado para ello y se me apelotonaron las preguntas en la boca. Le pregunté por el cole, por sus amigos... su mejor amiga se llama Naiara y sus amigos muchos nombres uno detrás de otro, seguidos, sin respirar. Pensé: ¿a que esa Naiara ya es su novieta?, le pregunté si iba a la playa..., ¿quién eres? me preguntó. "Soy toni de Barcelona". No hubo ninguna emoción, no fue como las otras veces en las que me explicaba las cosas sin que yo preguntara. La mama se está duchando, me dijo. Luego me dijo ¿Cuelgo ya? y yo seguí preguntándole y él me respondía sin tener la certeza de quién era yo. Volvió a repetir ¿cuelgo ya? Sí, mi vida, cuelga ya. Un besito. Adeu... y recordé cuando venía corriendo desde lejos con su vocecita de dos años "toniiiiiiiiii" para que yo lo cogiera y lo tirara por el aire y cómo lo cogía hacia arriba y cómo jugábamos en el pasillo con la pelota, en la terraza, en el parque, las películas que veíamos en el sofá: Cars, Ratónpolis, Madagascar.... (Alex, el león). No he podido hacer nada en toda la tarde. Se me ha caído el corazón al suelo como una piedra.
Y no sé por qué me he acordado de Norbert y de cómo lo pasó cuando se separó de su novia con la que había vivido nueve años y tenía un hijo de diez, al que había criado como a un hijo y sobre el que no tenía ningún derecho a verlo.
Y entonces pensé que, en el fondo, tuve suerte, que Alex será en mi vida el recuerdo de aquel renacuajo llorón y maravilloso que me pedía que me fuera a vivir con él aunque fuese con mis gatos (a los que no guardaba ninguna simpatía) pero que me fuera a su casa, después de que su madre ya hubiese decidido que no volveríamos y del que aprendí mucho más de lo que el pudo aprender de mí. Que Alex estará en las fotos pero que no puedo aparecer así, desconcertándolo, que es mejor cortarme el cordón umbilical que me une a él.
Ella no me devolverá la llamada. Eso es algo que ya esperaba. La vida, a veces, es así, a veces vienen días que has de sortear de la mejor manera posible. He podido soportarlo y he podido salir con una decisión.

Podría parecer que le tengo rencor y probablemente algo de eso haya. Pero sé que tiene sus motivos y que probablemente le resulte doloroso hablar conmigo. Sé que las circunstancias mandan y sé que no lo hace con maldad sino que obedece a un bloqueo con respecto a mí. Sé que aún sentimos afecto el uno por el otro y eso, quizá, sea lo peor de todo, que había quedado, al menos, el cariño.

Si supiera cómo


Quizá el insomnio sólo sea una estrategia para vivir al menos unas horas sin ella, un tiempo en el que yo existo y ella no. Quizá con esas horas algo dentro de mí cree que el no dormir me regenerará mejor que coexistir con ella en el mundo de los que sueñan. Y creo que hubiese funcionado si no tuviera esta imaginación, si no tuviera dentro esta insana necesidad de verla aun cuando estoy despierto.

A veces, ni tan siquiera tengo que cerrar los ojos. Ella está ahí, dejándose las uñas en mi espalda, diciéndome al oído que tengo los ojos agrestes y del color del bosque, llamándome mi niño y segura de que soy suyo a pesar de la distancia y del tiempo que hace que no nos vemos. "Sigues siendo mío" me susurra mientras me muerde en un juego que ya conozco. "No te dejaré escapar hasta que yo quiera y cuando eso ocurra, yo ya esteré muy lejos, ya no me importarás".

Quizá el insomnio sea, en realidad, la mejor de las opciones, mucho mejor que soñarla, quizá hasta mejor que la muerte. Intuir eso me calma, me da un extraño motivo para seguir teniendo esperanza y al mismo tiempo poder empezar a olvidarla. Porque el olvido aparece como una grieta que poco a poco se va ensanchando hasta que hace imposible sostener cualquier recuerdo, hasta que un día eres capaz de ver su cara y escuchar su voz decir "eres mío" y sabes que ya no es del todo cierto; que en realidad, no eres de nadie, que caminas como si no hubieras dormido en toda la noche, con los párpados hichados y la mirada turbia, demasiado cansado como para que tu alma esté habitando el cuerpo.

Hay un primer día en el que ya no sabría qué decirle cuando la tuviera delante, un primer día que sabría iba a ser muy largo y que sólo terminaría cuando pudiera volver a dormir toda la noche sin el miedo de que apareciese de nuevo, en el que soñar sería, otra vez, un ejercicio de exploración de lo desconocido.

A veces creo que esa noche llega pero me equivoco. Mi luna sigue atada al balcón de su casa, sujeta por un hilo araña, por el recuerdo salado de uno sólo de sus besos.

Vídeo: Quique González - De haberlo sabido

Las heridas se curan con el tiempo.

miércoles, 3 de junio de 2009

Vídeo: Final American Beauty

Sé que me repito. Me encanta la voz en off (me tragué la serie Cosmos pensando que Carl Sagan tenía esa voz), en youtube está la versión original en inglés. A mí me gusta en esta voz. Me gustan las voces nasales...

A veces tanta belleza me abruma y a veces no la encuentro por ningún lado. Creo que al final, cuando llegue el día recordaré todo aquello que realmente me importa, los afectos, la gente, las pequeñas cosas... Cuando veo este vídeo me transporto a todo aquello que realmente me importa y, sinceramente, las puedo tocar con las manos. Cuando acabo de ver este final es como si yo no existiese y sólo existieran una sucesión de vivencias placenteras, como si llegado a un punto, el alma repasara mentalmente lo que salva de la experiencia de estar vivo y se sintiera satisfecha en su retorno a la gran calma por que ha aprovechado la oportunidad dada

No te imaginas lo mucho que mi alma recordará haberte conocido, aunque sea sólo este poquito.

martes, 2 de junio de 2009

El recuerdo infinito


Este mediodía tuve que comer fuera. Fui a ver a un cliente que me debe dinero en Arenys de Munt y me paré en el centro comercial de Mataró Park. Allí se aparca fácil y hay un piso de restaurantes baratos (y por consiguiente rápidos) en el que sabía que comería en un plis plas. Fui al FresCo porque es totalmente vegetariano, te puedes hacer las mezclas a tu gusto y deben de tener algún iluminado en la cocina que siempre prepara ensaladas exóticas. Yo soy clásico, y teniendo en cuenta que éste es un país de tomates me hice una ensalada con espinacas frescas que no estaba nada mal. Pedí una cerveza sin alcohol y la encargada me miró a los ojos con interés. Habló algo más de la cuenta y yo le respondí con monosílabos. Tenía la figua estilizada y la piel tersa y bronceada que sólo tienen las mujeres que viven solas y cerca de la playa y unos ojos verde intenso que miraban buscando algo indefinido en el aire, un aliento que acallase un grito interior y silencioso. Cuando me senté en una mesa de dos, al lado de una señora en silla de ruedas con su marido y una chica joven que, probablemente la cuidaba y que al hablar deduje por su acento que era polaca, iba notando que la encargada me miraba. Como cuando noto que alguien me mira enseguida tengo el instinto de mirar hacia el foco al que provoco interés, la pillé un par de veces. Ciertamente me molestaba, así que empecé a mirar hacia otra parte, más allá de la cristalera. Un niño de no más de dos años iba de la mano de su madre, entraron en el FresCo pero por lo visto la madre le habría prometido ir a una de esos cochecitos que con un euro te montas, suena una música y se balancea suavemente. Le entró el berrinche y la madre salió con él inmediatamente hasta que los perdí de vista. La pareja de la mujer de silla de ruedas y su marido salieron del restaurante junto con la chica y estuvieron un rato delante de los cristales. La chica hablaba amablemente a los dos ancianos, tenía una dulzura especial hacia ellos. No hace mucho leí que de forma inconsciente conferimos cualidades personales como la bondad, la honestidad, etc. a personas atractivas físicamente y que hacemos lo contrario con personas poco agraciadas. Reflexioné acerca de ello mientras miraba hablar a la chica con la señora de la silla de ruedas. Tenía una bonita sonrisa pero no sé si me lo parecía porque realmente era bonita o por toda aquella expresión de cariño hacia la pareja la hacía atractiva a mis ojos. En cualquier caso, mis reflexiones se disiparon en cuanto volvieron a entrar por la puerta la madre con el niño, ya más calmado, la abuela y el padre. El niño y la abuela se sentaron en una mesa de a cuatro mientras los padres se servían los platos y se los llevaban. El niño ya habría comido porque no le pusieron ningún plato. Como lo de ver comer a sus padres no debía de ser muy entretenido, el chiquillo empezó a curiosear, querer bajarse de la silla, jugar con los platos de los padres, mientras ellos se turnaban para decirle cosas, aunque entre aquellas palabras no estaban las de que se estuviera quieto, lo cual me alegró. Al otro lado del exiguo pasillo que separaban sus mesas, una chica no le quitaba el ojo de encima al tiempo que trataba de garabatear algo en un fajo de papeles ya escritos, los leía, debían de ser apuntes, el balance de alguna empresa, la quinta esencia de la alquimia, una larga carta de amor mecanografiada en un teclado igual a éste tal vez. El caso es que lo que estaba escrito en aquellos folios perdieron el interés obligado y su atención quedó clavada, como un anzuelo a la boca de un pez, en el pequeño. En un momento, el niño se bajó de la silla y envalentonándose cruzó el pasillo y se quedó inmóvil delante de ella, mirándola con esa desfachatez con la que miran los que no entienden todavía, afortunadamente, las normas de urbanidad. La chica le dijo algo agachándose sentada en la silla hasta casi igualar la altura de los ojos. Entonces los ví muchos años después, me imaginé que ella era su madre y él un adolescente y la ví a ella yendo por la calle orgullosa de su pequeño hombretón, tal vez, ya más alto que ella. No sé por qué pensé en ello y me sorprendió al tiempo que me dí cuenta que era un pensamiento recurrente imaginar este tipo de situaciones cuando veo a un niño pequeño junto a su madre. Luego pensé que cuando veía la escena al revés, es decir, una madre acompañada de su hijo adolescente intentaba recrear cómo le hablaría de niño, cómo sería aquel niño... Inmediatamente me trasladé a una tarde de sábado de hace tres años, cuando iba con Esther y Alex por el eix Macià de Sabadell y ella miró con cierta envidia a una mamá joven junto a su hijo adolescente, desgarbado y mal peinado, queriéndose hacer más mayor de lo que relamente era, y luego me dijo que se imaginaba cuando Alex fuera así y lo orgullosa que se sentiría yendo junto a él, los dos solos. Aquel momento quedó grabado en alguna parte de mí, una parte de mí que profetiza en otras madres y otros hijos aquella frase que implicaba un futuro en el que yo no estaría presente y que me dejó, ante la visión tan cotidiana de madres con sus hijos, atado a un recuerdo infinito que evoco para, en realidad, guardar el instante de aquella tarde de sábado en la que Alex correteaba y Esther aún compartía sus inquietudes conmigo.
El niño se dió media vuelta y como una exhalación volvió al regazo de su madre que se disculpaba aunque con orgullo, de la simpatía del crío. La chica volvió a sus folios y yo me levanté a por un helado de chocolate que, para qué voy a negarlo, es por lo que voy a ese restaurante self-service de ensaladas, un helado de chocolate que no me trae ningún recuerdo ahora que lo pienso, un helado de chocolate que sólo sabe a martes por la tarde.

vídeo: My bloodie Valentines - Sometimes

Vídeo: Bruce Springsteen: Brilliant disguise


Bruce Springsteen - Brilliant Disguise
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Se lo ha ganado. Mira que leerse todo esto desde el principio. Pero a quien se le ocurre...

lunes, 1 de junio de 2009

Lunes por la mañana


Ahora que esta mañana de facturas y teléfono, de ¿qué hay de lo mío? ¿de lo tuyo... por cierto, y tú quién eres? va tocando a su fin y uno se da cuenta de que uno cree cada vez menos en el ser humano, no como especie sino como individuo egoísta, mañana en la que, tal vez, haya quemado ya todas las energías que ahorré durante el fin de semana. Ahora que todo es como el viernes por la tarde y el sol ha decidido brillar como si no ocurriera nada, ahora, he querido sentarme en un ricón a escucharme y he oído muy flojito, como en un susurro, la voz de alguien que al otro lado del pasillo decía "esto no es para mí". Y luego, en el banco, Jordi, que estaba acatarrado, me ha dado un caramelo y le he sonreído porque en el fondo me he sentido como el niño que va de la mano de su madre a todas partes recibiendo pequeños regalos de las tiendas, y entonces he pensado que quizá hay un vínculo sutil entre todos los que un día fuimos esos niños que acompañaban a sus madres y que, en el fondo, todo esto de los negocios es algo que ya estaba cuando nosotros llegamos y tuvimos que adaptarnos, no como nos adaptamos a los toboganes sino a los pupitres. Y sé que es una tontería pero eso me ha concedido una tregua, por eso y porque el caramelo era de eucalíptus como los que me daba mi abuelo y no sé qué extraño prodigio ha obrado en mí en ese instante pero de repente, al salir del banco me han entrado un amor inexplicable, sin objeto, sin destinatario, algo así como si, de repente, hubiera empezado a funcionar una central nuclear dentro de mí.
Entonces he visto a mis sobrinos que venían del colegio y me han saludado con la mano desde la otra acera y sin pensármelo dos veces he entrado otra vez en el banco y le he pedido dos caramelos para mis sobrinos que estaban en la calle y me he acordado que cuando me daban un caramelo yo siempre pedía otro para mi hermana. Y Jordi me ha sonreído de nuevo y he salido de nuevo a la calle y Meritxell me ha dicho que hoy comeremos arroz "pero sin guisantes, que le dije a la yaya que no los pusiera" y Gerard me ha dicho que "el betis ha bajado a segunda" y yo le he dicho que qué le parecía y se ha encogido de hombros.

Ahora me voy a comer arroz de pescado sin guisantes a casa de mis padres, con mis sobrinos, un arroz que ha preparado quien que me llevaba de la mano cuando era mucho más pequeño de lo que son ahora Meritxell y Gerard. Y no he podido evitar pensar en Alex y cuando yo lo llevaba de la mano, alguna vez, en cómo lo echo de menos y en cómo el destino es, en realidad, un vaivén como el de las olas.